<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736</id><updated>2012-02-12T10:59:57.068-08:00</updated><title type='text'>AMB-ARZOBISPO</title><subtitle type='html'>Homilias de Mons. Santiago García Aracil, Arzobispo de Mérida-Badajoz</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>148</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-9046384176303122094</id><published>2012-02-12T10:59:00.001-08:00</published><updated>2012-02-12T10:59:57.079-08:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN EL ENCUENTRO DE COFRADÍAS Y HERMANDADES</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;Domingo, 12 de Febrero de 2012&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos Sacerdotes concelebrantes, &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos miembros de las Cofradías y Hermandades de nuestra archidiócesis,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hermanas y hermanos todos que nos acompañáis participando en esta solemne celebración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.- No cabe duda de que vivimos tiempos difíciles. Junto a la dura crisis económica, atravesamos una crisis de valores en que las virtudes evangélicas parecen escasear. No desciendo ni siquiera a enumerar las distintas manifestaciones de esta crisis profunda. De ello se encargan diariamente, e incluso varias veces en la misma jornada, los medios de comunicación social. Pero queda claro que atravesamos una verdadera crisis de la persona. Esta crisis espiritual, cultural y religiosa, es anterior a las manifestaciones económicas; es causa de ella en buena parte; y permanecerá, seguramente, cuando ésta comience a superarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto nos hace pensar y temer que la crisis económicas no acabará de superarse plenamente mientras no haya un verdadero espíritu de conversión y mientras no se dé a las virtudes cristianas y a los valores humanos la importancia que tienes en todos los ámbitos de la existencia humana. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras estén presentes, de un modo bastante extendido en nuestra sociedad, la mentira, la extorsión, la violencia de guante blanco, al servicio preferencial a los propios intereses, y la cesión a las propias satisfacciones principalmente materiales, etc., será muy difícil que abunde la transparencia, la justicia, el espíritu de servicio, el respeto a la vida, al bien común y la necesaria atención a los más desposeídos. Mientras perduren los pecados que acabo de referir, y mientras haya gentes que defiendan un concepto de libertad basado en ese pernicioso sujetivismo que consiste en considerar bueno o malo aquello que me gusta o que me molesta, sin más referencia, serán imposibles la justicia, la transparencia, la equidad, y la justicia social. Y, en consecuencia, aquello que depende de una recta conducta humana estará en crisis en la sociedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.- ¿A qué viene todo esto? Pues muy sencillo. Estoy convencido de que os parece lógico que debemos desterrar las intenciones y las conductas que degradan los comportamientos familiares, institucionales y sociales, y que motivan, a su vez, las injusticias y los desórdenes que presenciamos y sufrimos. Tan cierto es lo que digo, que tanto los medios de comunicación social, como las conversaciones particulares, tienen un denominador común que es la crítica, a veces despiadada, a los autores de esos desmanes. Parce que se les quisiera sacar de esta sociedad, y que los poderes judiciales fueran duros en una dura aplicación de los castigos que merecen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es necesario que los cristianos saquemos aplicaciones a nuestra vida. Es necesario que busquemos, por todos los medios, salir del juego de intereses e injusticias que causan el deterioro de la imagen de la Iglesia, y el consiguiente alejamiento de quienes constatan en los cristianos esas conductas incorrectas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La crítica de los comportamientos incorrectos cobra un relieve especial cuando esos comportamientos se constatan en miembros destacados de la Iglesia. En eso son implacables incluso los mismos cristianos. Mi pregunta, ahora, en orden a aplicar a nuestra vida la palabra que Dios nos dirige hoy, es ésta: ¿Nos hemos dado cuenta de que las Cofradías son instituciones eclesiales, y que los cofrades aparecen ante la sociedad como quienes están más comprometidos en el cumplimiento de las virtudes humanas y cristianas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3.- Pues a todos nosotros, cristianos, y, de un modo especial a vosotros los cofrades, va dirigida esta palabra de Dios. Nos la transmite S. Pablo en la segunda lectura que acabamos de escuchar. Dice: “Cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios. No seáis motivo de escándalo ni a los judíos, ni a los griegos, ni a la Iglesia de Dios” (1 Cor. 10. 31).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ha llegado un momento en la vida social, y también en la vida eclesial, en que todo se sabe, Y si el pecado siempre es malo, comienza a ser peor cuando causa escándalo. Y sabéis muy bien que abundan las críticas a la Iglesia, porque se conocen los malos ejemplos de muchos cristianos. Unas críticas están motivadas por los defectos de los cristianos, y otras, nacen a las actitudes adversas contra la Iglesia de Jesucristo por parte de quienes, por una razón o por otra, quisieran que desapareciera. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4.- Es necesario que tomemos una actitud exigente con nosotros mismos y con nuestras instituciones eclesiales; y que procuremos purificarlas de los males que les aquejan. Males que se deben a nuestra falta de respeto a Dios y a la Iglesia de Dios. Esto, dicho así, puede que resulte algo duro a los oídos de muchos. Sin embargo es totalmente verdad. Eso es, en definitiva, el pecado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde estas consideraciones, el Evangelio de hoy nos invita a reconocer nuestras pequeñas o grandes lepras que entorpecen la imagen, que deterioran el organismo y que pueden contagiar nuestro alrededor. Esas son las consecuencias del escándalo. Y podemos escandalizar cuando nuestra conducta no es acorde con nuestra condición de hijos de Dios y, además, cofrades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabéis que lo que digo es verdad. Otra cosa es que resulte duro escucharlo. Pero no olvidemos que, con estas reflexiones y exigencias, no hacemos una cosa distinta de la que estamos exigiendo a quienes pìllamos en falta en cualquier campo de la vida social; sobre todo, si nos toca directamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5.- Demos gracias a Dios porque no solo nos enseña el horizonte de verdad y de bien al que debemos orientar nuestras intenciones y nuestros actos, sino que, al mismo tiempo, sale al paso de nuestras debilidades ayudándonos a avanzar con sinceridad, con honestidad, con esperanza, y con la constancia, sin la cual no podemos llegar al final del camino. Esta ayuda nos llega, sobre todo en la Eucaristía. En este sacramento, Jesucristo en persona se nos da como alimento para el camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pidamos a la Santísima Virgen María, a quien todas la Cofradías y Hermandades tenéis presente en vuestros pasos y devociones, que nos ayude a ser fieles al Señor como ella; y a ser, también como ella, ejemplo edificante para los demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-9046384176303122094?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/9046384176303122094/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=9046384176303122094&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/9046384176303122094'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/9046384176303122094'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2012/02/homilia-en-el-encuentro-de-cofradias-y.html' title='HOMILÍA EN EL ENCUENTRO DE COFRADÍAS Y HERMANDADES'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-7151827607398388112</id><published>2012-02-11T12:15:00.000-08:00</published><updated>2012-02-11T12:17:05.450-08:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN LA ASAMBLEA DE CÁRITAS DIOCESANA</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Sábado, 11 de Febrero de 2012&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Mis queridos hermanos sacerdotes concelebrantes,&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Mis queridos hermanos, voluntarios en el servicio eclesial de Cáritas, y personal técnico que trabajáis en este servicio diocesano tan querido:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una cosa debemos tener siempre muy clara: Cáritas solo puede existir como una obra esencialmente eclesial; y, por tanto, inspirada y sostenida por aquello que inspira y sostiene a la Iglesia de Jesucristo. Y eso es el amor infinito que Dios nos tiene. En consecuencia, toda obra de Cáritas debe ser consecuencia de haber descubierto la fuerza y gratuidad del amor infinito de Dios a todos los hombres y de estar dispuestos a imitarlo. La atenta y asidua consideración del amor infinito de Dios ha de llevarnos al pleno convencimiento de que nosotros debemos comportarnos con el prójimo como el Señor se ha comportado con nosotros. Así nos lo enseña Jesucristo en un momento crucial: había lavado los pies a sus discípulos; les había dado a comer y beber su propio cuerpo y sangre, como signo sacramental del sacrificio redentor que iba a consumar en la cruz. Y, dirigiéndose a quienes habían compartido la cena con Él, dijo: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros” (Jn. 13, 34-35). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La acción de Cáritas ha de transparentar el amor que Dios tiene a todos; y ha de ser testimonio de que nosotros somos movidos fundamentalmente por ese amor y no por ningún otro interés o tendencia humana, por digna que sea. La compasión, por la que podemos sentir movidas las propias entrañas ante la desgracia o la penuria ajena, puede acompañar a la acción caritativa. Es muy legítimo y hasta lógico. Pero nuestra acción solo será acción caritativa si es motivada, antes que nada, por las obediencia al mandato de Jesucristo: “como yo os he amado, amaos también unos a otros” (Jn. 13, 35). Entonces, nuestra acción caritativa será también gratuita, como es gratuita la acción de Dios con nosotros. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dios nos ama a pesar y por encima de nuestros pecados, que son una clara oposición a la divina bondad y al amor con que somos amados por Él. Qué bien lo enseña san Pablo cuando nos dice: “Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rom. 5, 8). Si nuestra acción caritativa no está inspirada y motivada por ese amor gratuito hacia los hermanos, estaremos haciendo una obra buena, pero no será una acción propia de la caridad cristiana a la que nos referimos cada vez que hablamos de Cáritas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Santo Evangelio nos muestra hoy una acción de Jesucristo que parece estar movida mor el sentimiento de lástima ante quienes le seguían ansiosos de escuchar su palabra y de contemplar sus obras. La expresión de Jesucristo así nos lo da a entender: “Me da lástima de esta gente; llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer…”(MC. 8,1). Sin embargo, no podemos olvidar que, con los panes y los peces de que disponían sus discípulos, no había comida ni para comenzar. Dice el Evangelio que eran unos cuatro mil. Jesucristo realiza entonces un milagro, como lo había realizado en otros casos después comenzar perdonando los pecados a quien le suplicaba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El milagro, como obra de Dios, puesto que sólo Él puede realizarlo, nos muestra esa acción como acción divina. Y Dios no puede obrar más que por amor, y por un amor infinito. La lástima, como digno sentimiento propio también de Jesucristo puesto que era realmente hombre, constituía, en este caso, ese elemento sensible del alma humana que puede acompañar muy dignamente a la obra divina; como puede acompañar a nuestras obras caritativas una vez que están movidas por el amor de Dios al prójimo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La conclusión de cuanto venimos diciendo nos lleva a considerar la atención y el cuidado que debemos poner en todas nuestras acciones caritativas y en los mismos planteamientos de Cáritas parroquial, interparroquial y diocesana. De lo contrario, podemos caer en una acción realizada al amparo de la Iglesia, pero que no acaba de ser genuinamente eclesial, y que no podrá transparentar la acción del Espíritu Santo. Él es quien infunde en nosotros el don del amor divino y, por tanto, la capacidad de amar a los hermanos como el Señor nos ha amado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es tarea sencilla la que nos corresponde como representantes de la acción de la Iglesia en la atención a los más débiles y desposeídos. Pero la dignidad y la importancia de esta acción, que es la atención caritativa a los hermanos, bien merece todo nuestro esfuerzo y la oración para pedir constantemente al Señor que nos ayude a vivir el amor que Él nos manda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pidamos a la Santísima Virgen María, cuya memoria celebramos hoy bajo esa advocación tan unida a la ayuda de los enfermos y necesitados, y que se nos muestra en el Evangelio como claro modelo de atención solícita ante las necesidades ajenas, y como maestra de solidaridad verdaderamente caritativa ante las debilidades del prójimo, que nos enseñe y nos ayude a vivir en la Iglesia y en el mundo el amor cristiano hacia todos los hermanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-7151827607398388112?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/7151827607398388112'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/7151827607398388112'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2012/02/homilia-en-la-asamblea-de-caritas.html' title='HOMILÍA EN LA ASAMBLEA DE CÁRITAS DIOCESANA'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-8284202964160855176</id><published>2012-02-05T15:51:00.000-08:00</published><updated>2012-02-07T15:52:55.785-08:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN EL ENCUENTRO DIOCESANO CON RELIGIOSOS Y RELIGIOSAS</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;(Domingo, día 5 de Febrero de 2012)&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos hermanos sacerdotes concelebrantes,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos hermanos todos, miembros de la Vida Consagrada, cuya fiesta celebramos hoy en fraternidad diocesana,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos fieles laicos que participáis con nosotros en esta Eucaristía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.- Nos hemos reunido hoy, convocados por el Señor mediante el precepto dominical, y con motivo de la Jornada mundial dedicada a la Vida Consagrada, para celebrar el triunfo definitivo de Jesucristo nuestro Señor y salvador. Su victoria es nuestra victoria, puesto que Él se ofreció como hostia agradable al Padre para alcanzar la salvación que la humanidad no podía alcanzar, a pesar de que era su mayor necesidad. Su victoria ha de manifestarse a través del testimonio de nuestra vida que debe ser una prueba de que el Señor a vencido al pecado. Nuestra alegría sebe ser grande, y ha de brotar de la constatación de que Dios ha obrado y sigue obrando en nosotros. En verdad, el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres (cf. Sal 125, 3). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este día, como Día del Señor, y esta celebración, como actualización para nosotros del único sacrificio redentor de Jesucristo, son dos preciosas ocasiones para que demos gracias a Dios. Él busca, por todos los medios y con pleno respeto a la libertad que nos regaló al crearnos, el máximo bien para nosotros. Y ese bien consiste en que participemos de su gracia aquí en la tierra, y de su gloria en el cielo. Podemos estar contentos por ello. Pero el Señor busca, también, que gocemos de esa otra dimensión del mayor bien que consiste en ser testigos de su amor, de su generosidad y de su servicio a los hermanos. En ello radica el sentido de la castidad, de la pobreza y de la obediencia que acompañan, como líneas transversales, la andadura de todo consagrado al Señor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.- Sin embargo, la participación de la gracia de Dios y del bien que él procura para nosotros en tanto consagrados, solo puede ser una realidad en cada uno si acudimos cada día, como la primera vez, a la llamada del Señor. Llamada que lleva consigo todo un estilo de vida y el ministerio que viene definido por el carisma propio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dios no nos regala su gracia para que actuemos bien de forma automática, sino para que, con esfuerzo y sacrificio, podamos permanecer fieles a su santa voluntad. El regalo de la gracia de Dios nos capacita y compromete a poner en práctica el mandamiento del amor en todas sus dimensiones y aplicaciones. No olvidemos que hemos sido elegidos y enviados para renovar según el Evangelio nuestros ámbitos más próximos; y para trabajar siempre en la construcción de la civilización del amor fundamentado en la Verdad. En ello debemos poner todo nuestro entusiasmo y todos nuestros recursos desde el carisma con que el Espíritu Santo ha enriquecido y caracterizado a cada Institución y, consiguientemente, a cada persona integrada en ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3.- El encuentro vocacional con el Señor y con su gracia, y también entre nosotros como miembros de las respectivas Congregaciones, Institutos o Asociaciones, tiene, además, otro elemento que enriquece todavía más nuestra condición de consagrados. Me refiero al inmenso valor de cada carisma fundacional y al estilo de vida que lleva consigo como concreción del servicio generoso a Dios, a la Iglesia y al mundo. Actualizar nuestra conciencia de la propia vocación y carisma, renovar nuestra fidelidad al Señor que nos ha llamado, y dar a conocer a los hermanos en la fe lo que Dios ofrece a la Iglesia y al mundo a través de la Vida Consagrada es el objetivo de esta Jornada mundial que hoy celebramos. El Señor ha querido que su luz llegue al mundo mediante el resplandor de su gracia que el Espíritu Santo ha derramado sobre quienes ha llamado a consagrar su vida plenamente a Dios para el servicio desinteresado a los hermanos. Este gesto cristiano cobra especial valor en estos tiempos en que parece que el hombre tiende a vivir cada vez más desde sí mismo y para sí mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El descubrimiento de la propia responsabilidad personal y la de la Institución a la que cada uno pertenecemos por vocación de Dios, así como la fuerza necesaria para cumplir nuestra misión, es gracia que nos concede el Espíritu Santo. Él es quien nos muestra el horizonte y el camino para alcanzarlo. Es absolutamente necesario, pues, que invoquemos la gracia del Espíritu para que despierte el corazón y ayude a una respuesta generosa por parte de los que han sido llamados. Convencidos de que todos los carismas suscitados por el Espíritu Santo en la Iglesia son necesarios para que brille en el mundo la luz de Cristo, debemos unirnos todos en la misma plegaria: Envía, Señor, obreros a tu mies. Envía para cada lugar y momento aquellos cuyo estilo sea más necesario. Haz, Señor, que nuestra esperanza no se trunque ante la escasez de vocaciones para la propia Institución. Creemos firmemente que tu infinita sabiduría dirige con acierto la nave de tu Iglesia. Éste es el motivo principal de esta Jornada eclesial dedicada a la Vida Consagrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4.- La Vida Consagrada, como vocación de Dios, es una gracia para quien la recibe, y también para la Iglesia en cuyo seno ha nacido, se desarrolla y sirve. Puesto que formamos parte de la misma Iglesia, debemos caer en la cuenta de que es deber personal de cada uno, y de cada una de las Instituciones o grupos en los que estamos insertos, interesarnos por los carismas ajenos y valorarlos como parte del divino mosaico que es la Iglesia. En consecuencia, constituye un deber ineludible de cada uno orar para que, quienes recibieron las diferentes vocaciones, permanezcan firmes en su desarrollo para su propia santificación, para el bien de la Iglesia y para la renovación del mundo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es mucho lo que necesita la Iglesia, y mucho lo que el mundo espera de la Iglesia y de cada uno de los cristianos. Por ello, o caminamos unidos afectiva y efectivamente, o seremos, sin querer, la pantalla que impide el paso, ante el mundo, de la luz para cuya difusión nos ha elegido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5.- En estos días, en que tanto abundan las disensiones y los enfrentamientos, los cristianos estamos especialmente llamados a dar testimonio de unidad y colaboración. Debemos orar por la unidad entre nosotros, tanto en lo esencial como en la necesaria atención a la disciplina de la Iglesia. Solo así daremos gloria a Dios, y seremos testigos de que tenemos un solo Señor, de que nos anima una sola fe, de que nos reúne un solo Bautismo, de que confiamos en un solo Dios y Padre (cf. Ef. 4, 5), y de que la Eucaristía es, para todos nosotros, sacramento de piedad, signo de unidad, y vínculo de caridad por el cual el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria venidera (cf. SC. 47). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6.- Para llevar a cabo la misión que hemos recibido del Señor, sentimos con frecuencia la debilidad de nuestras fuerzas personales y la escasez de hermanos entregados al desarrollo del mismo carisma. Y esto crea el problema adicional que supone la reducción de nuestra presencia en lugares cuyas necesidades conocemos. Sin embargo, no podemos olvidar que Jesucristo llevó a término la mayor acción salvadora, precisamente en los momentos de mayor debilidad: los discípulos le habían abandonado, y había sentido las mayor de las soledades. Por eso exclamó: “Padre, ¿por qué me has abandonado” (Mt. 27,46). En ese momento, Jesucristo nos dio la mayor lección que recogerá y nos transmitirá luego S. Pablo, como hemos escuchado en la segunda lectura: “Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, algunos. Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes” (1 Cor. 9, 22-23). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7.- El Santo Evangelio nos manifiesta hoy que el Señor, cuando era requerido por tantas necesidades que le presentaban, se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar (cf. Mc. 1, 35). Aprendamos la lección.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;8.- En la oración inicial de la Santa Misa hemos pedido que el Señor vele continuamente sobre su familia, que la proteja y la defienda, ya que sólo en Él hemos puesto nuestra esperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que la Santísima Virgen María nos ayude a permanecer junto al Señor en humilde y confiada oración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-8284202964160855176?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/8284202964160855176/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=8284202964160855176&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/8284202964160855176'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/8284202964160855176'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2012/02/homilia-en-el-encuentro-diocesano-con.html' title='HOMILÍA EN EL ENCUENTRO DIOCESANO CON RELIGIOSOS Y RELIGIOSAS'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-1447528525191478494</id><published>2012-02-04T20:00:00.000-08:00</published><updated>2012-02-07T15:46:37.846-08:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN LA JORNADA DE FORMACIÓN</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;DELEGACIÓN EPISCOPAL PARA EL APOSTOLADO SEGLAR&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Sábado, 4 de Febrero de 2012&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Queridos miembros de movimientos y asociaciones seglares apostólicas:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me complace compartir con vosotros esta Jornada ya tradicional orientada a la formación de los fieles laicos de nuestra Iglesia diocesana. Me habréis oído afirmar con frecuencia que uno de los problemas mayores de la Iglesia en nuestro tiempo y en nuestra sociedad es la falta de formación a todos los niveles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La vida familiar, cultural, política, y relacional ha cambiado notablemente en muy poco tiempo. Y sigue en proceso de transformación, llevando a la sociedad y, sobre todo a las nuevas generaciones, al desconocimiento del Evangelio, a la confusión de la doctrina cristiana con criterios ajenos a la enseñanza de Jesucristo transmitida por la Iglesia; y, lo que es peor, empuja hacia una extendida indiferencia que adormece la sensibilidad para valorar y buscar la verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque el mensaje cristiano es permanente, ha cambiado sobremanera el sujeto receptor de ese mensaje. En consecuencia, los transmisores, pastores y apóstoles, debemos plantearnos la urgente necesidad de profundizar en el conocimiento de la verdad a transmitir, para acertar en la transmisión a la que hemos sido enviados. Luego, deberemos atender a los nuevos métodos y a los nuevos lenguajes que solo tienen sentido cuando cultivamos los nuevos bríos que han de fortalecerse en la verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es necesario un replanteamiento de los supuestos de la formación cristiana (objetivo último y contenidos fundamentales) y de los procedimientos a emplear en ella. El Papa Juan Pablo II decía que la situación en que se encuentra el pueblo cristiano, especialmente en occidente, requiere una nueva evangelización. Ello exige de nosotros, pastores y apóstoles, dedicar un esfuerzo constante a nuestra formación doctrinal y a la configuración con Cristo para ser fieles transmisores de la Buena Nueva que el Señor nos ha permitido conocer, y que nos ha mandado transmitir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los tiempos presentes, hay muchos que buscan, de diversos modos y por diversos caminos, el rostro auténtico de Jesucristo, aunque sus manifestaciones den la apariencia de lo contrario. Sin embargo, por estas manifestaciones contrarias a la aceptación de la fe, algunas veces muy crudas y crecientes, se percibe una clara lección que nos llega a través del Evangelio de hoy. San Marcos nos dice que, aunque Jesucristo buscaba en esos momentos un legítimo descanso con sus discípulos, se encontró con una multitud que le dio lástima porque andaban como ovejas sin pastor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante nosotros discurren constantemente personas de todas las edades que dan lástima porque andan como ovejas sin pastor; y que, además, absorbidos por lo terreno e inmediato, no llegan a ser conscientes de su verdadera necesidad. Más todavía: si perciben, allá en el fondo, la necesidad de un apoyo superior a sus propias fuerzas, esperan encontrarlo dando cauce a la superstición, o atendiendo a las adivinaciones y los juegos de azar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En estas circunstancias resulta verdaderamente difícil hacer oír con atención la palabra de Dios. Por ello, puede flaquear nuestro ánimo, llevándonos a desistir del empeño apostólico, o a pensar que debe discurrir por caminos más acordes con los gustos y criterios de quienes han de escucharlo. Con ello, corremos el peligro de proclamar nuestra versión del Evangelio, en lugar de proclamar el Evangelio que nos transmite fielmente la Santa Madre Iglesia. En consecuencia, tenemos que acentuar la otra dimensión de nuestra necesaria formación permanente. Me refiero a la renovación y crecimiento de nuestra adhesión a la Iglesia y, en ella, al Señor. Unido a ello debemos pedir al Espíritu Santo que acreciente y mantenga en nosotros los bríos apostólicos en medio de todas las dificultades. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestro proceso de formación no puede limitarse al aprendizaje de la doctrina, sino que requiere, además, el contacto personal y directo con el Maestro. A la formación de la mente debe acompañar la formación del espíritu, buscando la configuración con el Señor. Este segundo requisito resulta más abstracto a simple vista porque no consiste en un quehacer conmensurable de inmediato. Este segundo requisito nos orienta hacia la meditación y la contemplación del Misterio de Jesucristo, a la oración asidua y confiada, y a la participación consciente y bien preparada de los Sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía. Un buen apóstol no puede reducir su fidelidad al mero cumplimiento de lo preceptuado. Por eso la sagrada Liturgia pone hoy en nuestros labios, estas palabras del Salmo interleccional: “Te busco de todo corazón, no consientas que me desvíe de tus mandamientos” (Sal. 118).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pidamos a la Santísima Virgen María, Madre de Dios, Madre de la Iglesia y Madre nuestra, que supo escuchar la palabra de Dios y ponerla en práctica, mereciendo la alabanza del Señor, que nos ayude a crecer en la formación integral cristiana, y a trabajar por la proclamación del santo Evangelio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-1447528525191478494?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/1447528525191478494'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/1447528525191478494'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2012/02/homilia-en-la-jornada-de-formacion.html' title='HOMILÍA EN LA JORNADA DE FORMACIÓN'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-5193256600308134508</id><published>2012-01-08T13:14:00.001-08:00</published><updated>2012-01-08T13:15:18.560-08:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN EL DÍA  SACERDOTAL DE NAVIDAD</title><content type='html'>&lt;div align="center" class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Sábado 7 de Enero de 2012&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;Mi querido D. Antonio, hermano en el episcopado y amigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos hermanos sacerdotes concelebrantes y asistentes,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos PP. Jesuitas que nos recibís en vuestra casa y nos acompañáis en esta celebración sacerdotal y navideña:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo bueno y agradable, del orden que sea, puede repetirse moderadamente sin miedo a pecar de inoportuno. Por eso, en este día navideño y eminentemente sacerdotal para nosotros, cuando está reunida la gran familia del Presbiterio diocesano, me satisface repetir la felicitación propia de estas fiestas. Pero yo quiero repetirla ahora en una forma nueva, lejos de las palabras convencionales, aunque por ello no menos sinceras. Por eso, haciendo mía la oración inicial de la Misa os digo: “Que la gracia os modele (y nos modele) a imagen de Cristo, en quien nuestra naturaleza mortal se une a la naturaleza divina”. La santa Madre Iglesia, a través de la sagrada Liturgia, orienta nuestros pasos, nuestros deseos y nuestra plegaria para que en todo caminemos en la verdad y crezcamos en el amor a Dios nuestro Señor que él nos ha manifestado en la Navidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La verdad es que todas estas reflexiones y todas estas palabras llegan a nuestros oídos como consabidas, con el peligro de que pasen desapercibidas en espera de oír algo nuevo, más interpelante y concreto. Sin embargo, al menos nosotros los sacerdotes, debemos entenderlas y apreciarlas en el sentido profundo y en el valor esencial que tienen para nuestra vida consagrada al Señor. Las grandes verdades tienen formulaciones muy sencillas que pueden llegan a parecernos ordinarias y comunes. Sin embargo, nuestro lema debe ser para estos casos profundizar, contemplar y saborear, más que acumular novedades. Así lo dice el aforismo latino: “Non multa, sed multum”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El “multum”, para nosotros se adquiere en el acercamiento meditativo, contemplativo y suplicante al Señor en la intimidad de la oración, en la lectura atenta y religiosa de la Palabra de Dios, y en la mirada respetuosa, penetrante y fraternal a quienes el Señor pone en nuestro camino; especialmente a los más desposeídos, marginados y solitarios. En los tiempos y circunstancias que estamos viviendo. El Señor sale a nuestro encuentro, en los hermanos sacerdotes, en los fieles y también en los infieles que la Iglesia nos ha encomendado. No obstante, sabemos que, metidos en el ritmo de nuestras ocupaciones ministeriales, podemos pasar de largo ante el Señor, o entretenernos escasamente para un simple saludo, o paran cumplir con las exigencias mínimas de la piedad, de la caridad, o del compañerismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se trata de que ahora nos pongamos en actitud penitencial. Es verdad que la voluntad de conversión debe estar presente siempre en nuestra vida. A ello nos convoca la sagrada Liturgia al iniciar la celebración de la Santa Misa. Pero hoy se trata principalmente de otra cosa. Se trata de celebrar con verdadera alegría el inmenso don de la gracia navideña por la que hemos podido renacer a una vida nueva, como dice también la oración inicial de la Misa. Se trata de agradecer al Señor que se haya puesto tan cerca de nosotros por su Encarnación, y de que haya asumido ante el Padre-Dios la responsabilidad de nuestros pecados. Se trata de que vivamos como nuestros “el gozo y la esperanza, la tristeza y la angustia de los hombres de nuestro tiempo”, (GS. 1); de que, entre ellos, no olvidemos a nuestros hermanos sacerdotes. Si los laicos han de cuidar en primer lugar a su familia, los sacerdotes debemos cuidar a quienes son sacramentalmente nuestros hermanos y forman la familia presbiteral de la Archidiócesis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es en este espíritu y en esta fraternidad sacramental, donde el Señor nos va ayudando a mantener el necesario clima de apoyo mutuo para el camino de nuestra santificación y para mantener los nuevos bríos sacerdotales necesarios para el ejercicio de nuestro ministerio en medio de las dificultades. En la conciencia cristiana, la vivencia de la Navidad comporta su celebración en el seno de la familia y de la comunidad. Los ecos culturales de este espíritu cristiano, han hecho extensivo entre creyentes y no creyentes la conciencia moral de que la Navidad es tiempo de amor y de reconciliación, de unidad y de esperanza. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nosotros hemos sido elegidos y enviados para proclamar el año de gracia del Señor. Proclamación que debe ser indiscriminada, según el mandato de Jesucristo: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación” (Mc. 16, 15). Pero nuestra experiencia es que “vino a su casa, y los suyos no le recibieron” (Jn. 1, 11). La experiencia pastoral nos enfrenta con esta dura realidad de rechazo hacia el Evangelio. Rechazo que, en unos casos, se manifiesta con criterios ajenos a la fe, y en otros, como un sentir difuminado en la sociedad que se expresa, incluso entre cristianos, con la fría indiferencia de quien considera la fe como un gusto de algunos que nada aporta a lo que verdaderamente importa en la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al hilo de estas reflexiones, nos vienen a la mente las palabras de S. Juan que acabamos de escuchar: “Todo espíritu que confiesa a Jesucristo venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios” (1 Jn. 4, 2-3). Esta afirmación evangélica, lejos de constituir una dispensa para olvidar a los contrarios, nos urge a encontrar nuevas formas de acercamiento y de anuncio de Jesucristo. Nuestra misión es evangelizar y contribuir con ello a la expansión del Reino de Dios, para que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. En el choque de nuestra vocación evangelizadora con las actitudes sociales de rechazo y de desprecio motivadas por ideologías adversas o por indiferencia irreflexiva, está el motivo de nuestro cansancio y, a veces, de nuestro desánimo. Sin embargo en ese choque se fortalece nuestra fe y se fragua nuestra fortaleza. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Frente a todo ello, la palabra de Dios nos estimula con la profecía de Isaías que acabamos de escuchar: “El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló” (Mt. 4, 16). La fe nos invita y capacita para creer firmemente que es Jesucristo quien hace brillar en el mundo, a través nuestro y a pesar de todo, la luz que él mismo es. En ello radica nuestra esperanza contra toda desesperanza. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabemos que son necesarias muchas reformas estructurales en nuestras diócesis y en nuestras parroquias para ofrecer, por nuestra parte, mayores y mejores recursos de evangelización. Pero tenemos que convencernos cada vez más de que todo ello comienza a ser útil cuando nosotros vamos creciendo como verdaderos hombres de Dios. A ello debemos aspirar cada día teniendo presente que las adversidades no cesarán, pero siempre podremos encontrar, incluso en nosotros, motivos de renovada ilusión y entrega. Así lo expresa hoy el Evangelista S. Juan: “todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios; es del anticristo”( 1. Jn.4, 3). Y ha añade: “Vosotros, hijos míos, sois de Dios y lo habéis vencido” (1 Jn. 4, 4)…“el que está en vosotros (en nosotros), es más que el que está en el mundo” (1 Jn. 4, 4). El que está en nosotros es el Hijo de Dios que ha tomado nuestra naturaleza y ha compartido nuestra historia para que todos tengan vida y la tengan en abundancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este es el misterio de la Navidad. Este es el motivo de nuestras mutuas felicitaciones. Este es el motivo de nuestra confianza en la necesidad del ministerio que se nos ha encomendado. Esta es la razón de nuestra esperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que la Santísima Virgen María, Madre del Hijo de Dios hecho Hombre, Madre de la Iglesia y Madre nuestra, ejemplo de colaboración en el proyecto salvador de Dios, y permanente intercesora en favor nuestro, nos alcance la gracia de lograr esa progresiva intimidad con el Señor que ha de motivar, potenciar y sostener nuestro espíritu sacerdotal y la recta realización del ministerio que se n os encomendado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-5193256600308134508?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/5193256600308134508/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=5193256600308134508&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/5193256600308134508'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/5193256600308134508'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2012/01/homilia-en-el-dia-sacerdotal-de-navidad.html' title='HOMILÍA EN EL DÍA  SACERDOTAL DE NAVIDAD'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-4842181041181430504</id><published>2012-01-08T13:13:00.000-08:00</published><updated>2012-01-08T13:13:13.525-08:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN LA FIESTA DE EPIFANÍA</title><content type='html'>&lt;div align="center" class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: center;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;(Viernes 6 de Enero de 2012)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Queridos hermanos sacerdotes concelebrantes y diácono asistente&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hermanas y hermanos todos, religiosos y seglares:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esta fiesta de Epifanía celebramos la manifestación del Niño que nació en Belén como Rey de reyes, como el Mesías prometido, como el Salvador esperado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el día, cuyo acontecimiento recordamos y conmemoramos hoy, se hizo realidad la profecía de Isaías que hemos escuchado en la primera lectura. El Profeta grita al Pueblo de Israel para que despierte y goce la llegada del Mesías. El mismo Isaías lo había anunciado como la luz que nos ayuda a descubrir la verdad de cada una de las realidades presentes en nuestra existencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Mesías que llega es la gloria de Dios. Así lo manifestó Dios Padre tanto en el Bautismo de Jesucristo a manos de Juan Bautista, como cuando Jesucristo se transfiguró sobre el monte Tabor delante de Pedro, Santiago y Juan. La voz divina que en ambas ocasiones habló desde el cielo dijo: “Este es mi hijo, el amado, el predilecto; escuchadlo” (Mt 17, 5).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El profeta Isaías nos anuncia hoy, también, la repercusión del nacimiento de Cristo y la fuerza de su presencia en el mundo. Dice refiriéndose al pueblo de Israel: “Su gloria aparecerá sobre ti; caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora” (Is 60, 2-3).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nosotros, con la fe que se nos ha concedido, somos un elemento verificador de esa afirmación profética. Nosotros que somos el nuevo pueblo de Israel, hemos recibido la luz de Cristo y hemos caminado a su encuentro, y hemos percibido, de un modo u otro, el resplandor de su aurora (cf. Is 60, 3); ese resplandor que nos capacita para percibir el misterio y descubrirlo como la realidad y la obra de Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El profeta, considerando que nuestro encuentro con el Mesías será sincero y consciente, anuncia seguidamente que, cuando nos encontremos con Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, luz del mundo, camino, verdad y vida, entonces nuestro corazón verá cumplido su deseo más profundo; entonces podrá quedar saciada nuestra mayor necesidad: la necesidad de descubrir el sentido para nuestra vida; la necesidad de poder esperar un futuro mejor; un futuro capaz de satisfacer nuestras ansias de infinito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esta necesidad nuestra y en la manifestación del don Dios en Jesucristo que la cubre, deberíamos pensar frecuentemente. Tenemos el peligro de que, habiendo nacido en una cultura cristiana y en un ambiente social propicio para la fe, nos acostumbremos a pensar y a vivir, quizás, desde un pobre nivel de fe; y que, en consecuencia, ya nada nos sorprenda, ni el mismo misterio, y que ya nada nos parezca de especial valor para encauzar nuestra vida desde sus raíces..&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debemos pensar frecuentemente sobre ello porque no podemos profundizar en la fe en Jesucristo como Rey, Señor y Salvador, si no nos detenemos a reflexionar y a meditar en lo que significa la Navidad. Debemos llegar a convencernos y a proclamar que en el misterio navideño está nuestra salvación. Sin la acción solidaria de Jesucristo, haciéndose en todo semejante al hombre menos en el pecado, nosotros seríamos todavía los más desgraciados de toda la creación. Y la creación misma estaría pendiente, aún, de ese trato ennoblecedor encargado por Dios Padre a Adán y Eva y, en ellos, a toda la humanidad, diciéndoles: “Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven sobre la tierra” (Gn. 1, 28).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cristo asumió nuestra naturaleza para llevar a cabo el sacrificio propiciatorio ante el Padre. Esa era nuestra deuda. Nosotros no podíamos llevar a cabo la ofrenda necesaria porque habíamos roto el lazo que nos unía a Dios y no teníamos la posibilidad de entablar una relación satisfactoria con Él. Esa ofrenda la llevó a cabo Jesucristo con el poder de Hijo de Dios, y cumpliendo la condición de ser también verdadero hombre. En su encarnación asumió nuestra misma naturaleza con todas sus consecuencias. De este modo podía actuar en lugar nuestro, y así lo hizo, llevando a cabo nuestra redención.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta verdad, cuyo descubrimiento es esencial para que nuestra fe sea auténtica, nos compromete, al mismo tiempo que nos alegra y nos estimula.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La celebración de la Navidad de Jesucristo y de su consiguiente manifestación a todos los pueblos, en los Magos de oriente, se convirtió en misión fundamental de los apóstoles y de todos los cristianos: “Id y haced discípulos de todos los pueblos…” (Mt 28, 19).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si llegamos a descubrir por la fe que Jesucristo abrió a todos el camino de la salvación, entonces gozaremos pensando que otros han podido disfrutar, como nosotros, de esa misma salvación. Entonces podremos sentirnos destinatarios de las palabras de S. Pablo en la segunda lectura de hoy: “Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado a favor vuestro” ( Ef 3, 2). Y, sobre todo, podremos disfrutar el gozo interior de haber sido, para nuestro prójimo, portadores de esa Buena Noticia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No debemos olvidar que la proclamación del evangelio de Jesucristo permite a las gentes gozar de la gracia definitiva que es Jesucristo. Desear esta gracia para los demás es un servicio de caridad al que estamos obligados porque, siendo hijos del mismo Padre-Dios, somos hermanos de todos los hombres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pidamos al Señor, por intercesión de la Santísima Virgen María, que nos conceda la gracia de gozar del encuentro personal con Jesucristo, y de la experimentar la cercanía de Dios encarnado. Que la madre de Dios y Madre nuestra nos conceda compartir con ella la alegría que lleva consigo el empeño apostólico de manifestar a Jesucristo a quienes todavía no han tenido noticia de su Encarnación, ni de la salvación que nos trae..&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-4842181041181430504?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/4842181041181430504/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=4842181041181430504&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/4842181041181430504'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/4842181041181430504'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2012/01/homilia-en-la-fiesta-de-epifania.html' title='HOMILÍA EN LA FIESTA DE EPIFANÍA'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-101387530081340367</id><published>2012-01-08T13:11:00.000-08:00</published><updated>2012-01-08T13:11:31.268-08:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN LAS PRIMERAS VÍSPERAS DE LA FIESTA DE EPIFANÍA</title><content type='html'>&lt;div align="center" class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: center;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;(Jueves 5 de Enero de 2012)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Queridos miembros del Cabildo Catedral y diácono asistente,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos hermanos todos, religiosas y seglares:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La enseñanza de san Pablo, en la carta a Timoteo que acabamos de escuchar, nos manifiesta algo importantísimo. Estamos acostumbrados a escuchar que Dios nos redimió y nos introdujo en una vida nueva. Y haríamos bien teniéndolo en cuenta siempre con plena conciencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego, cuando pensamos en dar una respuesta correcta al Señor procurando serle fieles, y cuando nos venos débiles e inseguros, pensamos que Dios nos ayudará con su gracia si se lo pedimos con fe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues bien; hoy san Pablo nos manifiesta que Dios, por su amor infinito a la humanidad, previó la concesión de esa gracia, de esa ayuda. Dice el apóstol que “desde tiempo inmemorial dispuso darnos su gracia, por medio de Jesucristo” (2Tim 1, 9ss). Por tanto debemos creer firmemente que Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, es la mayor gracia, la ayuda más oportuna que podía concedernos el Señor, y cuya concesión, cuando se la pedimos con fe, es ya propósito del Señor “desde tiempo inmemorial”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto debe llevarnos a volcar en Dios toda nuestra gratitud porque, en el momento cometieron el pecado original nuestros primeros padres Dios prometió la redención. Adán y Eva, como muchas veces nosotros mismos, estaban preocupados buscando excusas a su deplorable conducta. La determinación redentora comunicada por Dios se ha cumplido en Jesucristo, y se hace visible y se manifiesta al mundo entero, en la Epifanía, en la fiesta que cuya celebración iniciamos ahora con el canto de la primeras Vísperas. Con esta fiesta comenzó la celebración de la Navidad en la primitiva Iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los ángeles, en la Navidad, se nos presentan como los auténticos mensajeros de que ha llegado a nosotros ya la gracia, el don, la ayuda que necesitamos para alcanzar la vida santa a la que nos llamó Dios Padre cuando nos prometió la salvación por medio de Jesucristo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El misterio que hoy celebramos, y que es el de la manifestación del Hijo de Dios a todas la gentes sin discriminación alguna, nos muestra la magnanimidad divina. Magnanimidad propia de un Padre amoroso. Magnanimidad que sorprende a la lógica humana, porque nosotros no solemos obrar así. Solo aquello que está motivado por el amor auténtico, por el cual cada uno es capaz de darse a los otros en primer lugar, llega a sus destinatarios, que somos nosotros, antes de recibir la correspondiente gratitud. Dios se nos da aunque nuestra respuesta no llegue debidamente a tiempo. Es muy importante que tengamos en cuenta que el Señor nos quiere infinitamente aunque seamos infieles. Lo que ocurre es que, como tantas veces hemos oído decir, Dios no se impone, sino que se ofrece y espera nuestra respuesta para consumar en nosotros la acción iniciada por su divina Providencia. La paciencia de Dios acompaña a su amor infinito con su constancia fidelísima. Es la constancia de su Alianza nueva y eterna, sellada con su sangre, en favor de los hombres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La alegría que brota en el corazón creyente al contemplar al Niño-Dios adorado por pastores judíos y por los Magos que eran gentiles, crece cuando vemos en ello el signo de que su voluntad era y es manifestarse también a nosotros, pueblos de la gentilidad. El Señor nos conducirá a su presencia a través de esa fulgurante estrella que es la Santa Madre Iglesia, y del resplandor cristiano de quienes nos rodean como testimonio de fe y de fidelidad. El Señor, constante en su plan de salvación, llamará nuestra atención en otras ocasiones mediante una lectura conmovedora, mediante un consejo lúcido; y se hará presente, saliéndonos al encuentro en la proclamación de su palabra; sobre todo, se dará a nosotros en la Eucaristía, que es el Sacramento admirable de su entrega plena e incondicional. La Eucaristía, presencia real y operante de Cristo sacrificado por nuestra salvación, es la fuente de toda gracia. Y Dios tiene la delicadeza de presentarse en este sacramento como alimento celestial, como pan del caminante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Navidad, que comenzó a celebrarse en la iglesia precisamente conmemorando la adoración de los Reyes, tiene su manifestación más consoladora cuando la Santa Madre Iglesia nos enseña que Dios estuvo pendiente de nosotros desde el primer momento, y que se hizo solidario con nosotros asumiendo la responsabilidad de satisfacer por nuestros pecados hasta morir en la cruz como sacrifico propiciatorio a Dios Padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al pecado de nuestros primeros padres, secundado con nuestros pecados personales, siguió de inmediato la promesa firme de salvación; san Pablo nos dice que “dispuso darnos su gracia por medio de Jesucristo; y ahora esa gracia se ha manifestado al aparecer nuestro Salvador Jesucristo” (2Tim, 1, 10),&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jesucristo es el vencedor de la muerte y de todo peligro mortal que acecha al espíritu humano. Él es quien nos advierte del mal, nos previene ante él y nos promete su acción liberadora. Acción liberadora que Él prosigue y que nos aplica mediante la gracia sacramental.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acojámosle con el alma abierta a su gracia y con la decisión de ser mensajeros de esa manifestación gozosa y redentora que nos llega en la fiesta la Epifanía. Y, con gozo, al considerar la grandísima suerte que nos ha deparado, seamos agradecidos correspondiéndole con nuestra fidelidad y con nuestro apostolado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-101387530081340367?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/101387530081340367/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=101387530081340367&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/101387530081340367'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/101387530081340367'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2012/01/homilia-en-las-primeras-visperas-de-la.html' title='HOMILÍA EN LAS PRIMERAS VÍSPERAS DE LA FIESTA DE EPIFANÍA'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-2831970421533142417</id><published>2011-12-18T16:12:00.001-08:00</published><updated>2011-12-18T16:13:11.224-08:00</updated><title type='text'>HOMILIA CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO</title><content type='html'>(Domingo 18 de Diciembre de 2011)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos hermanos sacerdotes concelebrantes y diácono asistente,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hermanas y hermanos todos, religiosos y seglares:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante los anteriores Domingos de Adviento, hemos reflexionado sobre lo que significa y sobre lo que requiere el encuentro con Jesucristo que viene a salvarnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este Domingo, la Palabra de Dios nos invita a caer en la cuenta de que ese encuentro le ha costado demasiado al Señor como para ser momentáneo y fugaz. Jesucristo quiere permanecer con nosotros. Somos el objeto de su amor infinito. Ya en el Antiguo Testamento se expresa de modo inconfundible diciendo: “Mis delicias son estar con los hijos de los hombres” (Prov 8, 31).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La permanencia de Dios con nosotros tiene su estilo propio. El Señor no está simplemente junto a nosotros y volcado en amor hacia nosotros, como podría ocurrir entre nosotros los humanos. En verdad, por la Encarnación, Jesucristo puso su tienda, su lugar de habitación entre nosotros; compartía con nosotros los hombres, cultura, religión y sentimientos. Por todo ello, podemos decir que no se limitó a estar cerca de nosotros en la misma tierra, sino que entró en nuestra historia, en nuestra cultura, en el ámbito íntimo de nuestros sentimientos y de nuestras costumbres. Su cercanía humana a nosotros consistió, de modo muy notable, en entrar en nuestra historia en nuestra vida. Pues eso mismo es lo que nos da a entender hoy en la primera lectura hablando del templo que David debía iniciar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Señor llega a nosotros para habitar en nosotros. Este misterio nos lo relata san Pablo como experiencia suya, diciéndonos: “Vivo, más no yo, es Cristo quien vive en mí” (Gal 2, 20).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya desde el Bautismo y, sobre todo en la Confirmación, fuimos hechos templos vivos del Espíritu Santo. Nuestra tarea está en mantener y mejorar constantemente ese templo interior para que sea digno del Señor que viene a compartir con nosotros la intimidad suya, que es el amor, y la nuestra que debe ser también el amor agradecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa presencia interior del Señor en nosotros debe ser defendida por cada uno como condición insoslayable para permanecer fieles en nuestra condición de cristianos, hijos queridos de Dios. Para ello es imprescindible que caigamos en la cuenta de lo que significa, en verdad, esa presencia interior de Cristo en nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En primer lugar debemos tener en cuenta que esa presencia no es pasiva, como puede estar un objeto en un templo, dignificándolo notablemente. Esa presencia de Cristo en nosotros es activa y operante a favor nuestro. Así nos lo enseña san Pablo en la segunda lectura, diciéndonos que el Señor puede fortalecernos según el evangelio. Para ello es necesario que queramos y dejemos que obre en nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejar que Cristo obre en nosotros, no consiste tampoco en una actitud pasiva por nuestra parte, permaneciendo inactivos y sin oponernos a su obra. Dejar que Cristo obre en nosotros requiere que estemos constantemente preocupados por colaborar con Él. Dios no se impone, sino que se ofrece. Por ello es deber nuestro manifestarle el debido interés, y llevar a cabo aquello que pueda colaborar a la permanencia y acción del Señor en nosotros. Esto lleva consigo, por una parte, la preocupación por mantener limpia nuestra morada interior, procurar adornarla con la práctica y el crecimiento en las virtudes, y suplicar al Señor que permanezca en nosotros siendo indulgente con nuestras limitaciones y defectos y pecados. Requiere, por tanto, oración y revisión de nuestra conciencia teniendo como referencia la palabra y la luz de Dios. Esta palabra y esta luz nos llegan a través de la Iglesia. Para ello, el mismo Señor conduce a su Iglesia para que nos oriente sin interrupción. Esa orientación nos llega hoy, de modo especialísimo a través del Evangelio de san Lucas al exponernos la actitud de la Virgen María ante el anuncio del Ángel. Esta actitud es de una ejemplar humildad aceptando que pueda ser verdad y bueno aquello que no esperamos, que no entendemos y ante lo cual podemos considerarnos impotentes. “¿Cómo puede ser esto si no conozco varón?” (Lc 1, 34). Pero, ante la respuesta de Dios, en la que se compromete a obrar en la Virgen, lo que la Virgen ve imposible, María responde: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí , según tu palabra” (Lc 1, 38).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estamos en las vísperas de la Navidad. El Señor ha querido conducirnos por el camino adecuado para recibirle y entender bien lo que significa su permanencia entre nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A nosotros nos corresponde acoger las enseñanzas y estímulos que hemos recibido a lo largo del Adviento, y procurar que nuestro encuentro con el Señor en la Navidad, sea consciente, vivo, gozoso y eficaz para acercarnos interiormente a Jesucristo y procurar que esta cercanía permanezca y sea fructífera para gloria de Dios, salvación nuestra, y testimonio vivo para quienes buscan a Dios con sincero corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-2831970421533142417?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/2831970421533142417/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=2831970421533142417&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/2831970421533142417'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/2831970421533142417'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/12/homilia-cuarto-domingo-de-adviento.html' title='HOMILIA CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-9128529698271653454</id><published>2011-12-11T16:35:00.000-08:00</published><updated>2011-12-17T16:36:35.005-08:00</updated><title type='text'>HOMILIA TERCER DOMINGO DE ADVIENTO</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;(Domingo 11 de Diciembre de 2011)&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Queridos hermanos sacerdotes concelebrantes y diácono asistente,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hermanas y hermanos todos, religiosos y seglares:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.- Hoy, la Palabra de Dios nos invita a la alegría y a la esperanza. El testimonio de quienes han vivido, antes que nosotros, el interés por el encuentro con Dios, nos consuela y alegra comunicándonos su experiencia con estas palabras: “desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios; porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona o novia que se adorna con sus joyas” (Is 61, 10ss).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La descripción de la alegría que acompaña al encuentro con Dios, corre el peligro de quedarse en pura teoría, o en simple convencionalismo, si no hubo interés verdadero por acercarse al Señor. Sabiendo que la invitación divina a encontrarnos con Dios en Jesucristo nuestro redentor insiste en que nos dispongamos a buscarle y a recibirle, tendríamos que preguntarnos: ¿busco de verdad al Señor, sabiendo que Él toma la iniciativa en buscarme? ¿Con qué interés le busco? ¿Siento verdaderamente la necesidad de encontrarme con Él? ¿En qué aspectos y momentos de mi vida creo que estoy más lejos de Dios y menos interesado en encontrarme con Él?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.- Nuestro interés por encontrarnos con Jesucristo y gozar de la experiencia de Dios, encuentra el estímulo necesario en su palabra. Hoy, a través del profeta Isaías, pone en labios del Mesías estas esperanzadoras afirmaciones: “El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido, me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren… para proclamar el año de gracia del Señor” (Is 61, 1ss).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Señor, a quien esperamos en la Navidad tiene poder para animarnos en el dolor, para estimular nuestro espíritu en momentos de apatía o de tibieza espiritual y para perdonar nuestras faltas, desatinos y pecados. El Señor tiene verdadero poder y verdadero interés en que superemos nuestra mediocridad, en que recuperemos la auténtica actitud cristiana, y en que demos a Dios el lugar que le corresponde en nuestra vida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Santísima Virgen María, en su canto de fe y de gratitud a Dios, porque la eligió y la revistió de gracia, es buen testigo de que el Señor actúa en favor nuestro, como nos promete. Basta con que nos manifestemos sinceramente receptivos a la gracia divina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3.- El Salmo interleccional nos invita hoy a hacer nuestras sus palabras. En ellas aceptamos y proclamamos, como María, que la misericordia de Dios es infinita y llega a sus fieles de generación en generación. Y, por eso, el Señor obra grandes cosas en nosotros. El Señor es capaz de hacernos sentir la necesidad y el ansia de Dios, y de colmar nuestra hambre de bien y nuestro deseo de la verdad, de la libertad y de la felicidad que solo Dios puede concedernos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante este consolador mensaje, solo nos queda “ser constantes en orar”, como nos dice hoy san Pablo en la segunda lectura. Pensar que Jesucristo ha dado su vida por nosotros y que, en su paciencia, nos busca y nos espera para que gocemos de su luz, de su paz y de su promesa, debe movernos a darle gracias ya desde ahora. “En toda ocasión tened la acción de gracias; esta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros” (1Tes 5, 16). Y como a la súplica deben acompañarle signos de que pedimos con humildad y sinceridad, debemos hacer el propósito de guardarnos de toda maldad (cf 1 Tes 5, 22) como nos pide, también, san Pablo hoy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4.- Una de las maldades de las que debemos pedir a Dios que nos libere es precisamente, imitando a san Juan Bautista, no intentar jamás ocupar el lugar de Dios en nuestra vida. El precursor de Jesucristo, nos da ejemplo elocuente de ello diciendo a quienes le preguntaban por su identidad: Yo no soy el Mesías, ni Elías, ni uno de los profetas” (cf. Jn. 1, 2º-21); “en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, que existía antes que yo y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia” (Jn 1, 26-27). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta actitud ante el Señor que viene a nosotros, es fundamental en el cristiano, no solo para lograr la propia salvación, sino para contribuir a la salvación del mundo. Vivimos tiempos en que el hombre ha ido tomando tal estima de sí mismo, a causa de los avances técnicos y de sus recursos materiales para vivir en el bienestar, que parece desear la desaparición de Dios, o su reclusión en los campos de una intimidad privada y socialmente inoperante. Nosotros, con fe firme y con plena disposición al apostolado, debemos proclamar que Jesús es el Señor para gloria de Dios Padre y para salvación del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5.- Pidamos al Señor la gracia de ser conscientes de nuestras debilidades, de nuestras faltas y de nuestras pretensiones equivocadas, cuando nos erigimos en referencia del bien y del mal, y nos alejamos de Dios a quien debemos buscar siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta actitud ante el Señor es la que el Adviento nos ayuda a conseguir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pidamos a la Santísima Virgen María, que interceda por nosotros para que seamos dignos receptores del Señor que viene a nosotros en la Navidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-9128529698271653454?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/9128529698271653454/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=9128529698271653454&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/9128529698271653454'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/9128529698271653454'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/12/homilia-tercer-domingo-de-adviento.html' title='HOMILIA TERCER DOMINGO DE ADVIENTO'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-6586849590607244778</id><published>2011-12-10T16:37:00.000-08:00</published><updated>2011-12-17T16:38:22.864-08:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN LA FIESTA DE SANTA EULALIA</title><content type='html'>Mérida, 10 de Diciembre de 2011&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Querido señor Cura y hermanos sacerdotes concelebrantes,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos miembros de la Asociación de Santa Eulalia,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hermanas y hermanos todos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el día de hoy celebramos un acontecimiento harto sorprendente para buena parte de nuestra sociedad: el martirio que sufrió la joven Santa Eulalia por defender su fe y su virginidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.- Corren tiempos en que la campaña bien orquestada en contra de la fe cristiana y a favor de un laicismo militante y contrario a la acción de la Iglesia, va dando de sí actuaciones de todo tipo, incluso no ajenas a los ámbitos gubernamentales, que atentan contra los principios que deben regir la vida cristiana. Se pretende que la fe en Jesucristo quede recluida en la intimidad de las personas, y que no se manifieste socialmente en criterios y actitudes que incidan en la vida pública. Parece que es consigna acusar de injustas intromisiones, contrarias al progreso y a la libertad, la palabra de la Iglesia respecto de temas tan relacionados con lo más fundamental para la vida de la sociedad, como son, por ejemplo, la educación, el matrimonio y la familia que nace de él y en él se fortalece. Lo más curioso de esta corriente es que, por una parte, está condicionando fuertemente el criterio diluido en la mente y en la conducta de las masas, generalmente abandonadas a las influencias sociales, sin más reflexión. Y, por otra parte, todo ello se procura difundir con un título que, a la vista de las actuaciones que le siguen, no sabemos si hace reír o llorar. Ese título es la defensa a ultranza de las libertades y de los derechos humanos. Parece que algunos creen que la libertad y los derechos fundamentales pueden ser definidos por las leyes estatales, cuando son anteriores a ellas. Las leyes pueden regular los comportamientos humanos en relación con lo que va inherente a la misma naturaleza humana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Es que, en una sociedad que pretende manifestarse como avanzada, amiga del progreso, defensora de las libertades y de los derechos humanos, puede confundirse la libertad con el abandono incondicional a los instintos, sin más norma que la propia satisfacción, y sin más límites que el propio disgusto o la propia incomodidad, aunque ello atente a la mismo derecho a la vida?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.- Queridos hermanos en la fe de Jesucristo, y devotos de Santa Eulalia: No quiero extenderme reflexionando ahora sobre los conceptos de libertad y sobre lo que son, en verdad, los derechos humanos. Pero, para convencernos del error de la forma de pensar, de actuar y de educar tan extendida en nuestro tiempo como consecuencia de las corrientes referidas, bastaría con mirar la situación de tantos y tantos jóvenes y matrimonios cercanos a nosotros. Parece que, en unos y en otros, se pone la referencia única en un supuesto derecho de cada individuo. Por experiencia sabemos que este criterio está en la raíz de las crisis sociales de todo orden. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si entráramos en el corazón de los jóvenes que están influidos por ello descubriríamos muy pronto una profunda decepción que les lleva, muy pronto, a estar de vuelta de casi todo, y desarmados para enfrentarse con la vida que, por cierto, se les pone cada vez más difícil. Y, si nos paramos a observar el curso que siguen tantos y tantos matrimonios en crisis o en proceso de separación, cuyo número va creciendo lamentablemente, observaremos idéntica insatisfacción y una progresiva inseguridad personal respecto del futuro por estar atados al fugaz presente. La esclavitud que ata al presente pretende garantizar la felicidad en los disfrutes que no trascienden el momento. Y el espíritu humano ha sido creado por Dios para el infinito. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por este camino, podrá haber más o menos riqueza material y más o menos progreso científico, pero la persona humana quedará encerrada en la oscuridad del sinsentido, de la insipidez espiritual y de la decepción vital; y quedará enajenada por una permanente ansiedad. Semejante situación fomenta el egoísmo, las conductas sinuosas y hasta la violencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3.- Tampoco es mi deseo extenderme en la enumeración de los males en que, desgraciadamente, podemos irnos instalando bajo la presión de las ideologías que se imponen por el ejercicio de tantas formas de poder dominante en nuestro mundo. Si me limitara a hacer esto, cometería el error de no ser objetivo y de no predicar el Evangelio, que es mi deber ahora; y contribuiría a crear un pesimismo que incapacita para construir nada bueno. Es necesario decir bien claro que hay mucho bien en el mundo. Que hay muchas personas que luchan por la renovación personal y social. Son muchos los que encarnan la virtud con gran ejemplaridad para quienes viven a su alrededor. Y podemos afirmar esto por experiencia. ¿Cuál ha sido el testimonio de las distintas Jornadas Mundiales de la Juventud y las de la familia convocadas por el Papa? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4.- Toda esta reflexión nace del rayo de luz que proyecta sobre el mundo y sobre nuestra vida el testimonio emocionante que nos ha dejado santa Eulalia, a la que cariñosamente llamáis la santita, la mártir. Ella supo seguir el camino de la verdadera libertad; no quiso aceptar ventajismos meramente humanos, ni un bienestar material y social que le hubiera esclavizado bajo el peso de las concupiscencias y de las falsas libertades. Para ella, educada en la fe cristiana, no valía el atractivo de los placeres pasajeros, ajenos al recto criterio de quien desea construir su vida en la verdad. Para ella no valían las falsas teorías sobre la libertad, sobre la felicidad y sobre los derechos humanos. Quien ha gustado la experiencia de Dios, que es el camino, la verdad y la vida, no se deja arrebatar fácilmente por la tentación de otras experiencias tejidas de espaldas a Dios; por el contrario, llega a disfrutar de una sensibilidad que le permite descubrir la verdad, la felicidad y el auténtico goce de la vida, más allá y por detrás de otros atractivos, engaños, embaucadoras teorías y ansiedades instintivas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Qué bien expresa todo esto la primera lectura que hemos escuchado, tomada del Antiguo Testamento: “Te alabo, mi Dios y salvador, te doy gracias, Dios de mi padre, porque me auxiliaste con tu gran misericordia librándome del lazo de los que acechan mi traspié…Me salvaste de múltiples peligros… Recordé la compasión del Señor y su misericordia eterna, que libra a los que se acogen a él y los rescata de todo mal”. ( Eclo, 51, 1-8).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No cabe duda de que santa Eulalia, con el candor de sus pocos años, y con la solidez de una sólida educación cristiana familiar, era una jovencita piadosa, conocedora del mensaje de Jesucristo, según la percepción propia de su edad. Es lógico que invocara frecuentemente la ayuda del Señor para tener luz, fortaleza y esperanza ante las oscuridades, ante las tentaciones y frente a las dificultades. Por todo ello fue más libre que los que deseaban liberarle de lo que consideraban como prejuicios, como represiones y como fidelidades obsesivas a un Dios que ellos no podían manejar, como hacían con sus dioses falsos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5.- Desde la devota consideración que tenemos a santa Eulalia, nuestra patrona, gustaríamos escuchar milagrosamente de sus labios las mismas palabras que S. Pablo dirige a su discípulo Timoteo, y que hemos escuchado en la segunda lectura: “Tu seguiste paso a paso mi doctrina y mi conducta; mis planes, fe y paciencia, mi amor fraterno y mi aguante en las persecuciones y sufrimientos” (2 Tim. 3, 10-11). Esa es la forma de tener el aceite necesario para que luzca debidamente la lámpara de nuestra alma en el momento del encuentro con Jesucristo. El Señor se hace presente cada día en las pruebas, en las dificultades, en el prójimo más allegado y en los más desposeídos y marginados. Para recibirle adecuadamente, debemos preparar la alcuza del alma con el aceite de la oración, del sacramento de la Penitencia, de la Eucaristía y de la Sagrada Escritura. En todo ello descubrió a Jesucristo santa Eulalia y, con todo ello, salió gozosa y valiente al encuentro del Señor. Podríamos preguntarnos: ¿Cómo andamos nosotros de todo ello?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6.- Pidamos confiadamente a la santita que nos alcance del Señor la luz, la fuerza y la constancia que ella alcanzó aprovechando la gracia de Dios. Y dispongámonos a recibirla participando activamente en la celebración de la Santa Misa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-6586849590607244778?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/6586849590607244778/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=6586849590607244778&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/6586849590607244778'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/6586849590607244778'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/12/homilia-en-la-fiesta-de-santa-eulalia.html' title='HOMILÍA EN LA FIESTA DE SANTA EULALIA'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-3652628328938486739</id><published>2011-12-08T16:38:00.000-08:00</published><updated>2011-12-17T16:40:39.812-08:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN LA FIESTA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN - ORDEN DIACONADO</title><content type='html'>(Jueves 8 de Diciembre de 2011)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos hermanos sacerdotes concelebrantes,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos seminaristas,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hermanas y hermanos todos, religiosos y seglares:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.- La Palabra de Dios nos pone hoy ante el misterio de su amor infinito al hombre. Amor que le lleva a ser solidario con la humanidad para cambiar la triste suerte que le correspondía al ser expulsado del Paraíso. Había cometido un pecado grave contra el Dios que lo había creado y elevado al orden sobrenatural.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dios manifiesta su solidaridad amorosa con el hombre y la mujer y con su estirpe, porque, aunque la Sagrada Escritura nos da cuenta del castigo que recayó sobre Adán y Eva, queda muy claro desde el primer momento, que Dios promete salir fiador del hombre para que no sea privado definitivamente de la felicidad eterna a la que estaba llamado desde la creación. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La redención, llevada a cabo por Jesucristo, nos abre las puertas del cielo. Y esa redención se consuma porque el Hijo de Dios vivo muere en la Cruz como satisfacción por nuestras culpas. El Hijo de Dios muere ajusticiado para que nosotros no seamos reos de la condenación en el juicio definitivo. Y tal fue la solidaridad misericordiosa de Dios para con la humanidad, que nos concedió pasar de la muerte espiritual a ser hijos adoptivos de Dios y herederos de su gloria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.- Dios, que es conocedor de la responsabilidad humana ante el pecado, maldice, en cambio, al maligno que tentó e hizo sucumbir al primer hombre y a la primera mujer. “El Señor Dios dijo a la serpiente: por haber hecho esto, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo de la tierra toda tu vida” (Gn 3, 14).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el mismo instante en que pecaron nuestros primeros padres Dios anunció la redención de la humanidad asumiendo la responsabilidad que Adán y Eva habían rehuido. Ellos se limitaron a echar las culpas del uno al otro y de ambos a la serpiente diabólica. El Señor salió al paso de la incoherencia de Adán y Eva, y fue a la raíz del problema. Dios dijo a la serpiente: “establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuanto tú la hieras en el talón” (Gn 3, 19-20).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de ese momento, Dios puso como señal del fracaso diabólico el anuncio de que sería vencido por la descendencia de la mujer. Aparecen entonces, proféticamente, la Santísima Virgen, Inmaculada ya en su concepción, y su Hijo Jesucristo nuestro Salvador. Esta gran gesta, que brotó de la magnanimidad divina, ha sido proclamada por la Iglesia desde el principio como el origen de nuestra gozosa esperanza. Ello es lo que ha movido a los cristianos a hacer suyas las palabras del Salmo que hoy recitamos: “Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclamad al Señor tierra entera, gritad, vitoread, tocad” (Sal 9, 3).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3.- Es muy importante saber que Dios quiso contar con la libertad humana para llevar a cabo su proyecto misericordioso de salvación. Podemos decir que Dios, para salvar a la humanidad quiso contar con la colaboración de la misma humanidad. Y, como representante nuestra fue elegida la Santísima Virgen María. En esa preciosa criatura se juntaron perfectamente el don de la plenitud de la gracia, puesto que María fue concebida sin pecado original, y la responsabilidad humana que la Virgen María expresó en respuesta libre y obediente: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de ese momento, pudimos sentirnos liberados del sometimiento al maligno, y de sufrir eternamente las consecuencias del pecado. La promesa divina se había cumplido en la mujer, madre y virgen, y en el Hijo de Dios que se encarnó, en las virginales entrañas de la Virgen María. Por ello, del mismo modo que la Santísima Virgen entonó el canto del “Magnificat” proclamando la grandeza del Señor y manifestando su gozo en Dios su salvador, nosotros debemos hacer nuestras las palabras de San Pablo que hoy hemos escuchado: “Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales” (Ef 1, 3). Y, en este día, al celebrar la fiesta de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, debemos entonar un cántico de alabanza al Señor. Él ha tomado como, instrumento consciente y libre de su bendición, a una mujer a quien ha convertido en la primera redimida. La llenó de su gracia desde el primer instante de su concepción, y luego la convirtió en Madre suya por la acción milagrosa del Espíritu Santo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4.- Al hacer estas consideraciones, brota espontáneamente la admiración hacia la Santísima Virgen María, por ser llena de gracia desde el principio, y por haberse mantenido fiel hasta el final de sus días. Esta realidad gozosa ha sido proclamada por la fe sencilla del pueblo cristiano hasta convertirse en Dogma universal para los hijos de la Iglesia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Podría ocurrir, al mismo tiempo, que, considerando el hecho extraordinario de la Concepción Inmaculada de la Santísima Virgen y la santidad con que María correspondió a ese inigualable don, suframos la tentación de sentirnos incapaces para alcanzar la santidad. Ante esta lamentable sospecha, es necesario tener en cuenta que María fue capaz de comportarse fielmente ante el Señor porque el Espíritu Santo obró en ella apoyándole con su gracia. Por eso, nosotros debemos invocar constantemente la gracia del Espíritu Santo. Él está pendiente de nosotros desde el Bautismo, y nos enriquece con sus dones, especialmente desde la Confirmación. Es deber y necesidad nuestra acudir a Él, pedirle con fe y confianza que nos conceda el don de la fortaleza para vencer con buen ánimo las dificultades, las tentaciones y el pesimismo; y que nos conceda también el don del temor de Dios para que siempre estemos dispuestos a recibir y cumplir las indicaciones del Señor. Él quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. (cf. 1Tim 2, 4).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5.- Hoy, además, hay otro motivo de gozo para nuestra Iglesia diocesana. Un joven da el paso definitivo de ofrecerse a Dios, con la decisión libre de mantenerse fiel a la vocación con que el Señor le ha distinguido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;José María, que lleva en su nombre la referencia permanente a la protección del Patriarca S. José y de la Santísima Virgen María, va a participar, precisamente en este día, del Sacramento del Orden en el grado del Diaconado. Será constituido ministro del Señor para gloria de Dios sirviendo al Sacerdocio ministerial y aspirando a él. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como elegido del Señor, está llamado a ser, como la Santísimas Virgen María, instrumento consciente, libre y fiel en manos de Dios para la salvación del mundo. Pediremos al Señor que derrame su Espíritu sobre el nuevo Diácono para que sea fiel a la vocación sacerdotal, y para que se prepare a recibir el Orden sacerdotal mediante el ejercicio del ministerio que ahora le corresponde. Por eso, querido José María, deberás acercarte cada día más al Señor mediante la escucha y la proclamación de la Palabra de Dios, mediante la oración asidua y confiada, y mediante el servicio al Altar de la Sagrada Eucaristía. Nosotros elevaremos nuestra plegaria al Señor para que no deje de enviar operarios a su mies, y bendiga a esta porción del Pueblo de Dios con los Pastores que necesita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Santísima Virgen María, que gozó anticipadamente de los frutos de la Redención, y que supo y quiso corresponder con su obediencia a los planes del Señor, nos ayude a ser fieles y agradecidos a Dios por su infinito amor y por los dones que de él recibimos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-3652628328938486739?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/3652628328938486739/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=3652628328938486739&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/3652628328938486739'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/3652628328938486739'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/12/homilia-en-la-fiesta-de-la-inmaculada.html' title='HOMILÍA EN LA FIESTA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN - ORDEN DIACONADO'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-4183169146992798760</id><published>2011-12-07T16:41:00.000-08:00</published><updated>2011-12-17T16:42:56.744-08:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN LAS PRIMERAS VÍSPERAS DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN</title><content type='html'>(Miércoles 7 de Diciembre de 2011)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muy ilustres miembros del Cabildo Catedral, y demás Sacerdotes,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos seminaristas,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hermanas y hermanos todos, religiosos y seglares:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. La primera afirmación de la carta a los Romanos que acabamos de escuchar nos llena de consuelo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos ha dicho el Apóstol en la lectura que acabamos de escuchar: “Sabemos que todo concurre al bien de los que aman a Dios, de los llamados según su designio” (Rom 8, 28). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta afirmación de san Pablo, aceptada como palabra de Dios revelada por el Espíritu Santo, nos induce a pensar muy seriamente en nuestros momentos difíciles, en los fracasos, en los errores, en las dificultades y en todos los trances dolorosos que estamos llamados a atravesar. Todo ello parece oponerse a nuestra felicidad y a la paz interior que necesitamos para seguir viviendo con ilusión y acierto. Sin embargo por la palabra proclamada en esta tarde, nos corresponde confiar en Dios nuestro Señor. Debemos creer que Él iluminará nuestra mente para que sepamos entender la dimensión positiva de cuanto nos ocurre. La condición para ello, según las mismas palabras de S. Pablo, es que amemos a Dios; que lo intentemos con todo el corazón. Así lo pide el Señor en las palabras que dirige al Pueblo de Israel: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Deut. 6, 5). Así nos lo enseña Jesucristo, repitiendo las mismas las palabras del Deuteronomio, cuando fue interrogado por un escriba acerca del mandamiento primero de todos. (cf. Mc. 12, 28-29).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.- Todos los momentos malos, ofrecidos al Señor, con el convencimiento de que, con ello, nos unimos a la Cruz redentora de Jesucristo, se constituyen en esa pequeña cruz personal desde la cual participamos por amor en su obra redentora. De este modo, aún en los momentos más difíciles, damos gloria de Dios y crecemos en santidad. Esto es, alcanzamos el mayor beneficio para nuestra alma, para nuestra vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estamos acostumbramos a pensar que nuestros momentos malos y los trances difíciles son aquellos que nos hacen sufrir a causa de situaciones materiales, afectivas, psicológicas, de salud, de trabajo, etc. Y no solemos pensar que, de esos momentos malos y de esos trances difíciles, también forman parte las oscuridades que nos impiden ver con claridad lo que Dios quiere de nosotros en cada momento, lo que Dios quiere decirnos con su palabra tantas veces misteriosa. De esos momentos difíciles forma parte, también, la lucha interior que tiene lugar en nuestro espíritu por el choque entre lo que creemos que ha de ser nuestra conducta y lo que, al final, somos capaces de hacer. De ello nos hablaba S. Pablo diciendo: “No entiendo mi comportamiento, pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco… Ahora bien, no soy yo quien lo hace, sino el pecado que habita en mí” Rom. 7, 15. 17). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estas situaciones, y el convencimiento creyente de que todo ello concurre para nuestro bien, son un regalo para nuestro bien, siempre que amemos a Dios y estemos preocupados por amarle cada vez más. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El valor de todo lo que nos ocurre tiene una dimensión salvadora y curte nuestro espíritu, siempre que lo aceptemos a sabiendas de que Dios nos ama, y que ni un solo cabello de nuestra cabeza cae sin su permiso. No olvidemos que hemos sido llamados por Dios según su designio; y que su designio es nuestra salvación. “Yo para eso he venido, para que tengáis vida y vuestra vida permanezca” (Jn 10, 10). “Dios quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1Tim 2, 3-4),&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3.- Los cristianos, además, hemos sido escogidos misteriosamente entre todos, y destinados para reproducir la imagen de Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre para redimirnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta elección y destino han de llenarnos de alegría porque suponen una misteriosa distinción de Dios en favor nuestro. ¿No creéis que el don de haber conocido a Jesucristo y de tener fe para reconocerlo como Mesías Salvador, es un verdadero privilegio? Para entenderlo, basta descubrir el sentido y la esperanza que llenan nuestra vida como consecuencia de haber conocido el mensaje de Jesucristo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además de ello, el privilegio de habernos encontrado con Jesucristo, nos da a entender que la elección del Señor en favor nuestro, lleva consigo, también, una misión que no tenemos derecho ni razón para abandonar. Hemos sido enviados para ser luz del mundo y sal de la tierra, para manifestar al prójimo que la plenitud humana y la salvación definitiva son regalo del Señor a quien debemos unirnos con la actitud humilde y confiada que nace del amor. Hemos sido elegidos para conocer a Jesucristo, y enviados para darlo a conocer, para ser apóstoles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4.- De todo ello es modelo la Santísima Virgen María. Ella proclama la alegría de saberse elegida por Dios, a pesar de su pequeñez y de su humilde condición. Ella no sabía que había sido concebida sin pecado original para ser llena de gracia desde el principio en función de ser Madre del Redentor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero María sí que sabía, por el conocimiento de las Sagradas Escrituras, que el Señor obraba cosas grandes en favor de los hombres y mujeres, y que muchísimas veces, las obraba también a través de ellos. Por eso, la Santísima Virgen, sintiéndose como una mediación libre y obediente para que Dios obrara en favor de la humanidad, proclama: “el Poderoso ha hecho obras grandes por mí” (Lc 1, 49). “Hágase en mí según tu palabra” (Lc. 1, 38).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El convencimiento de que había sido enriquecida con tantos dones y privilegios, ayuda a María para que asuma con sentido sobrenatural todas las pruebas que el Señor le enviaría. Ya el Anciano Simeón le anunció que su Hijo sería piedra de tropiezo para muchos, y que una espada atravesaría su corazón. Ella entendió y asumió lo que significaban esas palabras&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5.- En estos tiempos difíciles, en que parece que se añaden pruebas y dificultades de mayor grado para mantenernos en la identidad cristiana y para permanecer firmes en misión apostólica, es muy necesario que entendamos el mensaje de la Santísima Virgen. A ella honramos especialmente hoy por su identidad única e irrepetible, puesto que fue inmaculada ya en su Concepción y plenamente fiel en su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pidámosle que, como Madre amantísima y como ejemplo de fidelidad al Señor, nos ayude a permanecer firmes en la fe y dispuestos a cumplir la vocación de Dios sobre cada uno de nosotros. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-4183169146992798760?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/4183169146992798760/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=4183169146992798760&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/4183169146992798760'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/4183169146992798760'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/12/homilia-en-las-primeras-visperas-de-la.html' title='HOMILÍA EN LAS PRIMERAS VÍSPERAS DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-6513111319368500926</id><published>2011-12-04T16:48:00.000-08:00</published><updated>2011-12-17T16:33:34.756-08:00</updated><title type='text'>HOMILÍA DOMINGO SEGUNDO DE ADVIENTO</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;(Domingo 4 de Diciembre de 2011) &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Queridos hermanos sacerdotes concelebrantes,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hermanas y hermanos todos, religiosos y seglares:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.- Hemos comenzado ya la segunda semana de preparación para el encuentro con el Señor, que viene a nosotros en la Navidad. Y la hemos comenzado haciendo una oración muy adecuada. La he recitado yo, como síntesis de vuestras plegarias, diciendo al Señor: “cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo, no permitas que lo impidan los afanes de este mundo” (Orac. Colecta).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Santa Madre Iglesia nos recuerda que la actitud, que debe presidir nuestra vida en este tiempo de Adviento, es la decisión de salir animosos al encuentro del Hijo de Dios que viene a nosotros como el Mesías Salvador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para salir al encuentro de Jesucristo nuestro salvador tenemos que estar convencidos de que necesitamos ser salvados, y de que no hay otro que pueda salvarnos sino el Hijo de Dios. Unido a ello, es muy importante saber que Jesucristo mismo, el Hijo de Dios hecho hombre, nos busca para conceder a cada uno, personalmente, su salvación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.- Estar convencidos de que necesitamos ser salvados es la primera condición para buscar y esperar al Salvador. Pero no buscaremos la salvación en Jesucristo, ya desde ahora, si no llegamos a descubrir que la salvación que esperamos de él también la necesitamos para esta vida en la tierra. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es cierto que la salvación llega a su plenitud en la vida eterna. Pero, también es cierto que la gracia de la redención, que nos alcanzó Jesucristo con su muerte y resurrección, comienza a obrar en nosotros una vida nueva, ya desde el Bautismo. Por este sacramento somos hechos hijos adoptivos de Dios. Desde entonces nuestro camino ha de ser un progresivo acercamiento a Dios y una creciente intimidad con el Señor mediante la escucha de su Palabra, mediante la oración y mediante la participación en los sacramentos. Así pues, la verdadera salvación comienza ya en esta vida cuando la orientamos según el plan de Dios sobre cada uno de nosotros. ¿Cómo encontraríamos de otros modo un sentido a nuestra vida que nos impulse a vivirla con ilusión y esperanza? ¿Cómo podríamos confiar en lograr la salvación, en lo que depende de nosotros, si no supiéramos por la fe, como nos enseña el santo Evangelio, que todo lo podemos con la ayuda del Señor? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3.- Si tenemos en cuenta lo dicho, nos sentiremos llamados a hacernos, con frecuencia algunas preguntas como esta: ¿Qué quiere el Señor de mí en esta vida? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa pregunta nos pone, en primer lugar, ante la necesidad de conocer e interpretar la vocación del Señor sobre cada uno de nosotros. Si pretendemos vivir como auténticos cristianos, debemos entender y asumir que nada en esta vida puede considerarse como ajeno al plan amoroso de Dios para beneficio nuestro. Lo que Dios quiere de nosotros, equivale a la vocación o la llamada que dirige a cada uno y que afecta a toda nuestra vida en su duración y en su integridad. Esto ha de estar muy presente en nuestra conciencia siempre y, sobre todo, cuando nos encontramos urgidos a tomar las grandes decisiones que afectan al conjunto de nuestra vida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En segundo lugar, la pregunta acerca de lo que Dios quiere de nosotros, nos urge a revisar con frecuencia si estamos recorriendo acertadamente el camino que la vocación del Señor nos ha señalado. Esto es: tenderemos que mirar con atención si nuestros comportamientos cotidianos son acordes con la vocación recibida del Señor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No debemos olvidar, pues, que, si la vida gloriosa y eterna es un encuentro definitivo con el Señor, su preparación ha de comenzar seriamente en la tierra, con la búsqueda sincera de Dios por nuestra parte, y con la consiguiente y gozosa acogida del Señor que viene constantemente a buscarnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4.- El encuentro con el Señor, y la fiel acogida que merece su llamada o su vocación a cada uno de nosotros, no puede limitarse al mero cumplimiento de unas normas de moralidad. Estas son necesarias; y nos las ofrece el Señor en sus mandamientos a través de la Iglesia. La santa Madre Iglesia nos los transmite y los interpreta fielmente para que podamos aplicarlos a nuestra vida en cada momento. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el encuentro con Dios en su Hijo Jesucristo y la fiel acogida que debemos darle implican una permanente renovación espiritual, una constante revisión de nuestra fe. Solo así podremos darnos cuenta de que venimos de Dios, de que a Dios vamos y, por tanto, de que la vida entera ha de interpretarse desde Dios. Así interpretada, nuestra vida está llamada a ser un agradecido canto al Señor. Esto quiere decir que nuestra preocupación fundamental debe ser estar cerca del Señor, ofrecerle con alegría todo lo que somos y tenemos, y dedicarle toda la atención que merece. Y esto nos exige, a la vez, una dedicación prioritaria a Dios mediante la lectura de su palabra, mediante el encuentro personal con Él en los Sacramentos -sobre todo en la Penitencia y en la Eucaristía-, y mediante la oración asidua, como antes ya hemos indicado. De ello se desprenderá espontáneamente el acierto en nuestros pensamientos, deseos y comportamientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estando lejos de Dios, es muy fácil que no se entiendan muchas de sus orientaciones evangélicas, y que se llegue a discutir lo que la Santa Madre Iglesia nos indica para cumplir, con fidelidad, lo que nos pide nuestro Señor y Salvador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5.- Con frecuencia se da una cierta separación entre las prácticas religiosas y la orientación profunda de nuestra mente y de nuestro corazón. Así se explica que haya muchos que exhiben su título de cristianos y que viven ajenos a la oración, que no participan en los Sacramentos, y que, además, tienen su guía principal en sus propios intereses materiales y en los afanes de este mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como es muy fácil caer de algún modo en este error, dividiendo nuestra vida entre los afanes mundanos y una pretendida fe en Dios; y, como es muy fácil también que esto pueda debilitar nuestra fidelidad a Dios e incluso nuestra confianza en la salvación definitiva, la palabra de Dios, a través de San Pedro, nos advierte, hoy, que el Señor tiene mucha paciencia con nosotros y que su misericordia es infinita. El Señor no quiere que nadie perezca sino que todos se conviertan y se salven (cf. 2Pe 3, 9). S. Pedro nos enseña cómo debe ser nuestra respuesta a esa paciencia misericordiosa de Dios. Nos dice hoy en la segunda lectura: “Esperad y apresurad la venida del Señor” (2Pe 3, 12).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6.- El Señor, que no quiere encontrarnos desprevenidos como el esposo encontró a las vírgenes cuando llegó, entrada la noche, nos envía mensajeros que anuncian su cercanía. Esa fue la misión de los profetas que culminó con la predicación de Juan Bautista. Esa es, ahora, la misión de la Iglesia. Ella nos transmite, hoy, en el Evangelio las palabras del precursor de Jesucristo: “Una voz grita en el desierto: preparadle el camino al Señor, allanad sus senderos” (Mc 1, 2).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta es, pues, nuestra tarea. Esta es la invitación del Señor. Para ello la Iglesia nos brinda en su nombre la oportunidad del Adviento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7.- Pidamos al Señor, como en la oración inicial de la Santa Misa, que nos guíe hasta él con sabiduría para que podamos participar plenamente del esplendor de su gloria (cf. Orac. Colecta)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-6513111319368500926?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/6513111319368500926/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=6513111319368500926&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/6513111319368500926'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/6513111319368500926'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/12/homilia-domingo-segundo-de-adviento.html' title='HOMILÍA DOMINGO SEGUNDO DE ADVIENTO'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-7090955714612394414</id><published>2011-11-27T16:48:00.000-08:00</published><updated>2011-12-04T16:51:35.192-08:00</updated><title type='text'>HOMILÍA DOMINGO PRIMERO DE ADVIENTO</title><content type='html'>(Domingo 26/27 de Noviembre de 2011)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Queridos hermanos sacerdotes concelebrantes,&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hermanas y hermanos todos, religiosas y seglares:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;1.- Comenzamos hoy la celebración del tiempo litúrgico de Adviento. En él preparamos cada año la celebración de la Navidad de nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios eterno e inmutable. Él, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios, y se encarnó en las purísimas entrañas de la Santísima Virgen María, haciéndose en todo semejante al hombre menos en el pecado. Desde ese momento, escuchando y contemplando a Jesucristo podemos llegar a conocer a Dios mismo. Y, puesto que Dios se hizo hombre en Jesucristo, contemplándole podemos llegar a saber qué es en verdad el hombre, cual es su origen y el fin que le llama, le atrae y le espera.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;2.- Conviene recordad que los tiempos litúrgicos deben ser considerados como tiempos de Gracia que el Señor nos ofrece a través de la Iglesia. Como tales, constituyen oportunidades sucesivas para que encaucemos nuestra vida hacia Dios. Que debe ser el objetivo principal de toda persona humana. Así nos lo dice hoy san Pablo en la Segunda Lectura: “Dios nos llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo Nuestro Señor” (1 Cor 1, 9). &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esta llamada, señala, pues, el objetivo, y el trayecto a seguir para alcanzarlo. Por eso, el mismo san Pablo nos dice: “no descansaré hasta que vea impresa en vosotros la imagen de Cristo y Cristo crucificado”. El motivo por el que dice esto S. Pablo está en que sabe, porque Dios mismo se lo ha revelado, que quienes logremos configurarnos con Cristo en su muerte, también resucitaremos con Él. (cf. Rm 6,3-4; Col 2,12).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La llamada que nos transmite san Pablo constituye también una indicación del camino que debemos seguir para alcanzar el que es nuestro objetivo principal. Ese camino es Cristo mismo que nos llama. Él nos ha dicho: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14, 6). “Nuestra vida es Cristo, y una ganancia el morir” (cf. Flp 1, 21), nos dirá también S. Pablo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cristo es la Verdad que ilumina nuestro horizonte y atrae nuestro espíritu hacia la plenitud. Y, para alcanzar todo ello, Cristo se ofrece como camino. Camino ciertamente difícil en ocasiones. Pero Jesucristo se ofrece, al mismo tiempo, como cayado, como apoyo, como descanso que nos fortalece para seguir adelante. Por eso nos ha dicho: “si alguien está agobiado, cansado, que venga a mí, porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt 11, 30). &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No basta con que entendamos que Cristo se ofrece como ayuda para el camino, como ocurre cuando se nos da como el pan del caminante en la Eucaristía. Es necesario que entendamos, también, que Cristo es la ayuda imprescindible para caminar hacia la plenitud y la salvación. Así se manifestó diciéndonos: “Sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15, 5b).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;3.- Pues bien: en la etapa de Adviento, como oportunidad para encontrarnos con el Señor, la Palabra de Dios nos pone ante nosotros mismos para que reflexionemos acerca de nuestra realidad profunda. Todos sabemos que somos cristianos, pero que no seguimos del todo a Jesucristo. Sabemos que es nuestro deseo conocerle y seguirle, pero nos damos cuenta a la vez, de que no acabamos de lanzarnos con plena decisión dispuestos a conocerle y seguirle pasando por encima de todo. No en vano, Jesucristo dijo a los Apóstoles que debían perdonar los pecados “setenta veces siete” (cf. Mt 18, 22); esto es: indefinidamente, sin límite. Dios valora como padre amoroso todas las decisiones y promesas que le hacemos con buena voluntad, aunque fallemos luego, con tal de que nos arrepintamos. Al mismo tiempo, sabe Dios que somos débiles, que fallamos no solo en nuestros propósitos, sino también en las promesas que hacemos incluso delante de Él.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esta aparente contradicción, que nos hace comenzar la Eucaristía pidiendo perdón al Señor cada día, es mirada por Dios con ojos de padre amoroso e infinitamente misericordioso. Por eso nos envía su Espíritu para que seamos capaces de asumir con humildad las propias debilidades y contradicciones. El Espíritu Santo es quien nos lanza hacia la altura de las metas que Él nos propone y que nosotros valoramos y apreciamos en momentos de lucidez interior. Y, además, va sembrando en nuestro corazón la esperanza que nos hace permanecer en el intento.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;4.- Hoy, el profeta Isaías nos habla precisamente de esta aparente contradicción interior de constantes propósitos, de infidelidades, de nuevo arrepentimiento, y de lucha que en ella nos llevamos. El profeta comienza poniendo en nuestros labios esta expresión de fe: “Tú, Señor, eres nuestro Padre, tu nombre de siempre es «nuestro Redentor»” (Is 63, 16), “sales al encuentro del que practica la justicia y se acuerda de tus caminos” (Is 64, 4), “Todos éramos impuros, nuestra justicia era un paño manchado” (Is 64, 6).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sin embargo, conociendo la bondad que Él ha puesto en nosotros como imagen suya que somos, nos hace decir con palabras del profeta: “Vuélvete, por amor a tus siervos y a las tribus de tu heredad” (Is 63, 17).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El Señor sabe que, como dice san Pablo, tenemos una fuerza dentro de nosotros que nos lanza hacia lo que no queremos y nos aparta de lo que queremos y valoramos como camino verdadero. (cf. Rm 7, 15ss). Por eso, también con el profeta, nos hace orar diciendo: “¡Ojalá rasgases el cielo y bajases, derribando los montes con tu presencia!” (Is 63, 19b. 64, 2b). Es verdad que, constatando nuestra reiterada y peligrosa debilidad, gustaríamos que Dios se impusiera con su fuerza y nos hiciera buenos, que nos ganara definitivamente y que nos impidiera serle infieles. Pero no debemos olvidar que nos ha creado libres y para la libertad. Él está dispuesto a ayudarnos, como ya hemos recordado hoy.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una muestra de que Dios mismo toma la iniciativa viniendo a buscarnos para que intimemos con Él, es que “llegada la plenitud de los tiempo, envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido baja la ley, para rescatar a los que estábamos sometidos a la ley” (Gal 4, 4ss). Esta es la razón y la esencia de la Navidad a la que nos preparamos durante el tiempo de Adviento que hoy comienza.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;4..- Siguiendo la orientación de la Santa Madre Iglesia expresada en la oración inicial de la Misa, elevemos nuestra súplica pidiendo al Dios de la misericordia que avive en nosotros, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo, acompañados por las buenas obras y de los buenos propósitos, llena el alma de confianza en el Señor. Él nos ama infinitamente y no quiere que nos perdamos porque, siendo contrarios a Él cuando pecamos, él ha dado su vida en la Cruz por nosotros.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Que la Santísima Virgen interceda por nosotros ya que es el modelo de la acogida del Señor.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;QUE ASÍ SEA.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-7090955714612394414?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/7090955714612394414'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/7090955714612394414'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/11/homilia-domingo-primero-de-adviento.html' title='HOMILÍA DOMINGO PRIMERO DE ADVIENTO'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-7938353339414742461</id><published>2011-07-01T13:40:00.000-07:00</published><updated>2011-07-01T13:40:00.731-07:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN LA SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;    &lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Jornada por la santificación de los sacerdotes y día de acción de gracias por&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;  &lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 115%; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;los 60 años de presbítero del Santo Padre&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Queridos hermanos sacerdotes concelebrantes,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Queridos feligreses miembros de la Vida Consagrada y seglares participantes en esta celebración litúrgica:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;¡Qué acierto ha tenido el Papa Benedicto XVI, poniendo la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús como la Jornada de oración por la santificación de los sacerdotes!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;La fiesta del Sagrado Corazón de Jesús es la celebración gozosa de que Dios nos ama en Jesucristo su Hijo y redentor nuestro, volcando su corazón en el amor incondicional hacia nosotros, hasta derramar su última gota de sangre, símbolo de la vida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;La fiesta del Sagrado Corazón de Jesús es una muestra de que Jesucristo ha entregado totalmente su vida por nosotros en ofrenda obediente al Padre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;La fiesta del Sagrado Corazón de Jesús es buen punto de referencia para renovar en nosotros, los sacerdotes, el compromiso asumido el día de nuestra ordenación sacerdotal. Entonces prometimos a Dios, ante su Iglesia significada en el Obispo y la Comunidad presidida por él, que nos entregaríamos plenamente al ministerio sacerdotal procurando nuestra santificación y la salvación de las alamas que nos fueran encomendadas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Nuestra santificación es el cumplimiento de un programa de amor a Dios. Amor que no puede ser parcial. Ha de ser pleno. Pero como nuestra torpeza y nuestra limitación obstaculizan muchas veces la realización de nuestros buenos propósitos, el empeño en llevar a cabo constantemente nuestra conversión ha de renovarse día a día; de modo que, donde no llegan nuestras obras, alcancen nuestros deseos sinceros de amor a Dios sobre todas las cosas. Sabemos muy bien que &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;“quien ama, ha cumplido la ley entera” (&lt;/i&gt;Rm 13, 8). San Agustín nos lo dice también con un lenguaje verdaderamente sorprendente: “Ama y haz lo que quieras”. En verdad, quien ama a Dios no puede hacer el mal; y quien ama al prójimo, no puede menos que ofrecerle lo mejor; y lo mejor es el camino de la salvación, cuyo punto de partida es el descubrimiento del rostro de Cristo; cuyo camino es el mismo Cristo; y cuya fuerza para afirmar los pasos es, también, el mismo Jesucristo que se nos da como pan del caminante y alimento de salvación en la Eucaristía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Nuestro programa de amor a Dios no comienza y termina en cada uno de nosotros como si fuera una obra estrictamente individual. Nuestro programa de amor a Dios ha de originarse en el seno de la Iglesia, y ha de iniciarse con el calor hogareño de la Iglesia como una obra verdaderamente familiar. No podemos olvidar que somos miembros vivos de un cuerpo orgánicamente estructurado, del que Cristo es la cabeza. Por ello, nuestro avance sacerdotal por camino hacia la santidad ha de recorrerse en la plena conciencia de que, sin una plena vinculación de amor y obediencia a la Iglesia, quedaríamos paralizados. Ningún miembro del cuerpo vivo, permanece con vida si se separa de la cabeza y del resto del cuerpo. En consecuencia, nuestro empeño por la propia santificación debe ser coincidente con una clara voluntad de vivir fuertemente enraizados en la Iglesia y radicalmente vinculados a Cristo cabeza y a los demás miembros que son los hermanos en la fe.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Esta condición fundamental y básica para que los sacerdotes alcancemos la santidad, nos lleva a entender que no podemos llegar a ella sin una fuerte vinculación con Cristo, ciertamente; pero tampoco sin una fuerte vinculación con el prójimo que el Señor nos ha confiado, para que, como El, demos la vida por las ovejas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;La santificación del sacerdote tiene sus pasos marcados en la línea de la entrega plena a Dios y al prójimo. Pero esa entrega plena, constante y gozosa no puede lograrse sino como consecuencia de un amor muy grande. Bien podemos concluir, pues, que la Jornada por la santificación de los sacerdotes ha de ser un día de oración al Señor para que todos los que Él ha elegido para ser sus ministros, lleguemos a ser ganados por el amor que Dios nos tiene, y nos pongamos a la obra de la evangelización sin reservas, llevados del amor a las ovejas que nos han sido encomendadas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;La conclusión de estas reflexiones, a alas que nos lleva la palabra de Dios es muy sencilla. La santificación de los sacerdotes es cuestión de amor a Dios y a los hermanos, dándolo todo, como Cristo, en obediencia al Padre en la iglesia, y en la entrega al servicio evangelizador de los hermanos. Por tanto, como hemos destacado al comenzar estas palabras, el Papa Benedicto XVI nos ha regalado esta Jornada con verdadero acierto, poniéndola en el día en que Iglesia celebra la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Por otra parte, la imagen del Corazón ardiente y sangrante de Jesús conecta plenamente con el sentimiento del pueblo fiel, moviéndole a la admiración y a la correspondencia con el deseo de la propia entrega. Día, pues, muy apropiado para que los sacerdotes renovemos el propósito de acercarnos al Señor, como Jesucristo, entregándonos plenamente al servicio de la santificación del prójimo. En esta entrega, debemos tener especialmente presente la preocupación que Jesucristo nos comunicó diciéndonos: &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;“Tengo otras ovejas que no son de este redil. También a ellas las tengo que llamar…”&lt;/i&gt; (Jn 10, 16). De este modo, nuestra entrega al servicio ministerial que se nos ha encomendado, se realizaría en un verdadero estilo misionero procurando hacer discípulos de todos los pueblos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Queridos hermanos religiosos y seglares que participáis en esta gozosa y sencilla celebración: orad por nosotros los sacerdotes a quienes el señor, pasando por encima de nuestras limitaciones y debilidades, ha constituido ministros de su palabra y de su gracia para la salvación del mundo. Pedidle para los sacerdotes espíritu de oración, devoción profunda y sincera, constancia y humildad en el ejercicio de la propia conversión y esperanza en que el Señor obrará a través nuestro, y a pesar nuestro, lo que corresponde a su plan de salvación universal. Nosotros pediremos para vosotros la gracia de encontrarnos con el Señor, de experimentar su amor infinito, y de gozar de su consuelo en la experiencia de su misericordiosa providencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Que la Santísima Virgen, madre del amor hermoso (cfr. Ecclo 24, 24) nos ayude a descubrir las profundidades del amor a Dios y a saborear las delicias del amor que Dios nos tiene.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;o:p&gt;&amp;nbsp;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;QUE ASÍ SEA&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-7938353339414742461?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/7938353339414742461/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=7938353339414742461&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/7938353339414742461'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/7938353339414742461'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/07/homilia-en-la-solemnidad-del-sagrado.html' title='HOMILÍA EN LA SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-3891497768801089905</id><published>2011-06-26T13:14:00.000-07:00</published><updated>2011-06-27T13:17:34.828-07:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN LA MISA DEL CORPUS CHRISTI</title><content type='html'>&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;  &lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Queridos hermanos sacerdotes concelebrantes,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;  &lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Queridos feligreses miembros de la Vida Consagrada, seminaristas y seglares participantes en esta celebración litúrgica:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;El mensaje que nos transmite hoy la Palabra de Dios mediante el evangelista san Juan, es una llamada a considerar a Jesucristo en su realidad total, en su unidad esencial.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;1.- Al Señor se acercaban las gentes porque hablaba “como quien tiene autoridad” (cfr. Mt 7, 28-29) y porque hacía milagros. Todo ello entraba a las gentes por los sentidos; satisfacía su necesidad de percibir la bondad, la justicia, la dulzura, la promesa de salvación. Pero cuando Jesucristo manifestó claramente su realidad divina como la segunda persona de la Santísima Trinidad y, por tanto, como el Hijo Unigénito del Padre, Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, entonces las masas le dejaron. Los que le seguían habían gozado del milagro por el que el Señor multiplicó los panes y los peces saciando su hambre corporal. Como eso les convino, lo aceptaron como obra buena y lo admiraban queriendo proclamarlo rey. Pero, cuando les dijo que Él mismo era el pan vivo bajado del cielo para ser comido por los hombres, como condición para gozar de la salvación eterna, se dijeron: “duro este sermón” y le abandonaron.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;2.- Queridos hermanos: a Jesucristo no podemos dividirlo según nuestros gustos, ni según nuestras capacidades de entender una u otra de sus obras y manifestaciones. Jesucristo no ha venido para satisfacer nuestros gustos ni para atenerse a nuestras exigencias y capacidades. Jesucristo ha venido &lt;i&gt;“para que tengamos vida y la tengamos en abundancia”&lt;/i&gt; (Jn 10, 10). La vida que Cristo nos ofrece es la que corresponde a los hijos adoptivos del Señor. Esa vida es participación de la naturaleza divina que se nos da sin disminuir, y que al llegar a nosotros opera nuestra más profunda y gozosa transformación. Participando de la vida de Dios llegamos a ser criaturas nuevas, capaces de intimar con Jesucristo hasta identificarnos con Él como enseña san Pablo diciendo: &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;“Vivo, pero no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí” &lt;/i&gt;(Gal 2, 20).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Pero para alcanzar ese inigualable don divino, es necesario que contemplemos el rostro de Cristo con los ojos de la fe y con humilde obediencia a su palabra. Es Él quien nos enseña con su testimonio, que hay ocasiones en que la voluntad de Dios no resulta fácilmente comprensible. Ante ella pueden sublevarse la razón, los sentimientos y la decisión humana. Por este trance pasó también Jesucristo. Él, puesto que era también verdadero hombre, sospechando los inauditos dolores de su pasión que culminarían con su muerte en cruz, sudó sangre y suplicó al Padre que le librara de ese trance, de ese cáliz (cfr. Lc 22, 39ss.). Sin embargo, Jesucristo, aún desde la oscuridad y el miedo, puso la fidelidad para con el Padre Dios sobre todas las reacciones y dificultades humanas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;3.- Hoy, en esta solemnísima festividad, en la que adoramos y proclamamos la verdad de la presencia de Cristo en el Augusto Sacramento de la Eucaristía, el Señor nos pide que fortalezcamos nuestra fe en el Santísimo Sacramento del Altar. Nos dice, como Jesucristo dijo a sus discípulos después de darles de comer milagrosamente: &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que come de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”&lt;/i&gt; (Jn 6, 51).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;No es fácil vivir la profunda convicción creyente de que el Pan Eucarístico es el cuerpo vivo y glorioso de Jesucristo que estamos llamados a comer como condición imprescindible para ser salvados. Esta dificultad, nacida de la limitación de nuestra inteligencia, se hace mayor cuando el ambiente presiona con insistencia y por todos los medios, para apartar a Dios de nuestra vida. Entonces se produce una situación conflictiva. Por una parte se presenta al Señor como obstáculo para el disfrute de la vida según la entiende y quiere disfrutarla el hombre movido por su naturaleza terrena; y, por otra parte, el Señor se nos predica como la única fuente de la vida feliz y gloriosa que no termina. A esta sublime verdad nos abre el inmenso don de la fe que recibimos en el Bautismo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;4.- Cuando Jesucristo predicó a los que le seguían que su cuerpo era verdadera comida para alcanzar la vida por excelencia, la vida eterna, la salvación, dice el texto sagrado, que &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;“disputaban entonces los judíos entre sí: ¿cómo puede éste darnos a comer su carne?”&lt;/i&gt; (Jn 6, 52).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;La respuesta de Jesucristo no se hizo esperar, y tampoco buscó una forma menos misteriosa para responderles, sino que les dijo: &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;“os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros”&lt;/i&gt; (Jn 6, 53). Jesucristo no nos dice solo que comiendo su carne y bebiendo su sangre alcanzaremos la vida eterna. Nos dice, además, que solo tendremos ahora la vida capaz de animar nuestra fe y nuestra esperanza, si comemos su carne y bebemos su sangre ahora. La Eucaristía es nuestra fuente de vida cristiana, que es la vida de Dios obrando en nosotros.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;5.- La Sagrada Eucaristía nos sitúa ante el Señor de cielos y tierra que nos regala el inmenso don de la fe, nos transforma en criaturas nuevas, y nos abre el hambre de Dios para que en todo le busquemos, le sirvamos, le glorifiquemos y le gocemos interiormente como adelanto del gozo eterno en los cielos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;6..- Con las últimas palabras del Evangelio de hoy, Jesucristo nos desvela con fuerza convincente que el verdadero alimento está en Dios y, por tanto, en la Eucaristía, que es el Cuerpo de Cristo hecho pan del caminante y alimento de quien desea alcanzar, mantener y disfrutar la única vida capaz de hacernos plenamente libres y felices. Las palabras del Señor son muy claras: &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;“Este es el pan que ha bajado del cielo; no como el de vuestros padres que lo comieron y murieron; el que coma de este pan, vivirá para siempre”&lt;/i&gt; (Jn 6, 59).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;7.- La Eucaristía es el antídoto contra el pecado mayor de la humanidad, que ya cometieron nuestros primeros padres Adán y Eva, y que consiste en suplantar a Dios hasta apartarle de la propia vida. Gran locura ésta, porque somos criaturas suyas, imagen y semejanza del creador y, por tanto, llamados a vivir por Él, con Él y en Él. Solo Él sostiene nuestra existencia con su mano providente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;La Eucaristía es, consiguientemente, la fuente y la fuerza de nuestro apostolado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;8.- Acerquémonos al Santísimo Sacramento del Altar para alimentarnos del Cuerpo de Cristo y ser testigos de la fuente de vida y salvación. Con ello ayudaremos a las gentes a no cometer el grave error de negar a Dios creador. Cuando esto ocurre, la persona corre el peligro de su autodestrucción hasta la misma muerte espiritual. Con esta autodestrucción desaparece el auténtico sentido de la vida; con él desaparece también toda esperanza, y la existencia se convierte en un ansia insaciable y en un círculo vicioso y decepcionante sobre sí mismo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Pidamos al Señor firmeza en la fe ante el Misterio de la Sagrada Eucaristía y humildad para obedecer a Jesucristo que nos llama a la vida diciéndonos: &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;“Tomad y comed todos de él, porque esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros”&lt;/i&gt; (cfr. &lt;span style="color: black;"&gt;Mt 26, 26; Lc 22, 19; 1 Co 11, 24).&lt;/span&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 5;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;QUE ASÍ SEA&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-3891497768801089905?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/3891497768801089905/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=3891497768801089905&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/3891497768801089905'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/3891497768801089905'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/06/homilia-en-la-misa-del-corpus-christi.html' title='HOMILÍA EN LA MISA DEL CORPUS CHRISTI'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-6602578148623810127</id><published>2011-06-25T13:12:00.000-07:00</published><updated>2011-06-27T13:13:44.362-07:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN LAS PRIMERAS VÍSPERAS DEL CORPUS CHRISTI - 2011</title><content type='html'>&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Queridos hermanos sacerdotes,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Queridos miembros de la Vida Consagrada, y hermanos seglares todos:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;La palabra de Dios nos invita en esta tarde a reflexionar sobre un punto decisivo para la vida de la Iglesia. Veamos,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;1.- La Iglesia es una familia, una grey, un pueblo. Cada una de estas imágenes nos habla de la unidad que permite a la Iglesia presentarse ante el mundo como una realidad compacta; como el Cuerpo Místico de Jesucristo. La división y las contraposiciones restan siempre credibilidad. Algunas veces puede incluso producir escándalo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Sin embargo, sabemos que entre los humanos resulta muy difícil permanecer unidos. Las diferencias, que dan a conocer la riqueza de la variedad convergente en la unidad esencial, se convierten con frecuencia en un motivo de discrepancias no fácilmente conciliables. Esto se debe, sobre todo, a dos motivos. Uno de ellos es la torpeza y la debilidad humana. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;2.- En muchas ocasiones no alcanzamos a descubrir el valor y la fuerza de cohesión que lleva consigo lo esencial. No acabamos de distinguir lo esencial, de lo accidental, la verdad fundamental, de lo opinable. Cuando el hombre se halla en esta situación y llega a encontrarse con la verdad que le trasciende; cuando, absorto en su propia visión de las cosas que considera la adecuada, se encuentra con el anuncio de la vida de Dios, que no podemos someter ni demostrar plenamente con la razón, crece el conflicto interior. En ese momento no cabe más que doblar humildemente la cerviz ante lo que trasciende el corto alcance de la razón por sí misma, o menospreciar todo cuanto le desborda. En cambio, existe frecuentemente una postura que podríamos considerar intermedia: la que consiste entonces en n o negar la trascendencia, pero no aceptarla valientemente en toda su radicalidad. Con ello se sitúa la persona en una tibieza de fe acomodaticia a las limitaciones de la propia razón y a las influencias de un ambiente volcado sobre lo tangible y racionalmente demostrable. Entonces se abre un campo de experiencias verdaderamente desconsolador porque no llega a poner su confianza plena en Dios y en la consiguiente trascendencia que debía embargar su vida dándole sentido, y, al mismo tiempo, se choca con la realidad mundana cuya esencial limitación le deja permanentemente insatisfecho. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;3.- Esta es la situación de distintas personas y grupos que dicen creer en Jesucristo y no terminan de aceptarle como verdadero Dios, dueño y Señor de cuanto existe, y fuente y maestro de la vida y de la esperanza. No olvidemos que esta situación se da en muchos miembros de la Iglesia. Es debida, entre otros factores, a una gran falta de formación y a un vacío en lo que a la experiencia de Dios se refiere. Con este hecho ha de enfrentarse la nueva evangelización. Mirando bien lo que supone la plena inserción de todas estas personas y grupos en la fe viva y verdadera esencial a la Iglesia y a sus miembros, se entiende que el Beato Juan Pablo II Papa hablara de la necesidad de nuevos bríos, de nuevos métodos y de nuevo lenguaje.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Lo que importa ahora, de lo referente a estas reflexiones, es el hecho de que los miembros de la Iglesia manifiestan cierta discrepancia interna en cosas importantes, y cierta división de posturas a la hora de actuar en el mundo. Los signos de unidad eclesial quedan empobrecidos por ello, y la capacidad de acción apostólica o evangelizadora pierde fuerza y capacidad de convicción.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;4.- Tan importante es la Unidad en la Iglesia para salvar su identidad y misión, que Jesucristo, orando con sus Apóstoles después de la última cena pide al Padre &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;“que todos sean uno. Como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado”&lt;/i&gt; (Jn 17, 21).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Urgidos por la imperiosa necesidad de predicar el Evangelio de Jesucristo, como el mayor y mejor servicio de salvación que podemos ofrecer al prójimo, no tenemos más remedio que procurar la unidad entre todos los que creemos en Jesucristo como el Señor y Salvador de la humanidad. De ahí la importancia de los esfuerzos en favor del ecumenismo y, consiguientemente, el deber de orar por la unión de los cristianos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;5.- Pero, como acabo de apuntar, el problema puede resultar mayor y menos comprensible cuando las discrepancias se manifiestan y operan en el seno de las comunidades cristianas integradas en la Iglesia católica. Esas diferencias pueden darse en lo opinable y en lo que corresponde a la responsabilidad y a la libre iniciativa de cada persona y de cada grupo. La Santa Madre Iglesia Católica y Apostólica así nos lo enseña. Tenemos claras muestras de ello en la diversidad de ritos que obedecen a distintas tradiciones litúrgicas; en las distintas opciones que nos presenta el Misal Romano para la celebración de la Eucaristía; en las diferentes tradiciones de la piedad popular que obedecen a la idiosincrasia de los pueblos y al momento histórico en que se desarrollan como expresión espontánea de la fe y devoción del pueblo cristiano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Pero junto a la pluralidad que enriquece, el Magisterio de la Iglesia insiste constantemente en la importancia de la comunión eclesial, sin la cual pierde fuerza el testimonio de los bautizados, que son sus miembros.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;6.- Pues bien, para creer y crecer en la unidad fundamental, en la comunión esencial en la que se armonizan los diversos carismas, es necesario que pongamos nuestra atenta mirada y nuestra devota admiración en la Sagrada Eucaristía. San Ignacio de Antioquía nos dice que, así como de muchos granos de trigo se forma un solo pan, que consagrado viene a ser verdaderamente el Cuerpo de Jesucristo sacramentado, así también, de muchos miembros que somos los cristianos, se forma la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Pero esta enseñanza de San Ignacio no termina en lo que acabo de referir, sino que este pastor santo y preclaro de la Iglesia, a partir de este ejemplo, nos llama a entender que la unidad eclesial se logra participando correctamente de la Eucaristía. En esta tarde nos lo recuerda San Pablo diciéndonos: &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;“El pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?”&lt;/i&gt; (1Cor 10, 16). Recibiendo debidamente el Cuerpo de Cristo se realiza en nosotros lo que el Señor nos anunció diciendo: &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;“El que come mi carne y bebe mi sangre, habita en mí y yo en él”&lt;/i&gt; (Jn 6, 56). Inhabitación que es unión con el Señor, por la cual llega a nosotros la salvación según enseña el mismo Jesucristo: &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;“si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros”&lt;/i&gt; (Jn 6, 53).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;La unidad en lo esencial, la comunión eclesial, y el enriquecimiento mutuo gracias a los carismas que propician las diversas singularidades queridas por Dios, se logra participando de la Eucaristía. Así nos lo enseña san Pablo en la lectura que acabamos de escuchar: &lt;i&gt;“El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan”&lt;/i&gt; (1Cor 10, 17).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;7.- En esta tarde de oración litúrgica preparatoria a la gran fiesta de la Eucaristía, pidamos al Señor que nos ayude a valorar el sacrificio y sacramento de la Eucaristía, y a participar de él humilde y devotamente, dispuestos a que el Señor nos lleve a la unidad en la comunión eclesial, y a ser apóstoles de esa unidad absolutamente necesaria en el Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;QUE ASÍ SEA&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-6602578148623810127?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/6602578148623810127/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=6602578148623810127&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/6602578148623810127'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/6602578148623810127'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/06/homilia-en-las-primeras-visperas-del.html' title='HOMILÍA EN LAS PRIMERAS VÍSPERAS DEL CORPUS CHRISTI - 2011'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-1788209427776394165</id><published>2011-06-25T13:00:00.000-07:00</published><updated>2011-06-27T13:31:25.307-07:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN LA MISA DE ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS</title><content type='html'>&lt;span style="font-family: &amp;quot;Verdana&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 9pt; line-height: 150%;"&gt;Queridos hermanos sacerdotes concelebrantes,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Verdana&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 9pt; line-height: 150%;"&gt;Queridos diáconos, que vais a recibir el sacramento del Orden en el grado de Presbíteros,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Verdana&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 9pt; line-height: 150%;"&gt;Queridos familiares, amigos y miembros de las comunidades cristianas con las que estos jóvenes Diáconos están relacionados por su origen o por el ejercicio de su ministerio como Diáconos,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Verdana&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 9pt; line-height: 150%;"&gt;Queridos hermanos y hermanas todos, miembros de la Vida Consagrada y seglares:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Verdana&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 9pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;1.- Esta solemne celebración es, por sí misma, una Acción de Gracias como corresponde a toda Eucaristía. Pero hoy tiene un sentido especial de gratitud al Señor porque, oyendo nuestra súplica, envía nuevos Obreros a la Mies que nos ha confiado como Archidiócesis de Mérida-Badajoz.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Verdana&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 9pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Unidos como una sola Iglesia diocesana, elevemos interiormente un cántico de alabanza al Señorporque escucha nuestras súplicas. Ha derramado la gracia de la vocación sagrada sobre estos jóvenes que hoy culminan su preparación para la respuesta que el Señor esperaba de ellos y que ellos se deciden a darle con generosidad. Dios no deja de colmar con su gracia a quienes le invocan y a los que procuran ser fieles a su plan de salvación sobre los hombres.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Verdana&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 9pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Como Pastor diocesano elevo personalmente un himno de gratitud a Jesucristo, cabeza de la Iglesia, porque, según consta en la oración propia de la Ordenación presbiteral, me concede nuevos colaboradores para el ejercicio del ministerio episcopal.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Verdana&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 9pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Cada Comunidad parroquial, en la que han surgido estas vocaciones sacerdotales, debe unirse en una plegaria de bendición al Señor. En verdad, esas Parroquias han sido distinguidas como seno y cuna de un sacerdote. Han sido un medio, bendecido por el Señor, como espacio donde ha crecido la semilla de la vocación sacerdotal. Desde ellas Dios ha llamado a estos jóvenes a celebrar el Sacrificio y Sacramento de la Eucaristía y los demás sacramentos, convocando y orientando a los fieles con la predicación de la palabra de Dios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Verdana&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 9pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;2.- Queridos Diáconos, que vais a recibir el don del presbiterado: tomando las palabras de S. Pablo a los Efesios, que acabamos de escuchar, quiero deciros con amor de hermano y con plena disposición para ayudaros en vuestro deber y ministerio,“&lt;i&gt;que&lt;/i&gt; &lt;i&gt;andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados” &lt;/i&gt;(Ef. 4, 1).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Verdana&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 9pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Vuestra exquisita fidelidad a Jesucristo es y debe seguir siendo la mayor colaboración con que debéis corresponder a la generosidad divina, puesto que el Señor os ha distinguido eligiéndoos para ser ministros suyos. Por el ministerio sacerdotal, que ejerceréis en el Nombre de Jesucristo, llegará la redención a los hombres y mujeres que el Señor os vaya encomendando, por mediación de la Iglesia, en el transcurso de los años. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Verdana&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 9pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;3.- La Ordenación Sacerdotal es la más destacada convocatoria de Dios a vuestra santificación.Por lo mismo, el don de vuestra pertenencia al Orden de los Presbíteros os compromete muy seriamente a cuidar vuestra espiritualidad cristiana. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Verdana&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 9pt; line-height: 150%;"&gt;Vais a ser enviados para anunciar la obra de salvación de Jesucristo, en un mundo que, como decía el Papa Pablo VI, necesita más testigos que maestros. La mayor y mejor lección, que podáis ofrecer a los hombres y mujeres que se os encomienden, ha de utilizar el lenguaje de los hechos, del testimonio de vida, del ejemplo de vuestra íntima vinculación a Jesucristo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Verdana&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 9pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Vais a encontrar serias dificultades en el ejercicio de la evangelización porque,incluso entre los cristianos, abunda una fe acomodaticia a las circunstancias e interesespersonales de diverso orden. Con frecuencia se cede a las circunstancias que van condicionando los criterios y los comportamientos individuales y sociales, no precisamente por el camino del Evangelio. El diablo se hará presente en el curso de vuestro ministerio invitándoos engañosamente a confundir el miedo a las dificultades y al posible fracaso, con la mal entendida y llamada prudencia ministerial. Ante este peligro tan sutil, traicionero y paralizante, Jesucristo manifestó que es necesario recurrir a la oración y el ayuno (cf. Mc. 9, 28). En la intimidad con el Señor encontraréis el ardor y los bríos que impulsarán vuestro celo sacerdotal hacia el ejercicio incansable de la caridad pastoral.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Verdana&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 9pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;4.- El primer principio de vuestra acción ministerial debe ser, como nos enseña el Señor, dar la vida por la ovejas (cf. 10, 11). Dar la vida es un gesto permanente que debemos interpretar y realizar como lo hizo Jesucristo. Él entregó su vida por las ovejas entregándola al Padre como el sacrificio personal propio del Hijo obediente por amor al Padre. La obediencia a la voluntad de Dios, que no puedecumplirse sin cultivar el amor a Dios que nos llama ynos envía, se ha de fraguar en el mismo ejercicio del ministerio. En él tenemos el ámbito y el recurso principal de nuestra santificación. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Verdana&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 9pt; line-height: 150%;"&gt;Escuchar y leer la palabra de Dios, como lectio divina, con espíritu religioso, con esforzada atención, meditando su contenido, y dispuestos a seguir sus divinas indicaciones, ha de ser la base de la oración del sacerdote; y ésta debe preceder y seguir a la celebración de los sagrados Misterios. No se puede ser auténtico ministro de Jesucristo sin imitar su forma de proceder. La Santa Madre Iglesia nos brinda un precioso apoyo para que cultivemos y mantengamos la meditación de la palabra de Dios, ofreciéndonos la práctica de la Liturgia de las Horas. En ella deben trabarse las múltiples ocupaciones de cada día, convirtiéndose, por fuerza de la oración, en ofrenda generosa y cuidada al Padre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Verdana&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 9pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;5.- Vais a ser Ordenados como Presbíteros en vísperas de la jornada que el Papa Benedicto XVI ha establecido para orar por la santificación de los sacerdotes. Uniendo nuestro deber de procurar nuestra santificación, con el ministerio pastoral que nos urge a procurar la santificación del prójimo, el Santo Padre nos llama a la plegaria por los Sacerdotesmirando el precioso signo del amor infinito de Dios que nos ofrece la fiesta del Corazón de Jesús. Esa Jornada tendrá lugar este año en el día primero de Julio. Desde esta celebración eminentemente sacerdotal, os invito encarecidamente, junto a vuestros hermanos mayores en el presbiterado de esta Archidiócesis, a orar y celebrar la sagrada Eucaristía en ese día como acción de gracias al Señor y como jornada de intensa oración. Debemos unirnos todos los sacerdotes y los respectivos feligreses, pidiendo a Dios para los sacerdotes un auténtico espíritu de obediencia al Padre, una cuidada intimidad con Jesucristo en cuyo Nombre debemos ejercer el ministerio, y un decidido aprovechamiento de los dones del Espíritu Santo que ha de guiar todos nuestros pasos. La medida de nuestra espiritualidad nos dará la medida de nuestro celo pastoral cuyo fundamento y estímulo ha de ser la caridad pastoral; esto es: el verdadero amor a las ovejas del Señor que él pone a nuestro cuidado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Verdana&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 9pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;En esa jornada de oración por los sacerdotes, deberemos unir nuestra acción de gracias por los sesenta años de sacerdocio ministerial que cumple el Papa Benedicto XVI. Por ese motivo se ha invitado a toda la Iglesia a que ofrezca sesenta horas de oración ante el Santísimo Sacramento teniendo como intención la gratitud por la efemérides del Papa, por la santificación de los sacerdotes y por las vocaciones sacerdotales que tanto necesita la Iglesia en nuestro tiempo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Verdana&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 9pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;6.- Solo cuando se vive el amor a Dios, brota en el propio corazón el amor pastoral a quienes Dios ama. Solo entonces, el amor que les debemos como sacerdotes nos hace volver la mirada hacia esas ovejas que todavía no son del redil del Señor. Solo entonces podemos sentir el impulso quenos lleve a buscarles para que entren por la puerta del redil que es Jesucristo. Solo entonces seremos ministros auténticos de la Iglesia misionera. Solo entonces dejaremos de refugiarnos en lo que nos viene dado, y de poner condiciones a nuestra entrega. Solo entonces seremos auténticos ministros de Jesucristo, capaces de dar la vida por las ovejas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Verdana&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 9pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;No somos pastores asalariados sino pastores segúnel corazón de Dios. Por tanto, imitando a Jesucristo hasta dar la vida por la causa de la evangelización, debemosasumir nuestra responsabilidad con el mismo empeño que nos recuerda S. Pablo diciendo: &lt;i&gt;“No descansaré hasta que vea impresa en vosotros la imagende Cristo y Cristo crucificado.&lt;/i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Verdana&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 9pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;7.- Elevemos la mirada del espíritu creyente a María Santísima, que Jesucristo nos entregó como Madre en la persona de S. JuanApóstol, y pongámonos una vez más en sus manos invocando su protección y su intercesión para ser, como ella, fieles cumplidores de la palabra de Dios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Verdana&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 9pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;QUE ASÍ SEA&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-1788209427776394165?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/1788209427776394165/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=1788209427776394165&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/1788209427776394165'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/1788209427776394165'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/06/homilia-en-la-misa-de-ordenacion-de.html' title='HOMILÍA EN LA MISA DE ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-4624933234978883263</id><published>2011-06-24T13:35:00.000-07:00</published><updated>2011-06-27T13:35:49.256-07:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN LA FIESTA DE SAN JUAN BAUTISTA -2011-</title><content type='html'>&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Mis queridos hermanos Sacerdotes concelebrantes y Diáconos asistentes,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Dignísimas autoridades civiles y militares,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Queridos miembros de la Vida Consagrada,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Hermanas y hermanos seglares presentes en esta celebración litúrgica:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;1,- La palabra de Dios nos plantea hoy un problema muy importante si lo miramos desde la fe cristiana. Se trata, nada más y nada menos que de discernir quien debe ocupar el centro y la referencia de la vida del hombre y de la sociedad. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;2.- Vivimos un tiempo en que el sentir bastante generalizado, las manifestaciones de muchos medios de comunicación, y la que se viene en llamar cultura dominante, insisten sobremanera en el bienestar material y en el mayor disfrute posible; y todo ello teniendo como criterio único de discernimiento el parecer de cada persona y de cada grupo en cada momento. Ese criterio ha llegado a ser, en muchos, el punto de referencia para juzgar acerca del bien y del mal; y, en consecuencia, para proponerlo, a pesar de sus graves y frecuentes errores, como signo de progreso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Este proceder, que se ha extendido notablemente, es un motivo de preocupación porque está influyendo como factor determinante de leyes y de formas de comportamiento de las que depende la educación y la vida misma de muchas personas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;3.- Está claro que, en lo que se refiere a la libertad de decisión, que constituye un derecho fundamental y un deber de las personas, el hombre se ha erigido en la única referencia. Hay gentes que obedecen a una ideología con tal fidelidad que enajena, a veces, la propia conciencia. Hay quienes toman como referencia el consenso social, de cuya manipulación mediática tenemos pruebas suficientes. Otros quedan al albur del ambiente o de la corriente de pensamiento al uso en cada momento. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Aunque hay mucha gente que piensa y que vive con fe, parece que, en el ambiente y en las voces de los que más gritan, todo se va reduciendo a lo estrictamente humano y terreno, sensible y emocional, material e inmediato. Ámbito éste que, en cuanto se cierra en sí mismo, queda tan reducido que llega a oponerse incluso a la satisfacción material y a la felicidad que tanto anhelaba. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;5.- Todo ello nos manifiesta la existencia de una voluntad colectiva y bien manifiesta de apartar a Dios de la vida real, de los centros de interés de las personas, de los criterios que han de trazar las líneas del desarrollo y del crecimiento personal y social. Cuando ocurre esto, el progreso se convierte en un círculo vicioso alrededor el hombre, que no le permite llegar más allá de sí mismo. La persona no encuentra ni puede encontrar sólo en sí misma la satisfacción que busca. Es criatura de Dios y su corazón está abierto al infinito. Por ello. Quien así vive y actúa se ve abocado con frecuencia a la decepción, o al desenfreno en el intento de encontrar dicha satisfacción en el ensayo permanente de “un poco más de lo mismo”. Cuando la gente se orienta por ese camino, que no alcanza más allá de la propia limitación humana, corre el peligro de verse involucrado en una carrera sin freno por la vía del apetito, de lo últimamente descubierto aunque engañosamente prometedor, de lo útil a simple vista, o de lo sensiblemente rentable. Pero da la casualidad de que, lo que tiene visos de una rentabilidad digna de consideración, queda generalmente solo en manos de quienes cuentan con recursos para alcanzarlo; de modo que son ellos los únicos que llegan a disfrutarlo. En ese caso, el prometido y esperado disfrute, corre el peligro de quedar como privilegio de unas oligarquías apoyadas en la fuerza del poder, en la capacidad de egoísmo y de menosprecio de los más débiles, del bien común, de la justicia y de la misma sociedad. Para los demás ya no queda más que instalarse en la resignación, en el resentimiento, en la permanente insatisfacción que no alcanzan a superar, o en un peligroso y explicable inconformismo capaz de provocar situaciones de violencia y desorden. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;6.- A este sistema desordenado, inmoral y perjudicial para las personas y para la sociedad, con posibles repercusiones para la humanidad entera, como estamos comprobando en los aconteceres diarios, pretende apuntarse, en principio, mucha gente que no sospecha siquiera las consecuencias de la carrera que esta conducta ha emprendido. No hace falta ir muy lejos ni cavilar en exceso para encontrarnos con elocuentes muestras de lo que acabo de decir. Ahí tenemos la polifacética expresión y las graves y abundantes consecuencias de la llamada crisis económica. Esta crisis, de nefastas consecuencias, que también repercuten en perjuicio de quienes no la promovieron ni la alimentaron, obedece a una larga historia de egocentrismos, de materialismos desenfrenados, de ansias de un bienestar no calculado en sus necesarios límites, de la falta de ética individual y colectiva en muchos casos, y de una deficiente previsión de las consecuencias que podía sufrir una sociedad lanzada hacia delante, sin más criterio que el subjetivo o el ideológico. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;7.- En la raíz de los males que sufre la humanidad está siempre una falta de referencia ética y moral bien fundada, capaz de mirar al fondo de las cuestiones y a largo plazo. En la raíz de esos males de grave trascendencia esta el vacío de un verdadero sentido de la solidaridad social y de la justicia global que debe tener en cuenta a todos y no sólo a unos pocos. En el origen de los males que estamos refiriendo falta la consideración integral de la personas y de la sociedad. No se hace justicia cuando se atiende solo a una dimensión del hombre y de la mujer, y a una sola parte de la ordenación social; sobre todo cuando esta dimensión queda centrada en lo material, en lo sentimental, o en el instinto de más poder, de más placer, de más prestigio, o de mayor potencia en la lucha competitiva en la que es tan fácil caer, llegando a justificar lo medios empleados según el valor que cada uno da a sus fines. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;8.- Sería injusto e incluso mendaz presentar solamente así la realidad social y humana en general. En medio de los males que acechan y castigan a muchas personas, a muchos grupos sociales y a muchos pueblos, hay muchísimas realidades verdaderamente positivas, ejemplares y esperanzadoras. De ellas van surgiendo iniciativas y obras de probado valor, así como acciones subsidiarias que apuntan caminos de renovación y de recuperación humana y social. Pero la influencia de lo que venimos considerando nos llama a la reflexión acerca de sus causas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;La causa fundamental, por más que muchos pretendan ridiculizarla y menospreciarla, como si fuera una referencia idealista, infantil y anacrónica, es la pretendida marginación de Dios, intentando excluirle de la escena humana y social, educativa, cultural, política, económica, familiar, etc. Esto lleva a confundir la verdad con el retorcimiento de la inteligencia al servicio de los propios intereses personales o de grupo; y a enarbolar la bandera de los derechos en favor de los propios gustos; o a olvidar la medida de los propios derechos, en relación con los deberes y con el respeto a la vida, a la persona, al bien común, y a tantos otros puntos que han de darnos la medida de lo justo y de lo oportuno.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;9.- Al afirmar todo lo dicho precisamente en el Templo catedralicio, en un acto sagrado como es la celebración de la Santa Misa, y en ejercicio del ministerio episcopal que me concierne, puede parecer, si no me expreso correctamente, que es doctrina de la Iglesia rechazar el bienestar, coartar la libertad de las personas, recortar los derechos humanos, y limitar el ansia de felicidad; como si los cristianos tuviéramos un modelo de vida basado en una falsa y masoquista interpretación de la Cruz de Jesucristo y de la ascesis que requiere nuestra necesaria y constante conversión. Si esto fuera así, yo estaría traicionando el Evangelio. El Señor nos dice: &lt;i&gt;“yo quiero que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”&lt;/i&gt; (cfr. 1Tim 2, 4). Y, para evitar posibles interpretaciones de escapismo o desprecio de este mundo, y de negación de un legítimo bienestar de las personas, añade en otro momento: &lt;i&gt;“Buscad el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura”&lt;/i&gt; (Mt 6, 33&lt;/span&gt;&lt;a href="" name="_GoBack"&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;). Por tanto, todo lo demás es legítimamente deseable por el hombre que busca el Reino de Dios. Lo que ocurre es que el criterio evangélico, que favorece la vida en plenitud, que propicia el crecimiento integral de la persona y de la sociedad, y que impulsa el verdadero progreso de los pueblos, ha de tener una referencia objetiva con garantías de verdad y de justicia, y con independencia de intereses particulares de cualquier orden. Y esa referencia solo puede ser Dios, manifestado en Jesucristo. Él ha compartido con nosotros la historia, ha tenido que afrontar los avatares sociales, y ha sufrido y corregido valientemente las ideologías, los excesos de poder, y la capacidad humana de tergiversar la verdad cuando las personas son arrastradas por la fuerza de una influencia social sometida a los intereses de unos pocos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;El mismo Jesucristo ha enseñado a sus Apóstoles que el camino de la virtud es el que lleva a Dios y, por tanto, a la plenitud del hombre creado a su imagen y semejanza. Y nos ha manifestado con palabras y con su testimonio de vida que ese camino debe incluir la atención, el cultivo, el uso y el disfrute ordenado de todo lo terreno. Dios mismo puso en manos del hombre la creación entera encargándole que dominara la tierra. Pero todo ello, está orientado para bien del hombre mismo si el hombre es capaz de disponer de la naturaleza, sin impedir su desarrollo y sin provocar su destrucción. Lo cual no es posible sin una escala de valores, y sin un orden sabio y una referencia permanente que establezcan las prioridades en caso de colisión de intereses. Así nos lo enseña S. Pablo diciéndonos: &lt;i&gt;“Todo es vuestro, vosotros de Cristo y Cristo de Dios”&lt;/i&gt; (1 Cor, 3, 23). He aquí el principio de la verdadera ecología humana y cósmica. He aquí el principio del crecimiento, coherente con la identidad del hombre y de la creación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;10.- En el curso de esta exposición homilética, es posible que alguno se haya preguntado: Y todo esto ¿qué tiene que ver con San Juan Bautista? La respuesta es muy sencilla; nos la da la palabra de Dios que acabamos de escuchar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;En primer lugar, S. Juan Bautista, como precursor del Mesías que había de venir, deja bien claro que es necesaria una conversión interior capaz de orientar y regir en la verdad de Dios toda la vida humana. Él predicaba un Bautismo de penitencia, de cambio de vida, de reordenación sobrenatural ofrecida por Dios a través de los profetas, como ahora la hemos recibido nosotros del mismo Jesucristo en el Evangelio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Juan Bautista, recibe la alabanza del Señor por su servicio a la verdad de Dios como referencia fundamental y como criterio ordenador de su vida. Eso mismo es lo que predicaba a los que le seguían, admirados de sus palabras y de su conducta. Juan Bautista nunca se puso en lugar de Jesucristo, sino que rompió los equívocos nacidos de la admiración que le tenían sus discípulos. Les decía: &lt;i&gt;“Yo no soy quien pensáis, viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias” &lt;/i&gt;(Hch. 13, 25). &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Quien asume la prioridad de Dios como principio y referencia de la vida humana, de la ordenación de la sociedad y de la utilización de la naturaleza, no queda sometido a la versatilidad provocada por intereses momentáneos, por impresiones pasajeras, o por la fuerza de determinados poderes. Por eso Jesucristo dijo de Juan Bautista: &lt;i&gt;“¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento?...¿A qué salisteis, a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito: Yo envío a mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti… En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan Bautista&lt;/i&gt;” (Mt. 11, 7-11).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;11.- En el día de nuestro patrono, pidamos a Juan Bautista que nos ayude a tomar ejemplo de su palabra y de su vida, tan recta y coherente, que no pudo escapar del martirio provocado por quienes buscaban el éxito fácil y el encubrimiento de sus propias concupiscencias bajo el banderín de los propios derechos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Que la santísima Virgen María, a la que invocamos también como Patrona bajo el ejemplar título de la soledad, nos ayude a mantener firme el temple cristiano frente a las dificultades sociales. Y ello, aunque ello nos pida salir de nuestras propias comodidades y plantearnos muy seriamente cual es nuestro lugar en la sociedad como testigos de la verdad, del amor, de la justicia y de la paz de Dios nuestro Señor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;QUE ASÍ SEA.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-4624933234978883263?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/4624933234978883263/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=4624933234978883263&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/4624933234978883263'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/4624933234978883263'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/06/homilia-en-la-fiesta-de-san-juan.html' title='HOMILÍA EN LA FIESTA DE SAN JUAN BAUTISTA -2011-'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-442706683254657972</id><published>2011-06-23T13:32:00.000-07:00</published><updated>2011-06-27T13:33:31.369-07:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN LAS PRIMERAS VÍSPERAS DE SAN JUAN BAUTISTA - 2011</title><content type='html'>&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Queridos hermanos sacerdotes concelebrantes,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Queridos miembros de la Vida Consagrada y hermanos seglares todos:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;El Señor está empeñado en nuestra salvación. Y, como nos creó libres, a su imagen y semejanza, hace de su empeño salvador un ofrecimiento constante y respetuoso. El recordado Papa Juan Pablo II decía que Dios no se impone, sino que se ofrece.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;El ofrecimiento que Dios nos hace de la salvación que necesitamos no se reduce a mostrarnos una realidad incomprensible, dada su condición de Misterio divino. El Señor se vale de muy diversos medios para demostrarnos la radical necesidad que tenemos de ser salvados. Para ello, mediante la palabra de quienes hablaban en su nombre como Patriarcas, profetas y apóstoles, nos ha ido presentando la triste suerte de quienes han sido marcados por el pecado quedando bajo el peligro de la tentación del maligno.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Pero, como el amor de Dios no abandona a sus criaturas en los difíciles trances de su existencia, al tiempo que n os muestra las graves consecuencias del pecado, nos llama y nos ayuda para que decidamos asumir nuestra responsabilidad y emprendamos libremente el camino de la conversión hacia la vida. La Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición de la Santa Madre Iglesia nos dan abundantes muestras de todo ello; y nos muestra con especial fuerza ese mensaje de invitación a la vida y de esperanza en la salvación, aprovechando momentos muy destacados en el curso del Año Litúrgico. De ello son muestra notable los tiempos de Adviento y Navidad, los días de Cuaresma y Semana Santa, y las fiestas de los santos que mantienen una relación singular con nosotros como individuos y como Comunidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;La fiesta de S. Juan Bautista, Titular de nuestra Catedral y Patrono de la Ciudad, nos hace oír la llamada del Señor a la conversión y a la vida, precisamente a través de las palabras y del testimonio del más grande entre los nacidos de mujer, como afirma Jesucristo de su primo y precursor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;La palabra de Dios que hemos escuchado, tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles, nos enseña que, en el camino que estamos llamados a recorrer para alcanzar la salvación, Dios toma la iniciativa caminando delante de nosotros. El Señor inicia el camino sacando &lt;i&gt;”de la descendencia de David un salvador para Israel: Jesús”&lt;/i&gt; (Hch. 13, 23). Y, para que estuviéramos advertidos de la venida del Mesías salvador, además del anuncio realizado por los Profetas, envió delante a Juan Bautista como precursor. Él tenía la misión de preparar los caminos del Señor, preparando, a su vez, a quienes tenían que recibir al Mesías. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Juan predicó un bautismo de conversión, invitándonos a llenar los vacíos de nuestra vida cuando carece de Dios, y a que allanemos los obstáculos que puedan entorpecer el avance de Dios hacia nosotros y de nosotros hacia Dios. Ese es el sentido de la predicación del Bautista. Predicación que mantiene su plena actualidad para nosotros, dado que se refiere al punto central de nuestra vida, a la tarea principal de cuantas nos conciernen.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;El anuncio de la salvación hacía crecer el número de los discípulos que seguían a Juan Bautista; así llamado por el Bautismo que predicaba y del que hizo partícipe misteriosamente a Jesucristo mismo, autor de la vida y de la redención. Pero Juan Bautista, tenía muy clara conciencia de que era la voz que grita en el desierto invitando a preparar el camino al Señor, al salvador. No obstante, muchos, al escuchar sus palabras y al contemplar su ejemplar testimonio de vida, le confundían con el salvador. Por ello, Juan tomó con máximo interés advertir que quienes se quedaban en él no pasaban ni la mitad del camino de salvación. Juan insistía ante sus discípulos, que él tenía que menguar y que el Mesías tenía que crecer. Preciosa lección ésta, precisamente en estos tiempos en que tantos esperan ingenua y equivocadamente la salvación, la felicidad, la paz y la libertad como venidos de quienes no pueden ofrecernos nada de ello, porque no gozan del poder, de la sabiduría y de la santidad de Dios. Es más, si no recibimos la gracia que solo Dios puede darnos, difícilmente podremos utilizar acertada y positivamente todo cuanto pueda llegarnos a través de las personas de las que Dios puede valerse como mediaciones legítimas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;La gran lección de Juan Bautista queda bien manifiesta en las palabras que acabamos de escuchar &lt;i&gt;: “Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a quien n o merezco desatarle las sandalias”&lt;/i&gt; (Hch. 13, 25).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Pidamos a Juan Bautista, fiel precursor del Señor, que nos ayude a entender la llamada de Dios a la salvación; que n os ayude a conocer el camino interior que debemos preparar para recibir al salvador; que nos ayude a no interponernos entre Dios y quienes le buscan sinceramente; y que nos alcance la gracia de la conversión y de la fidelidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;QUE ASÍ SEA&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-442706683254657972?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/442706683254657972/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=442706683254657972&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/442706683254657972'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/442706683254657972'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/06/homilia-en-las-primeras-visperas-de-san.html' title='HOMILÍA EN LAS PRIMERAS VÍSPERAS DE SAN JUAN BAUTISTA - 2011'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-3938236792521617362</id><published>2011-06-14T13:38:00.000-07:00</published><updated>2011-06-27T13:39:03.387-07:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN LA MISA DE ACCIÓN DE GRACIAS POR EL NACIMIENTO DE D. RAFAELITO</title><content type='html'>&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Queridos hermanos sacerdotes concelebrantes,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Queridos feligreses miembros de la Vida Consagrada y seglares participantes en esta celebración litúrgica:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Celebramos hoy la Sagrada Eucaristía con la mirada y la fe puestas en el Misterio de nuestra redención. Este Misterio se actualiza en el espacio y en el tiempo en que se celebra cada Eucaristía, siendo el mismo acontecimiento que, de una vez para siempre, consumó Nuestro Señor Jesucristo muriendo en la Cruz y resucitando al tercer día. Este Misterio, que es el de nuestra redención, tiene, pues, como protagonista siempre a Jesucristo. Él obra a través de la Iglesia que es su Cuerpo místico del que Cristo mismo es el fundador y la cabeza. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;En la Cruz, el Señor se hizo propiciación por nuestros pecados; asumió ante el Padre Dios nuestra representación, puesto que era verdadero Dios y verdadero hombre; y, en ese misterioso gesto de amor infinito, reconstruyó nuestra relación con Dios rota por el pecado de Adán y Eva. Por el pecado de nuestros primeros padres, que llamamos pecado original, habíamos quedado separados de la fuente de la Vida, que es Dios, y, por tanto, abandonados a la muerte espiritual que es la consecuencia inevitable de todo pecado grave.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Toda vez que participamos en la Eucaristía, nuestra mente ha de orientarse hacia Dios dándole gracias por la obra de la redención universal consumada por Jesucristo. Y, al mismo tiempo, unidos al Señor en su amor por nosotros y movidos por su ejemplo, debemos asumir la parte que nos corresponda a cada uno en el deber de procurar la salvación de nuestro prójimo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Esta reflexión sobre nuestra responsabilidad apostólica, es la que nos anima a dar gracias a Dios por contar entre nosotros con hermanos en la fe sacerdotes, religiosos y seglares que han sido en su vida un verdadero testimonio de entrega en favor de la salvación de los hermanos. Entre ellos, muy cercano en el tiempo y conocido por muchos que todavía viven, recordamos la figura y la memoria de la entrega apostólica del Sacerdote, popular y cariñosamente, llamado D. Rafaelito. Por eso, al celebrar el centenario de su nacimiento, queremos dar gracias a Dios que lo llamó, lo ungió y lo envió como pastor de las almas en nuestra Iglesia particular.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Es muy importante que sepamos valorar y agradecer como un don de Dios todo cuanto hemos recibido, bien sea enriqueciéndonos con cualidades y oportunidades personales, bien sea ofreciéndonos el ejemplo, el estímulo y la ayuda de las personas que ha puesto a nuestro lado y de cuyo ejemplo de virtudes hemos podido aprender. Por eso, lejos de cualquier intento de tributar culto a D. Rafaelito, sobre cuya santidad no se ha manifestado la santa Madre Iglesia, es correcto, y en cierto modo un deber, elevar al Señor un himno de gratitud por el bien que este presbítero ha hecho a tantas personas mediante el ejercicio de su ministerio sacerdotal. Y, como agradecimiento a quien fue un regalo del Señor para los fieles de nuestra Iglesia particular, no debemos olvidarnos de pedir al Señor que derrame su infinita misericordia sobre el alma de este sacerdote ejemplar para que disfrute de la bienaventuranza eterna.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;El amor al que Jesucristo nos invita hoy en el santo Evangelio, ha de motivarnos a tomar ejemplo de Jesucristo, de quien aprendió tanto D. Rafaelito. Movidos por el deseo de vivir en ese amor debemos renovar ante el Señor nuestra decisión de serle fieles y de cumplir con nuestra misión apostólica. Para ello es importante que pidamos al Señor firmeza en la fe, fortaleza en el ánimo, espíritu de superación, y generosidad en la entrega. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Pongamos a la Santísima Virgen María como intercesora para que presente nuestra gratitud y nuestra súplica ante el trono de Dios nuestro Señor. Y pidámosle que, como madre solícita, nos acompañe siempre con su tutela amorosa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;QUE ASÍ SEA&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-3938236792521617362?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/3938236792521617362/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=3938236792521617362&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/3938236792521617362'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/3938236792521617362'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/06/homilia-en-la-misa-de-accion-de-gracias.html' title='HOMILÍA EN LA MISA DE ACCIÓN DE GRACIAS POR EL NACIMIENTO DE D. RAFAELITO'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-6511644229604794145</id><published>2011-06-11T13:08:00.000-07:00</published><updated>2011-06-27T13:10:32.612-07:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN LA VIGILIA DE PENTECOSTÉS   (Año 2011)</title><content type='html'>&lt;div align="center" class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;strong&gt;INSTITUCIÓN DE MINISTROS EXTRAORDINARIOS DE LA SAGRADA COMUNIÓN&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Mis queridos sacerdotes concelebrantes y diáconos asistentes, &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Queridos hermanos y hermanas &lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;que &lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;vais a ser enviados como Ministros Extraordinarios de la Comunión,&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Queridos fieles cristianos, consagrados y seglares que participáis en esta solemne celebración:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;1.- Demos gracias a Dios que nos ha permitido celebrar&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;los sagrados misterios&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;de la Encarnación y de la Redención, llevados a término por Jesucristo nuestro Señor. Ellos constituyen la más elocuente expresión del amor infinito de Dios a la humanidad. Por eso, constituyen un inconmensurable regalo de Dios, y son&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;la fuente de nuestra esperanza,&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;y la referencia más certera&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;para nuestra vida cristiana y para nuestra salvación.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;2.- La celebración&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;de los misterios de nuestra redención, que comenzaron con la Encarnación,&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;llegan a su culmen precisamente en la fiesta de Pentecostés. Podemos decir, también, que el camino a seguir por los Apóstoles para llegar a entender y aceptar por la fe la obra de Jesucristo, tiene un momento imprescindible y una condición necesaria, que es la venida del Espíritu santo. Nos lo enseña&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;el Apóstol Pablo diciendo: “&lt;i&gt;El Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad”&lt;/i&gt; (Rom. 8, 26). &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Es el Espíritu Santo quien nos ayuda a entender el mensaje que el Señor nos ha predicado (cf. Jn. 14, 26).&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Es el Espíritu Santo quien &lt;i&gt;“intercede por nosotros con gemidos inefables”&lt;/i&gt; (Rom. 8, 26) porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene (cf. Rom. 8, 26).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;El Espíritu Santo es el compañero inseparable y necesario de nuestro caminar cristiano hacia el encuentro, progresivamente más íntimo, con el Señor, hasta que podamos compartir definitivamente la herencia de los santos en la luz (cf. Col 1, 12).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;El Espíritu Santo, acudiendo en nuestra ayuda, nos capacita para conservar y cultivar nuestra esperanza cristiana.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;El Espíritu Santo es el que nos ayuda a entender que es deber nuestro y condición para nuestra plenitud, crecer en santidad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Es el Espíritu Santo quien nos anima a procurar la salvación de&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;los hermanos. Él es el principio de nuestra santificación y el que nos lanza y nos mantiene decididos a ejercer el apostolado con generosidad y constancia. &lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;3.- En este Día, en el que celebramos la irrupción del Espíritu Santo&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;sobre el miedo y la indecisión de los Apóstoles, lanzándoles a ser testigos valientes de Jesucristo y ministros de la Iglesia, el Señor quiere enriquecer a su Iglesia llamando y enviando a unos fieles suyos para que ayuden a los sacerdotes en la misión de acercar la Sagrada Eucaristía a los hermanos en la fe. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Hoy, pues, bajo la acción del Espíritu Santo, y enriquecidos con sus dones, celebramos el amor y la magnanimidad del Señor para con nosotros, siervos inútiles, porque nos manifiesta que vela solícitamente para que a todos pueda llegar el don sacratísimo de la Eucaristía. Y, para ello, elige como ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión, a unas personas que puedan ayudar a los&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;ministros ordinarios que son siempre los Sacerdotes y los Diáconos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;4.- Para vosotros, queridos hermanos y hermanas, miembros de la Vida Consagrada y seglares, la bendición de la Iglesia y el ministerio que de ella vais a recibir, ha de estimularos a una permanente gratitud al Señor y a un amor cada vez más intenso y filial a la santa Madre Iglesia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Lejos de sucumbir a toda tentación de sobrada autoestima,&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;y a toda conciencia de superioridad sobre cualquiera de los hermanos y hermanas que gustarían haber sido llamados para prestar este servicio tan vinculado a la acción litúrgica de la Iglesia, debéis sentir la responsabilidad de vincularos más fuertemente al Señor mediante una seria formación doctrinal y cristiana, mediante la práctica asidua de la oración, mediante la devota y frecuente &lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;participación en los sacramentos, y&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;mediante el esmerado&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;ejercicio del ministerio que hoy se os encomienda.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;5.- El ministerio extraordinario de la sagrada Comunión, oportuna y discretamente ejercido, enriquece a la Iglesia en los recursos necesarios para el maternal cuidado de los fieles; especialmente de los enfermos y ancianos que no disponen de la movilidad necesaria para a cercarse al Templo. Pero os vincula a una seria responsabilidad y a un esfuerzo no siempre fácil. Me refiero al servicio ministerial de la Sagrada Comunión especialísimamente en el Día del Señor, como un acercamiento de los fieles impedidos a la acción litúrgica de la Santa Misa&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;que ha reunido a los hermanos en torno al Altar del Señor. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;La administración de la Sagrada Comunión&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;a los impedidos no debe someterse a la propia comodidad eligiendo el momento que menos carga supone para cada ministro extraordinario. Eso podría consentirse, de algún modo y no por sistema, cuando el ministro fuera sólo el sacerdote, obligado a atender otras urgencias litúrgicas y pastorales en el mismo día del Señor.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;Tampoco es correcto llevar la Sagrada Comunión “de paso” hacia otros menesteres, o al regresar de ellos. El ministro extraordinario de la sagrada Comunión ha de entender su servicio como una gracia que el Señor le concede para colaborar en la acción santificadora de los&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;que no se valen por sí mismos. Por tanto, ha de mirar el servicio que se le encomienda, como un derecho, en cierto sentido, de aquellos a quienes debe servir con su ministerio.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;6.- El ejercicio del ministerio que hoy recibís, ha de ser vivido como una oportunidad de santificación propia. Llevar al Señor por la calle debe serviros para andar sumergidos en un clima de reflexión, de contemplación y de oración por tantas intenciones como tiene la Iglesia cada día. De ellas debemos hacernos eco, sin menoscabo de las intenciones particulares que nos preocupan, o que otros nos encomiendan. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Del mismo modo, el encuentro con el enfermo o con el anciano, de acuerdo con el Ritual que se os ha entregado, debe propiciar en ellos la disposición adecuada para vivir un momento sagrado en el rincón de la casa o en el lecho del dolor. Ayudar al enfermo en su&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;preparación personal e inmediata para recibir al Señor Sacramentado,&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;y a&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;iniciar la acción de gracias posterior por haber venido a él, son&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;parte del ministerio; por tanto, merecen todo el cuidado que esté en las manos del ministro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;7.-En lo que se refiere al ejercicio del ministerio extraordinario dentro del templo, es muy oportuna la austeridad, evitando los excesos innecesarios. No es correcto que el Sacerdote esté sentado mientras los ministros extraordinarios reparten la Sagrada Comunión. Este comportamiento del seglar o del religioso o religiosa no sería un testimonio de servicial generosidad, sino una muestra de un aparente juego de ilusiones y comodidades no precisamente ejemplares. La exquisitez, basada en la visión sobrenatural del ministerio, ha de presidir las actitudes y las acciones de los ministros.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;8.- Llegados a este momento de la reflexión homilética quiero invitaros a dar gracias al Señor porque os ha llamado y enviado para ser ministros extraordinarios del Sacramento por excelencia de la Redención, del Sacramento por excelencia de la intimidad con Dios; del Sacramento por excelencia que abre a la esperanza la vida de quienes lo reciben;&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;y que da sentido sobrenatural&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;a las alegrías y a las penas, a la salud y a la enfermedad, a los éxitos y a los fracasos, a las ilusiones y a los momentos oscuros.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Ante el don que vais a recibir,&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;os invito a uniros con todos los presentes en la oración que nos brinda el Salmo interleccional: &lt;i&gt;“Bendice, alma mía, al Señor: ¡Dios mío, qué grande eres!... Cuántas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con sabiduría”&lt;/i&gt; (Sal. 103).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;QUE ASÍ SEA&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-6511644229604794145?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/6511644229604794145/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=6511644229604794145&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/6511644229604794145'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/6511644229604794145'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/06/homilia-en-la-vigilia-de-pentecostes.html' title='HOMILÍA EN LA VIGILIA DE PENTECOSTÉS   (Año 2011)'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-3617884597453448623</id><published>2011-06-11T13:06:00.000-07:00</published><updated>2011-06-27T13:08:27.348-07:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN LAS PRIMERAS VÍSPERAS DE PENTECOSTÉS - 2011</title><content type='html'>&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Queridos hermanos Sacerdotes y Diáconos,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Queridos miembros de la Vida Consagrada y seglares:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;1.- Esta plegaria litúrgica de la tarde, que conocemos como el canto de Vísperas, inicia la celebración litúrgica de Pentecostés. Toda la fiesta que dedicamos al Espíritu Santo constituye una invitación a hacer un acto de fe en la tercera Persona de la Santísima Trinidad. Acto de fe por el que también reafirmamos en nosotros la aceptación de cuanto nuestro Señor Jesucristo nos ha enseñado acerca del Espíritu Santo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Aceptar la existencia del Espíritu Santo y las enseñanzas de Jesucristo acerca de su obra, lleva consigo creer firmemente en que su acción es imprescindible en la Iglesia y en notros. Dios, que es indivisible, obra en la creación, en nosotros, en la Iglesia y en el mundo, de tal forma que las tres divinas Personas quedan implicadas en su singularidad personal tanto como en su común naturaleza divina. Por eso, cuando los cristianos alabamos a Dios por lo que ha hecho en favor nuestro como Padre creador, como Hijo redentor y como Espíritu Santo santificador, entonamos la oración del Gloria en que alabamos a las tres divinas personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es necesario, por tanto, que, al recitar o entonar esta oración de alabanza, tomemos conciencia de lo que decimos;&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;y, haciendo un acto de fe en el Misterio de la Santísima Trinidad, alabemos y demos gracias a Dios que lo obra todo en todos, y que todo lo ha dispuesto para nuestro bien.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;2.- En la fiesta de Pentecostés se impone una reflexión contemplativa, a partir de la palabra de Dios que nos transmite la Santa Madre Iglesia, fijando nuestra atención, al menos, en algunas de las obras o dones con que el Espíritu Santo nos ayuda y enriquece.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;El Espíritu Santo &lt;i&gt;“da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios; y, si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo;&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;de modo que si sufrimos con él, seremos también glorificados con él” &lt;/i&gt;(Rom. 8, 16-17). &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Es la acción del Espíritu Santo la que nos permite entender y valorar la obra de Jesucristo en favor nuestro. Por eso, Jesucristo nos dice que es necesario que él se vaya para enviarnos al Espíritu, &lt;i&gt;“porque cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena”&lt;/i&gt; (Jn. 16, 13). Él será “&lt;i&gt;quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho”&lt;/i&gt; (Jn. 14, 26).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;3.- Es el Espíritu Santo quien habita en nosotros convirtiéndonos en templos vivos, según nos enseña S. Pablo diciéndonos: &lt;i&gt;“¿No sabéis que sois templos de Dios y que el Espíritu de Dios ha bita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el tempo de Dios es santo; y ese templo sois vosotros”&lt;/i&gt; (1 Cor.&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;3, 16-17).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;4.- Es el Espíritu Santo quien obra en nuestro interior la conversión, de la misma forma que lo hizo en los Apóstoles cuando estaban reunidos en el cenáculo por miedo a los judíos. Al llegar el Espíritu Santo y actuar en ellos, cambiaron el miedo en valentía y dieron testimonio de Jesucristo con toda claridad (cf. Hch. 2, 15-17).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Es el Espíritu Santo quien nos capacita para dar testimonio de Jesucristo en los momentos difíciles, porque, según nos enseña Jesucristo, &lt;i&gt;“no seréis vosotros los que habléis sino el Espíritu Santo”&lt;/i&gt; (Mc. 3, 11). Es, por tanto, el Espíritu Santo quien nos capacita para el apostolado al que Dios nos llama desde el Bautismo: &lt;i&gt;“Recibiréis el Espíritu Santo&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;que va a venir sobre vosotros -&lt;/i&gt;dice el Señor a sus apóstoles&lt;i&gt;- y seréis mis&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta el confín de la tierra”&lt;/i&gt; (Hch. 1, 8).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;5.- Es el Espíritu Santo quien santifica los dones del pan y del vino, que presentamos en el ofertorio de la Misa, &lt;i&gt;“de manera que sean para nosotros Cuerpo y Sangre de Jesucristo nuestro Señor”&lt;/i&gt;(Ordin. De la Misa), como pide el Sacerdote celebrante al preparar la Consagración.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;6.- Es el Espíritu Santo quien hace la unidad de la Iglesia, según pide también el celebrante en la Plegaria Eucarística, diciendo: &lt;i&gt;“Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo”&lt;/i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;7.- Por todo ello, nuestra oración litúrgica hoy ha de elevarse al cielo dirigida al Espíritu Santo, como nos invita a hacer la antífona del Magníficat,&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;pidiéndole que venga a nosotros, que llene nuestros corazones y encienda en nosotros la llama del amor de Dios. Que fortalezca nuestra fe y no ayude a recibir el mensaje de Jesucristo y a serle fieles hasta el fin de nuestros días.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;QUE ASÍ SEA&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-3617884597453448623?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/3617884597453448623/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=3617884597453448623&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/3617884597453448623'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/3617884597453448623'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/06/homilia-en-las-primeras-visperas-de.html' title='HOMILÍA EN LAS PRIMERAS VÍSPERAS DE PENTECOSTÉS - 2011'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-1368189173344291960</id><published>2011-06-06T13:02:00.000-07:00</published><updated>2011-06-27T13:04:51.451-07:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN LA FIESTA DE LA ASUNCIÓN DEL SEÑOR A LOS CIELOS, 2011</title><content type='html'>&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Mis queridos hermanos sacerdotes con celebrantes y diácono asistente,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Queridos miembros de la Vida Consagrada y seglares participantes en esta celebración:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;1.- La palabra de Dios, proclamada hoy en la fiesta de la Ascensión del Señor a los Cielos, nos sitúa simultáneamente ante el Misterio de Jesucristo y ante nosotros mismos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;2..- El Señor se nos muestra con toda su majestad ascendiendo victorioso a los cielos con su propio poder. La Resurrección de entre los muertos, venciendo a la muerte y al pecado, que la causaba y la convertía en la mala suerte definitiva de la humanidad, fue el acto que culminó la redención. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Si Jesucristo hubiera permanecido en el sepulcro, no hubiera manifestado su divinidad y, consiguientemente, hubiera quedado bajo interrogante la fuerza redentora de su muerte sacrificial. S. Pablo nos lo recuerda diciéndonos: &lt;i&gt;“Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana es también vuestra fe”&lt;/i&gt; (1 Cor. 15, 14). La misma Encarnación como entrada del Hijo de Dios en la historia humana, podría ser entendida como un mito de difícil interpretación. En consecuencia, el misterio del Niño Dios quedaría, en la lejanía del tiempo, muy poco relacionado con la promesa divina de salvación que nos narra el libro del Génesis. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;La irresponsabilidad de Adán y Eva ante Dios, cuando les pide cuentas por haberle desobedecido comiendo del fruto prohibido, se había envuelto en la cobarde excusa que consiste en acusar al otro del propio pecado. Adán acusó a Eva, y Eva acusó a la serpiente. Tuvo que ser Dios mismo, llevado de su infinito amor a la humanidad, creatura suya predilecta, quien pronunciara estas palabras en las que comprometía su Verdad: &lt;i&gt;“Pongo hostilidad entre ti&lt;/i&gt; (la serpiente, que encarna al diablo) &lt;i&gt;y la mujer&lt;/i&gt; (la Virgen María madre de Jesucristo), &lt;i&gt;entre tu descendencia y su descendencia; esta te aplastará la cabeza, cuando tú la hieras en el talón”&lt;/i&gt; (Gn. 3, 15).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;3.- Pero el triunfo de Jesucristo sobre el pecado y la muerte, no eximía al hombre de su propia responsabilidad en adelante. Al contrario: el Señor une la salvación de cada uno, en aplicación de los frutos de la redención universal, a su propia fidelidad personal, a su incorporación al Pueblo de Dios, a su integración como miembro vivo en su Cuerpo místico que es la Iglesia. Por eso, antes de subir al Cielo, y confiando a sus Apóstoles el ministerio de la Evangelización, dice Jesús: &lt;i&gt;“El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea será condenado”&lt;/i&gt; (Mc. 16, 16). Así como el Señor cargó sobre sí mismo la responsabilidad de nuestro pecado, y nos redimió capacitándonos para participar de su vida divina, así también nos advierte de nuestra propia responsabilidad llamándonos a escuchar su palabra y a cumplir cuanto en ella nos enseña para nuestro bien.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;4.- Pero no termina en ello nuestra responsabilidad si seguimos el ejemplo del Señor. El amor de Dios llevó a Jesucristo a acercarse a los hombres mediante su Encarnación, a compartir con ellos los avatares de la historia, y a salir fiador por todos los pecadores. El testimonio de su vida nos clarificaba y transmitía una enseñanza fundamental que se convertía en mandato: &lt;i&gt;“Esto os mando: que os améis unos a otros como yo os he amado”&lt;/i&gt; (Jn. 15,17). Por eso, al manifestarnos que es imprescindible la fidelidad personal para ser salvados, también nos enseña que debemos tener en cuenta lo que nos ha mandado. Estas son las palabras de Jesucristo antes de subir a los cielos. Después de advertir que se le ha dado todo el poder en el cielo y en la tierra (cf. Mt. 28, 18), añade: &lt;i&gt;“Id y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándoles en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo: enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”&lt;/i&gt; (Mt. 28, 19-20).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;5.- La obediencia de Jesucristo al Padre en la gran gesta de la redención, no se queda siendo un acto con el que logra para nosotros el inmenso don de la redención, sino que se convierte, además, en el ejemplo vinculante de lo que debemos hacer en adelante. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Jesucristo nos manda, pues, que seamos apóstoles; nos urge a romper la vergonzosa actitud de Adán y Eva que pretendían excusar el propio pecado culpando al otro; y nos pide que seamos caritativos asumiendo las necesidades de los otros. Deja claro, además, que la primera y la más importante de todas las necesidades de la persona es conocer a Jesucristo y participar de su redención. Por eso, la Iglesia nos recuerda hoy, en la primera lectura, las palabras que los ángeles dirigieron a los Apóstoles, todavía admirados al ver cómo el Señor subía a los cielos: &lt;i&gt;“Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo, volverá como le habéis visto marcharse”&lt;/i&gt; (Hch. 1, 11).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Estas palabras son una llamada a trabajar para recibir y procurar que otros reciban también dignamente al Señor cuando venga sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria (cf. Mt. 24, 30).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;6.- El Misterio de la Ascensión del Señor a los cielos nos ha puesto ante Jesucristo, y nos ha invitado a contemplar la culminación del su acción redentora; acción en que nos manifiesta plenamente el amor infinito con que Dios nos distingue.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Pero la Ascensión del Señor nos ha puesto, a la vez, ante nosotros mismos, ante la suerte que nos guarda el Señor por su infinito amor y misericordia. El misterio que hoy celebramos nos recuerda aquellas palabras con las que Jesucristo anunciaba que partía hacia el Padre para prepararnos un lugar junto a él en la gloria. Así lo había pedido en su oración con los discípulos al terminar la última Cena: &lt;i&gt;“Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo”&lt;/i&gt; (Jn. 17, 24).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Por tanto, en esta solemne celebración de la Ascensión del Señor a los cielos, hagamos nuestra la oración inicial de la Misa pidiendo a Dios que nos conceda exultar de gozo y darle gracias…porque la Ascensión de Jesucristo es ya nuestra victoria, y donde nos ha precedido Él, que es nuestra cabeza, esperamos llegar también nosotros como miembros de su cuerpo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 2;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;QUE ASÍ SEA&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-1368189173344291960?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/1368189173344291960/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=1368189173344291960&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/1368189173344291960'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/1368189173344291960'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/06/homilia-en-la-fiesta-de-la-asuncion-del.html' title='HOMILÍA EN LA FIESTA DE LA ASUNCIÓN DEL SEÑOR A LOS CIELOS, 2011'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-2496370398699402962</id><published>2011-06-05T12:59:00.000-07:00</published><updated>2011-06-27T13:01:31.556-07:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN LAS PRIMERAS VÍPERAS DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR</title><content type='html'>&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Queridos hermanos Sacerdotes y Diáconos,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Queridos Seminaristas, religiosas y seglares participantes en esta oración Litúrgica:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;1.- La palabra del Señor suele ser muy sencilla en sus expresiones, pero muy profunda y, a veces, bastante compleja a la hora de desentrañar su contenido. La razón es muy sencilla: nos habla del Misterio de Dios, cumplido y manifestado en Jesucristo. Misterio al que no podemos acceder en esta vida con nuestra sola inteligencia, sino que necesitamos la fe para percibirlo; pero, incluso con la fe no llegamos a comprenderlo. No lo entenderemos en toda su riqueza hasta que el Señor nos ayude con la luz de la gloria, una vez llegados a su presencia en el cielo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;2.- Hoy la palabra de Dios, proclamada por la Iglesia, nos habla del Misterio de la Ascensión gloriosa de Jesucristo a los cielos. Con esta acción, incomprensible para nuestra inteligencia, culmina el curso de su presencia en la historia. Durante los treinta y tres años de su permanencia entre nosotros, compartió nuestra suerte humana en todo menos en el pecado. Esa presencia fue el cumplimiento pleno de la voluntad redentora de Dios Padre. La había manifestado ya desde que Adán y Eva cometieron el pecado original del que todos participamos hasta que hemos recibido el Bautismo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;3.- La redención, anunciada ya en el libro del Génesis, es predicada hoy por la santa Madre Iglesia mediante unas palabras de S. Pablo en la carta a los efesios. Dice el Apóstol: &lt;i&gt;“Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo”&lt;/i&gt; (Ef. 2, 4-5).&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;La gran hazaña de la redención, por la que, de una vez para siempre, se nos ha capacitado para relacionarnos con Dios y para heredar su gloria, si le somos fieles, se convierte en permanente oportunidad para todos los hombres y mujeres de todas las edades, condiciones y razas Basta con que escuchemos la palabra de Dios y recibamos su gracia en los Sacramentos. Por ello, cada vez que se proclama el Evangelio, el Señor nos está llamando y tendiendo la mano para que participemos de su vida. Esa es la única forma de gozar luego de su gloria en la vida eterna.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;4.- Si la vida humana privada de la Vida divina, que es la gracia de Dios, no es plenamente la vida para la que el Señor nos ha creado y nos ha elevado al orden sobrenatural, podemos decir con toda razón que sin la gracia de Dios estamos interiormente, espiritualmente muertos. Esa era la condición de la humanidad entera después del pecado original. Esa es también, la situación de de cada persona, aunque por nuestra plena responsabilidad y no por herencia de nuestros primeros padres, cuando pierde la gracia de Dios por cometer un pecado grave; de ahí que se llame pecado mortal. Por eso, el Apóstol nos dice hoy que, en esa situación, no solo no tenemos derecho alguno a participar de la vida divina y de la futura gloria, sino que ni siquiera podemos si el mismo Dios no vuelca su amor infinito sobre nosotros regalándonos el perdón. Perdón que, al borrar el pecado mortal, realiza en nosotros una verdadera resurrección interior. Así nos lo expresa San Pablo diciendo: Por pura gracia estamos salvados. Dios nos ha resucitado con Cristo Jesús (cf. Ef. 2, 6).&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;5.- Esa es la obra de salvación que realiza la Pascua sagrada en quienes se abren a la obra misericordiosa de Dios y participan en la celebración de los Misterios de Jesucristo. Misterios de cuyos frutos nos beneficiamos, una vez recibido el Bautismo, cuando participamos en la santos Sacramentos, especialmente en la Penitencia y, sobre todo, en la Eucaristía. La Pascua sagrada que celebramos con toda solemnidad cada año duran te el triduo sacro en la Semana Santa, y también en cada Eucaristía, hace presente, sin repetir de ningún modo lo que ocurrió de una vez para siempre, la misma redención universal; y nos invita a beneficiarnos de ella convocándonos a morir interiormente al pecado y a buscar en Cristo resucitado la vida que nos transforma interiormente y nos salva.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;6.- Al reunirnos en esta oración litúrgica, que es oración de toda la Iglesia, estamos elevando a Dios una plegaria de alabanza y de gratitud por la magnánima obra de la salvación con que nos ha obsequiado misteriosamente. Y, al mismo tiempo, estamos pidiéndole humilde y confiadamente que esta salvación llegue a todos. Por ello, en esta oración nos estamos uniendo a Jesucristo en su obediencia al Padre y en su obra redentora. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;Unidos a Jesucristo, cabeza de la Iglesia que es su Cuerpo Místico, contribuimos a la expansión del Reino de Dios. Reino que consiste en que Cristo nuestro Señor viva y reine en cada uno de quienes le buscan y le reciben con sincero corazón. Contribuimos a la expansión del Reino de Dios cuando hacemos apostolado con nuestros semejantes y cuando oramos y ofrecemos por ellos la Eucaristía y los sacrificios personales.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;7.- La importancia de nuestra contribución a la obra salvadora, al modo como estamos diciendo, queda expresamente manifiesta cuando Jesucristo, a punto de ascender a los cielos, se dirige a sus Apóstoles con estas palabras: &lt;i&gt;“Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándoles en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”&lt;/i&gt; ( Mt. 28, 18-20).&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;8.- Llenos de gratitud por haber sido llamados a participar en el Misterio de la Redención, y llenos de satisfacción ser capaces de contribuir a la obra redentora de Jesucristo mediante la predicación de su palabra y la participación en los Sacramentos, la oración y la ofrenda personal, renovemos ante el Señor en esta tarde nuestra disposición de fidelidad a su palabra y a su gracia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;QUE ASÍ SEA&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-2496370398699402962?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/2496370398699402962/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=2496370398699402962&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/2496370398699402962'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/2496370398699402962'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/06/homilia-en-las-primeras-viperas-de-la.html' title='HOMILÍA EN LAS PRIMERAS VÍPERAS DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-5402792199491453436</id><published>2011-04-25T13:32:00.000-07:00</published><updated>2011-04-25T13:33:51.546-07:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN EL DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECCIÓN</title><content type='html'>Queridos hermanos sacerdotes y diácono asistente,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos hermanos y hermanas todos, religiosos y seglares:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La santa Madre Iglesia nos anuncia hoy un gozo inmenso, que da sentido y esperanza a nuestra vida en medio de todas las pruebas, adversidades y tribulaciones: “En verdad, ha resucitado el Señor. A Él la gloria y el poder por toda la eternidad” (Intróito de la misa). Por tanto, “este es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo” (Salmo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El motivo fundamental de este gozo está en que, como nos dice S. Pablo, si Cristo ha resucitado, hemos resucitado con él. Cristo se encarnó y bebió el cáliz amargo de su Pasión y muerte, porque obraba en obediencia al Padre que le había enviado a salir fiador por nosotros. Por tanto, una vez aceptada por la fe la gracia de la intervención redentora del Señor, los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, “fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva. Pues si hemos sido incorporados a Él en una muerte como la suya, lo seremos también en una resurrección como la suya; sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado con Cristo, para que fuera destruido el cuerpo de pecado, y, de este modo, nosotros dejáramos de servir al pecado” (Rom. 6, 4-6). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante semejante regalo de Dios, que nadie sino él podía ofrecernos, la santa Madre Iglesia nos hace una invitación y nos propone una plegaria. Ambas figuran en el himno que hemos recitado al terminar la segunda lectura. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La invitación nos llega con estas palabras: “Ofrezcan los cristianos ofrendas de alabanza a gloria de la Víctima de la Pascua” Eso vamos a hacer uniéndonos a Jesucristo en la ofrenda que de sí mismo hace al Padre y que se actualiza en la Eucaristía tal como aconteció de una vez para siempre en la última Cena. Allí Jesucristo nos brindó el adelanto sacramental de su Muerte y Resurrección. Por tanto, nuestra participación en la Liturgia que estamos celebrando ha de gozar hoy de una atención y de una devoción especialísimas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La plegaria, que os propone el himno referido, implica nuestro reconocimiento de la realeza de Jesucristo, y, por tanto, nos compromete, al mismo tiempo, a reconocerle siempre como Señor nuestro y de todo lo creado; como el Señor a quien debemos servir sin reticencias ni dobleces. Así nos lo enseña el mismo Jesucristo venciendo al diablo que le tienta como hombre en el desierto: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto” (Mt. 4, 10). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al mismo tiempo, en esa misma plegaria pedimos a Dios que se apiade de nuestra miseria y de nuestras incoherencias, suplicándole que, por su misericordia, nos haga partícipes de su victoria santa. Así lo hemos recitado: “Rey vencedor, apiádate de la miseria humana y da a tus fieles parte en tu victoria santa”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seamos coherentes con los dones recibidos del Señor en la Pascua. Gozosos por haber sido incorporados a Cristo, por el Bautismo, en su Muerte y resurrección, y haber sido hechos hijos adoptivos de Dios y herederos de su gloria, demos gracias constantemente al Señor. Dispongámonos a aprovechar su gracia y seamos testigos fehacientes del triunfo definitivo de Jesucristo, como apóstoles de su redención y testigos de su Resurrección. En ella está la fuente de nuestra esperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-5402792199491453436?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/5402792199491453436/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=5402792199491453436&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/5402792199491453436'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/5402792199491453436'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/04/homilia-en-el-domingo-de-pascua-de.html' title='HOMILÍA EN EL DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECCIÓN'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-306623993734717256</id><published>2011-04-22T12:47:00.000-07:00</published><updated>2011-04-22T12:47:45.025-07:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN EL VIERNES SANTO 2011</title><content type='html'>Mis queridos hermanos sacerdotes y diáconos asistentes,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hermanas y hermanos todos, religiosas y seglares:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.- Acabamos de escuchar el impresionante relato de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo. Dice el Profeta, y se comprende al ser proclamado hoy el Evangelio, que “muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano” (Is. 52, 13).”Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado por los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado” (Is. 53, 2). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Arte religioso ha plasmado en todas sus formas esta impactante imagen de Jesús escarnecido y clavado sanguinariamente en la cruz. A través de los tiempos, las imágenes de los grandes maestros han ido ofreciendo a la consideración de los hombres y mujeres el cuadro verdaderamente conmovedor del Dios hecho hombre entregado a manos de la enemistad y del arbitrio de los hombres. El infinitamente poderoso, aparece misteriosamente sometido a la envidia y a la malicia de quienes querían ser más que él. Por ello, no cejaron en su empeño de llevarle a la muerte humillante e ignominiosa como traidor y blasfemo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.- Estamos ante la tragedia de siempre. Muchos acusan a Dios, ¡oh paradoja!, porque le consideran incomprensible y demasiado lejano al hombre, despreocupado y cómplice del mal que nos acecha y no entendemos; y como sordo a la llamada de nuestros intereses . Pero, cuando se manifiesta hecho hombre por amor a la humanidad, que estaba herida de muerte por el pecado; cuando se acerca a nosotros humilde, comprensivo, Maestro de bondad, promotor y defensor de la justicia y de la paz, y nos invita a la renovación interior en la verdad y en el amor, entonces le consideran como enemigo del hombre. El mismo profeta lo anuncia con estas palabras: “Lo arrancaron de la tierra de los vivos” (Is. 53, 8).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante semejante atrocidad, cuya explicación escapa a cualquier inteligencia recta, la pregunta brota espontánea: ¿Por qué? Y la respuesta nos llega también del profeta Isaías. La causa somos nosotros, los mismos que hacemos la pregunta. Dice el profeta: “Nuestro castigo saludable vino sobre él, sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino, y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes” (Is. 53, 5-6), “mi siervo justificará a muchos, cargando con los crímenes de ellos” (Is 53, 11).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3.- Las palabras del profeta, verificadas por la predicación de la Iglesia y por nuestra propia experiencia, constituyen una seria llamada a la penitencia, a unirnos al Señor en este Via-crucis de nuestra redención. Por eso, hoy es un día de penitencia, de ayuno y abstinencia en la tradición católica, un día de meditación, de silencio, de acompañamiento a Cristo muerto en la Cruz y sepultado para librarnos del castigo que merecen nuestros pecados, y para abrirnos las puertas de la vida y de la felicidad junto a Él en la gloria eterna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4.- Pero esta penitencia y este silencio meditativo, no pueden ir acompañados de tristeza y desconsuelo. El Señor nos ha redimido. Por tanto, el propósito de la enmienda es posible, nuestra renovación interior cuenta con la gracia necesaria por los méritos de Jesucristo, la salvación puede llegarnos, y la gloria eterna es nuestra herencia prometida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los que sabemos que Cristo ha resucitado podemos exclamar en humilde súplica al Señor: “A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado; tú que eres justo ponme a salvo. A tus manos encomiendo mi espíritu; tú, el Dios leal, me librarás” (Sal 30). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5.- Que esta oración nos acompañe y nos introduzca en la celebración de la Pascua de Resurrección.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-306623993734717256?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/306623993734717256/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=306623993734717256&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/306623993734717256'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/306623993734717256'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/04/homilia-en-el-viernes-santo-2011.html' title='HOMILÍA EN EL VIERNES SANTO 2011'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-4751880559993350784</id><published>2011-04-21T12:45:00.000-07:00</published><updated>2011-04-22T12:49:03.876-07:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN LA MISA DEL JUEVES SANTO</title><content type='html'>Queridos hermanos sacerdotes concelebrantes y diácono asistente,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos hermanos todos, miembros de la Vida Consagrada y seglares:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.- ¡Qué día tan grande es el que estamos celebrando! Es un día de importantísimos acontecimientos, de expresiones señeras que nos brinda la palabra de Dios, de sorprendente experiencia cristiana al encontrarnos con Jesucristo hecho servicio y regalo de amor hasta el extremo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el santo Evangelio nos dice hoy S. Juan: “Sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn. 13, 1).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me atrevo a decir que el Señor nos amó siempre hasta el extremo porque su obrar, como Dios, es permanentemente infinito; no puede ser oscilante. Lo que ocurre es que en sus manifestaciones humanas y en las acciones que realiza como hombre, hay formas distintas que, a nuestros ojos, aparecen con especial fuerza significativa. ¿Acaso es que Jesucristo nos amó más lavando los pies a sus discípulos que haciéndose en todo semejante al hombre menos es el pecado, naciendo en Belén como un niño pobre e indefenso, y conformándose con un pesebre como cuna? Lo que ocurre es que, había sido aclamado recientemente como rey en su entrada triunfal en Jerusalén; y se había manifestado, también recientemente, con suma autoridad al decidir sobre el Templo y restablecer el orden sagrado en sus atrios ante la admiración de todos. Había expulsado del Templo a los vendedores, y había dicho: “Mi casa es casa de oración y vosotros la habéis convertido en un mercado” (Mt. 21, 13). Después de todo esto, no podía menos que resultar sorprendente el hecho de que se levantara de la mesa, se ciñera y se pusiera a lavar los pies a sus discípulos. Este es un hecho que no puede tener más que dos interpretaciones: el desvarío o el amor. Prueba de ello es que Pedro, antes de saber lo que significaba ese gesto profundamente humilde, se niega y manifiesta con sus palabras que le parecía una sinrazón: “Señor, ¿lavarme los pies tú a mí ? (Jn. 13, 6). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.- El texto sagrado tiene una especial fuerza y belleza en esta narración. Dice así: “Sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido” (Jn. 13, 3-5).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Señor nos da a entender con este gesto muchas cosas y todas muy importantes. En primer lugar, nos da una lección de humildad como virtud necesaria si queremos seguir a Jesús. De hecho, Adán y Eva, muy lejos de la humildad, sucumbieron a la mayor de las soberbias desobedeciendo por querer suplantar a Dios. Les había dicho el diablo: “seréis como Dios en el conocimiento del bien y del mal” (Gn. 3, 5). La soberbia y la desobediencia suelen ir juntas; y ambas llevan a la perdición, como sabemos todos por experiencia propia o ajena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El lavatorio de los pies, en gesto soprendentemente humilde, nos ayuda a entender que Jesucristo asumiera tantas ofensas y escarnios en su Pasión por obediencia al Padre, aún a pesar de que esos trances le parecían humanamente insoportables. De ello nos da cuenta en el huerto de los olivos orando con estas palabras: “Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc. 22, 42). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3.- A la vista del testimonio y de las palabras de Jesús que estamos considerando, bien podemos entender cuán lejos estamos de la vida y de la plenitud si seguimos los principios y los estilos propios de esta cultura dominante que hace del laicismo y del relativismo su norma de conducta. Por el laicismo, se quiere desplazar a Dios de la esfera de la libertad, del pensamiento y de los comportamientos humanos. Por el relativismo, todo se refiere al juicio del hombre. El bien y el mal no se miden o valoran de acuerdo con una norma, con una palabra, con una autoridad suprema y trascendente, sino de acuerdo con lo que a cada uno le parece en cada momento; a lo sumo, de acuerdo con las leyes humanas; de tal modo que se estima como bueno lo que no está prohibido o castigado por la legislación vigente. Por este camino queda fuera de toda extrañeza que se considere bueno lo que apetece a cada uno y no está prohibido, aunque se trate del crimen de criaturas inocentes e indefensas en el mismo seno materno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si, pues, la humildad va tan unida a la obediencia a Dios, y al amor a Dios y al prójimo, recibamos la preciosa lección con la que Jesucristo culmina el lavatorio de los pies: “Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: “¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis &lt;el maestro=""&gt;y &lt;el señor=""&gt;, y decís bien, porque lo soy. (He aquí un testimonio de su realeza y autoridad a que antes aludíamos y ante el que sorprende su llamativa humildad) Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis” (Jn. 13, 12-15).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4.- Jesucristo nos enseña una vez más cuál es el camino de la grandeza humana según el modelo de hombre establecido por el Creador. A partir de esta enseñanza podemos concluir fácilmente que, cuando el hombre se aparta de Dios, se vacía y se confunde a sí mismo, y cierra el camino de su plenitud. Esta verdad, lejos de inclinarnos a juzgar negativamente a quienes no creen en Jesucristo, a quienes le niegan y pretenden incluso que se borre toda referencia a Él en la sociedad, debemos sentir la urgencia de procurar que le conozcan, que el Señor entre en su vida, que les ilumine con el resplandor de su testimonio y de su gracia, para que puedan encontrarse a sí mismos y llegar a la plenitud personal y a la dignificación de la sociedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5.- A pesar de tan maravillosa lección como es la que el Señor nos ha dado lavando los pies a sus discípulos, y explicándonos el significado que tiene para nosotros, la riqueza que hace grande este día de Jueves santo sigue manifestándose. Ahora no se trata de un gesto humano del Señor. Se trata del milagro mayor de cuantos podamos conocer. Se trata de la expresión de amor que ninguna otra puede superar. Me refiero a la institución de la Sagrada Eucaristía. ¡Qué bien lo transmite S. Pablo a los cristianos de Corinto! Dice, con un lenguaje solemne que entraña fidelidad a la enseñanza de Jesucristo, y servicio apostólico al mismo tiempo: “Yo he recibido una tradición, que procede del Señor, y que a m i vez os he transmitido: que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: &lt;esto &lt;este="" alianza="" bebáis,="" cada="" cenar,="" con="" cuerpo="" cáliz,="" cáliz="" de="" después="" diciendo:="" el="" en="" entrega="" es="" esto="" haced="" hizo="" la="" lo="" memoria="" mi="" mismo="" mía.="" mía="" nueva="" por="" que="" sangre;="" se="" sellada="" vez="" vosotros.=""&gt;” (1 Cor. 11, 23-25). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde entonces, Jesucristo permanece con nosotros en su cuerpo, sangre, alma y divinidad, y glorioso en el santísimo Sacramento del Altar. Se nos da como alimento para el arduo camino ascendente hacia la dulce intimidad con él. La Eucaristía será, desde entonces, la fuente y la cumbre de la Liturgia de la Iglesia y de la vida de todo cristiano. En ella nos unimos al Señor, de modo incruento, en su Pasión, muerte y resurrección redentoras, participando de su vida, que es gracia para nuestra santificación y para nuestra salvación eterna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6.- Gocemos, queridos hermanos y hermanas, contemplando las maravillas del amor de Dios. Unámonos en oración reverente dando Gracias al Señor de cielos y tierra, porque nos ha hecho capaces de conocer y gozar las maravillas del amor divino. Pidámosle, humilde y confiadamente, que nos ayude a penetrar el misterio de su amor, que nos conceda su impulso para que seamos capaces de amar a Dios y a los hermanos. Y dispongámonos a vivir intensamente los Misterios de nuestra redención que celebramos especialmente en esta Semana Santa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-4751880559993350784?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/4751880559993350784/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=4751880559993350784&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/4751880559993350784'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/4751880559993350784'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/04/homilia-en-la-misa-del-jueves-santo.html' title='HOMILÍA EN LA MISA DEL JUEVES SANTO'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-2958455370527295928</id><published>2011-04-19T12:41:00.000-07:00</published><updated>2011-04-22T12:48:32.081-07:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN LA MISA CRISMAL 2011</title><content type='html'>Mis queridos hermanos sacerdotes del Presbiterio diocesano,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos miembros de la Vida Consagrada que nos acompañáis participando en esta solemne celebración, eminentemente sacerdotal,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos hermanos y hermanas seglares, que representáis junto a nosotros a los demás fieles de nuestras comunidades cristianas de la Iglesia Diocesana:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.- DEMOS GRACIAS A DIOS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Demos gracias a Dios, unidos como verdadera familia eclesial porque, por su misericordia infinita, hemos recibido el inconmensurable regalo de nuestra filiación divina. Por el Bautismo hemos sido regenerados como criaturas nuevas; hemos sido hechos miembros del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, partícipes de la vida divina y herederos de la gloria celestial. Por el mismo don de la gracia bautismal fuimos constituidos templos vivos del Espíritu Santo. Él habita en nosotros fortaleciendo nuestra fe y capacitándonos para la relación con Dios y para ser profetas de la Buena Noticia de la Salvación. Que el reconocimiento de estos motivos de gratitud nos ayude a reafirmar nuestra fe en los dones recibidos del Señor, e impulse un confiado recurso al Espíritu Santo para que continuamente nos inspire y acompañe. Solo de este modo podremos permanecer en reverente actitud ante Dios glorificándole por cuanto ha obrado y obra en nosotros cada día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Imitemos a la Santísima Virgen María, Madre de Dios, Madre de la Iglesia y Madre nuestra, proclamando constantemente la magnanimidad divina porque el Poderoso ha hecho cosas grandes en nosotros para gloria suya y para salvación del mundo. Él es nuestro salvador, el maestro por excelencia de la verdad que da sentido a nuestra vida, y el compañero de camino que nos permite orientar nuestros pasos hacia la plenitud en el amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.- DE LA GRATITUD A LA ADORACIÓN &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La meditación en los motivos de nuestra permanente gratitud al Señor debe ser un medio bien aprovechado para abrirnos a la admiración de Dios por su infinita bondad y misericordia, y para disponer el alma a la adoración que nos dará profundidad cristiana y un fuerte sentido religioso a nuestra vida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Qué testimonio tan apostólico y tan necesario podemos dar en el mundo tomando conciencia de los dones recibidos de Dios y manteniendo la actitud de sincero y emocionado agradecimiento! Hemos sido puestos por Dios en medio de un mundo que se refugia en la exigencia de lo que, acertada o equivocadamente, considera como derechos propios; y que, absorbido por ello, olvida los derechos de los demás que son los que nos hacen deudores suyos por voluntad de Dios. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La fe sin gratitud es pura tibieza. Y la gratitud sin fe podría llevarnos a un temor servil ante Dios, que es Padre y no un dueño de esclavos sometidos por la fuerza o por el miedo. La gratitud a Dios vence el egocentrismo que lleva al orgullo y a la insensatez, y que nos abandona a la torpeza de nuestras propias limitaciones. La gratitud es, pues, de algún modo, el inicio de una salvífica y gozosa relación con Dios. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Teniendo presentes estas consideraciones, bien podemos entonar el himno de gratitud a Dios con las misma palabras de Jesucristo: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños” (Mt. 11, 25).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3.- AGRADECIDOS POR EL DON DEL SACERDOCIO MINISTERIAL &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los sacerdotes debemos dar gracias a Dios hoy, de un modo especial, porque, mediante la sagrada Liturgia que estamos celebrando, nos ayuda a fortalecer la conciencia personal del regalo inconmensurable que nos ha hecho consagrándonos como ministros suyos por el Sacramento del Orden sagrado. La participación en el único sacerdocio de Cristo, por la que nos ha constituido ministros de los sagrados Misterios, es un regalo que lleva consigo una sucesión de dones sobrenaturales. Por ellos podemos desarrollar el ministerio que se nos ha encomendado y, a la vez, disfrutar de los auxilios necesarios para ejercer el Sacerdocio ministerial como fuente de gracia para nosotros, para los miembros de la Iglesia y para las gentes de buena voluntad que buscan a Dios con sincero corazón. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ser conscientes y responsables del Sacerdocio ministerial con que el Señor nos ha enriquecido supone, al mismo tiempo y de modo inseparable, vivir la responsabilidad del crecimiento de la Iglesia y del consiguiente ministerio de la evangelización; supone también sentirnos responsables de la santificación de los fieles que nos han sido encomendados, y de la buena imagen de la Iglesia en medio del mundo donde el Señor la ha puesto como áncora de salvación y como signo de esperanza para todos los hombres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4.- ENVIADOS A EVANGELIZAR &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La palabra de Dios llega a todos nosotros hoy, pero de un modo especial a quienes, por el sacramento del Orden, participamos del Sacerdocio de Cristo; y nos insta a renovar nuestra fidelidad a la vocación recibida. Esa palabra nos recuerda que, como Cristo, puesto que obramos ministerialmente en su Nombre, hemos sido enviados para dar la Buena Nueva a los que sufren y para proclamar el año de gracia del Señor. Con ello sanarán los corazones desgarrados, llegará a los prisioneros la libertad y el consuelo a los afligidos, de modo que su abatimiento se cambie en cánticos. (cf. Is. 61, 1-9).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestra respuesta a la llamada sacerdotal que hoy nos renueva el Señor, ha de consistir en un replanteamiento muy serio de lo que implica el ministerio de la Evangelización en el mundo de hoy; y, en concreto, una especial atención a las legítimas exigencias de las gentes que la Iglesia nos ha confiado a cada uno como pastores. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El carácter central que la evangelización tiene en el ministerio eclesial y, por tanto, la prioridad que merece en el ministerio pastoral que nos compete quedan bien destacados por el Papa Benedicto XVI cuando nos dice: “Para la Iglesia la misión evangelizadora, continuación de la obra que quiso Jesús nuestro Señor, es necesaria e insustituible, expresión de su misma naturaleza” (Ubicumque Semper).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5.- URGENCIA Y EXIGENCIAS DE LA EVANGELIZACIÓN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta acción evangelizadora que, en justicia, no puede olvidar la atención a los fieles en sus distintas circunstancias y sensibilidades, ha de tener en cuenta muy especialmente “el desierto interior que nace donde el hombre se ve privado de lo que constituye el fundamento de todas las cosas, al querer ser el único artífice de su naturaleza y de su destino” (Ubuicumque Semper). A esta realidad, verdaderamente desértica y contraria a la vida, es a la que el Profeta alude refiriéndose al Mesías enviado “para vendar los corazones desgarrados”. Por tanto, en esta realidad cada vez más abundante, debemos poner nuestra máxima atención como continuadores de la obra mesiánica de Cristo redentor. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Papa Benedicto XVI, al comunicarnos la constitución del Consejo Pontificio para la promoción de la nueva evangelización, y citando palabras del Papa Pablo VI en su Exhortación “Evangelii nuntiandi”, nos dice: “el compromiso de la evangelización se está volviendo cada vez más necesario, a causa de las situaciones des descristianización frecuentes en nuestros días, para gran número de personas que recibieron el bautismo, pero viven al margen de toda vida cristiana; para las gentes sencillas que tienen una cierta fe, pero conocen poco los fundamentos de la misma; para los intelectuales que sienten necesidad de conocer a Jesucristo bajo una luz distinta de la enseñanza que recibieron en su infancia, y para otros muchos” (EN. 52).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6.- DIFICULTADES Y RECURSOS PARA LA EVANGELIZACIÓN &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No cabe duda de que esta difícil tarea de la evangelización ofrece resistencia en muchos ambientes. En otros, parece que no acabamos de lanzarnos, retenidos, quizá, por la sospecha de un posible rechazo. En otros, la dificultad se centra más en la diferencia de lenguaje y en la inadecuación de los métodos utilizados. Todo ello nos compromete personalmente, y compromete muy en serio, también, nuestro ministerio motivando no pocas veces momentos de disgusto y desazón interior. No obstante, la conciencia de nuestro deber evangelizador ha de llevarnos a la reflexión, al estudio y al diálogo en busca de lo que necesitamos para cumplir con nuestra misión. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es fundamental recordar, a este respecto, que el Papa Juan Pablo II ponía como primero de los tres requisitos para la nueva evangelización, la adquisición de “nuevos bríos”. Esto supone una llamada a la renovación interior y al fortalecimiento del celo ministerial, animado por la una acendrada caridad pastoral. A ello nos urge hoy la renovación de las promesas sacerdotales en la que se nos pregunta. “¿Queréis uniros más fuertemente a Cristo y configuraros con Él, renunciando a vosotros mismos y reafirmando la promesa de cumplir los sagrados deberes que, por amor a Cristo, aceptasteis gozosos el día de vuestra ordenación para el servicio a la Iglesia?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7.- LA COMUNIDAD CRISTIANA, SUJETO DE LA EVANGELIZACIÓN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La misión evangelizadora pertenece a toda la Iglesia; y, en cada lugar de nuestros pueblos, corresponde, aunque no exclusivamente, a la comunidad cristiana o parroquial. Por tanto, en nuestra responsabilidad como pastores debe contar de modo imprescindible, como objetivo prioritario y constante, “que se rehaga la trabazón cristiana de las mismas comunidades eclesiales” (EN 34). En este quehacer ocupa un lugar indiscutible e imprescindible la incorporación activa de los seglares a la misión de la Iglesia. A ello estamos procurando ofrecer impulso y ayuda en cumplimiento del segundo objetivo del Plan Diocesano de Pastoral. En él imagino que tenéis puesta la atención los Presbíteros y especialmente los párrocos, como necesarios y directos colaboradores del Obispo. Mi gratitud, pues, a quienes lo estéis haciendo así. Para los demás, mi llamada estimulante y mi ofrecimiento personal en la medida en que pueda serles útil o necesario en el cumplimiento de su deber. Para todos, el ánimo fraternal que ha de presidir siempre nuestras relaciones e incluso las legítimas exigencias mutuas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;8.- LA ALABANZA A DIOS, UNIDA A LA GRATITUD &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al concluir estas reflexiones homiléticas os invito a tener en cuenta la riquísima acción que el Señor está realizando en su Iglesia y en el mundo a través de la generosa entrega de cuantos nos hemos consagrado a Él por el Sacramento del Orden. Dios nos ha elegido como necesarios ministros de su obra redentora. La sorpresa y admiración que esto nos produce está incrementada porque, en su infinita sabiduría y misericordia, lleva a término su obra pasando muchísimas veces por encima de nuestras debilidades e incompetencias. Conscientes de ello y agradecidos por su bondad, hagamos nuestras las palabras del Apocalipsis que han sido proclamadas hoy: “A Aquel que nos amó, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha con vertido en un reino, y hecho sacerdotes de Dios su Padre. A Él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén” (Apc. 1, 5-6). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quiero terminar esta homilía haciendo mías las palabras de S. Pablo a los Corintios. Soy consciente de que vuestra fidelidad sacerdotal y vuestra generosa colaboración pastoral hacen posible que yo pueda cumplir con la misión que me ha sido encomendada en esta porción del Pueblo de Dios que peregrina en la Archidiócesis de Mérida-Badajoz. Por tanto “Doy gracias a mi Dios continuamente por vosotros, por la gracia de Dios que se os ha dado en Cristo Jesús; pues en él habéis sido enriquecidos en todo: en toda palabra y en toda ciencia; porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo, de modo que no carecéis de ningún don gratuito mientras aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Él os mantendrá firmes hasta el final, para que seáis irreprensibles el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, el cual nos llamó a la comunión con su Hijo, Jesucristo nuestro Señor” (1 Cor. 1, 4-9).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-2958455370527295928?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/2958455370527295928/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=2958455370527295928&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/2958455370527295928'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/2958455370527295928'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/04/homilia-en-la-misa-crismal-2011.html' title='HOMILÍA EN LA MISA CRISMAL 2011'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-7714144074136028753</id><published>2011-04-17T08:02:00.001-07:00</published><updated>2011-04-17T08:02:59.849-07:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN EL DOMINGO DE RAMOS</title><content type='html'>Mis queridos hermanos sacerdotes concelebrantes y diáconos asistentes, &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos miembros de la Vida Consagrada,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hermanas y hermanos seglares:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.- La palabra de Dios ha llegado a nosotros hoy extensa y rica en enseñanzas. Jesucristo, el Mesías anunciado, el Hijo de Dios hecho hombre, el Redentor del mundo, la expresión plena del amor de Dios a la humanidad, se nos presenta como el Dios hecho hombre, humilde y voluntariamente despojado de su rango divino, unido en todo a la condición humana menos en el pecado, y dispuesto a someterse incluso a la muerte y una muerte de cruz. Así nos lo enseña S. Pablo en la segunda lectura que acabamos de escuchar: “Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango, y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz” (Flp. 2, 6-8). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.- Junto a este humillante anonadamiento de Jesús, la palabra de Dios nos enseña que Jesucristo dejó bien clara su condición mesiánica y la suprema realeza que le pertenece como Señor del universo. Solo de este modo podemos entender que su anonadamiento y su muerte, lejos de negar su divinidad, forman parte de su encarnación por amor a la humanidad. Todos nosotros estábamos necesitados de la salvación que sólo podía llegarnos de Dios; y no por méritos nuestros, sino como regalo de su infinita misericordia. Regalo que decidió el Padre desde el primer momento en que Adán y Eva cometieron el pecado original, heredado por todos como descendientes suyos que somos. Estas son las palabras por las que conocemos la promesa de la victoria de Jesucristo sobre el diablo, y de la Salvación para nosotros: “Pongo hostilidad entre ti (la serpiente) y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia: esta te aplastará la cabeza, cuando tú la hieras en el talón” (Gn. 3, 15). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La descendencia de la mujer, encargada de aplastar la cabeza de la serpiente (del diablo) es Jesucristo. Él, por obediencia al Padre, se encarnó asumiendo nuestra humanidad y la culpa de nuestros pecados. Con su obediencia al Padre hasta la muerte sacrificial saldó la deuda que habíamos contraído con Dios por la desobediencia de nuestros primeros padres y por la que sería causa de todos nuestros pecados. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3.- Esta es la enseñanza que no debemos olvidar y en la que deberíamos meditar asiduamente. Cristo, Dios y hombre verdadero, se anonadó por nosotros y asumió voluntariamente, por obediencia al Padre, la Pasión más dolorosa, física y espiritualmente, y aceptó la muerte más humillante y cruenta, para que nosotros no muriéramos para siempre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es absolutamente necesario que esta mirada contemplativa sobre el Misterio de la Redención penetre nuestra alma de tal modo que nuestro corazón se sienta arrebatado por la gratitud permanente a Dios y por un creciente amor hacia él. De estas actitudes ha de brotar el propósito de corresponderle sin reservas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La contemplación del Misterio de Cristo, muerto para salvar a quienes le hemos ofendido, constituye el camino para lograr la experiencia de Dios. Esa experiencia es condición necesaria para vivir el cristianismo con profundidad y fidelidad . Sin esa experiencia, difícilmente podemos llegar a la verdadera conversión que consiste en negarnos a nosotros mismos para que sea Cristo quien viva y reine en nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4.- Esto de que Cristo viva y reine en nosotros, es lenguaje que no se entiende sin alcanzar de Dios la gracia de una fe creciente, fuerte y permanente. Sin ella no podemos valorar y desear la experiencia que san Pablo nos cuenta de sí mismo, diciéndonos: “Vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí. Y mi vida de ahora en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí” (Gal. 2, 20).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es cierto que semejante grado de fe y de entrega a Jesucristo, como tarea en que lleguemos a comprometer nuestra libre decisión, requiere tiempo y una continua y progresiva conversión al Señor, tal como la hemos ido considerando a lo largo de la Cuaresma. Pero también es cierto que llegar a esa libre identificación con Cristo, es gracia, es regalo del Espíritu Santo. Regalo que debemos implorar continuamente, al tiempo que vamos acercándonos al Señor mediante la oración y la participación en los Sacramentos. En ellos Jesucristo mismo actúa en favor nuestro, se acerca y se da a cada uno, y va transformándonos gratuitamente por encima de nuestras limitaciones y debilidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5.- La fidelidad al Señor, la correspondencia de amor que le debemos, la valentía para proclamar y defender la Verdad y la Bondad de Dios hecho Hombre por nosotros, la capacidad para ser testigos de su amor infinito en medio de un mundo hostil a Dios y a la Iglesia en la que se hace presente a la humanidad, no son alcanzables sin la profunda experiencia de Dios que nos da fuerza en la fe, tesón en el apostolado y confianza en que, a pesar de las apariencias contrarias, Dios llevará a buen término la obra que inició en cada uno de nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6.- Es absolutamente necesario que meditemos en esta enseñanza que se constituye en centro de la Semana Santa, del Evangelio mismo y, por tanto, de toda la vida cristiana. Esta meditación tiene unos temibles enemigos: la velocidad que dificulta la parada imprescindible para pensar, meditar y contemplar; el ruido exterior e interior que distorsiona la imprescindible serenidad en que ha de explayarse el pensamiento; la superficialidad, el materialismo y el inmediatismo que neutralizan nuestras mejores capacidades, y reducen nuestra libertad de espíritu. Por eso la conversión al Señor exige el dominio sobre nosotros mismos que, en la Cuaresma y en estos días de Semana Santa podemos ejercer con la meditación de la palabra de Dios y con el Sacramento y las prácticas de penitencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He aquí la gran riqueza de significado que lleva consigo la celebración del Domingo de Ramos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7.- Pero la referencia a esa riqueza propia de la fiesta que estamos celebrando, quedaría injustamente mermada si no tuviéramos presente el mensaje de esperanza que le es propio también. Jesucristo, como he apuntado antes, se manifiesta hoy con la dignidad y el poder de la realeza divina que corresponde al Mesías. Por eso es aclamado por el pueblo como el Hijo de David, que viene como rey en el nombre del Señor (cf. Lc. 19, 38). Y manifiesta su realeza entrando triunfalmente en Jerusalén. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa realeza de Cristo, al tiempo que nos ayuda a valorar el gesto de infinito amor de Dios que es la redención, abre en nosotros la certeza de que, quien es capaz de sacar de las piedras hijos de Abraham (cf.-----), puede transformar nuestro espíritu débil, rebelde a veces, e inconstante, en siervo fiel, en testigo esforzado y generoso, y en profeta del Misterio salvador. Su celebración solemne y extraordinaria ocupará el centro de estos días, y a los actos litúrgicos correspondientes debemos dedicar nuestra mayor atención.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;8.- Pidamos al Señor que nos conceda la fe de quienes le acompañaban en su camino triunfal hacia Jerusalén; de quienes le ponían sus mantos como alfombra, y le aclamaban con clamorosas alabanzas que la maliciosa envidia de los fariseos no podía silenciar. Esa es la llamada que el Señor nos hace en este día para ser testigos de Cristo en nuestro tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-7714144074136028753?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/7714144074136028753/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=7714144074136028753&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/7714144074136028753'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/7714144074136028753'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/04/homilia-en-el-domingo-de-ramos.html' title='HOMILÍA EN EL DOMINGO DE RAMOS'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-4311785849308530884</id><published>2011-04-10T12:00:00.000-07:00</published><updated>2011-04-11T02:12:24.422-07:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN EL DOMINGO Vº DE CUARESMA</title><content type='html'>Queridos hermanos Sacerdotes concelebrantes y Diácono asistente,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos miembros de la Vida Consagrada y seglares que os unís a esta celebración:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de los grandes enemigos de nuestra santificación, de nuestra plenitud humana y sobrenatural según la voluntad del Señor, es la tibieza de nuestra fe. Tibieza que se manifiesta en esa forma de creer que no niega a Dios ni el lugar que le corresponde en la propia vida, pero no se lo concede la preferencia, sino que, con frecuencia, se le supedita a otros intereses del momento. Priva muchas veces el disfrute de la propia vida, y se supedita a ello la atención a Dios que nos la ha dado. Damos preferencia al trabajo y relegamos la atención a Dios que nos ha dado la capacidad misma de trabajar. Y así en otras ocasiones y circunstancias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos preocupa la vida después de la muerte. Sana preocupación, porque para ella hemos sido creados por Dios, y para que podamos alcanzarla Jesucristo se ha entregado a la muerte de Cruz. Sin embargo, dada nuestra habitual tendencia a lo inmediato, a lo sensible, a lo demostrable, a lo apetecible, sucumbimos con frecuencia a lo que podríamos llamar silencios de fe, vacíos de atención a lo que la fe nos enseña y pide. Por eso, el Señor nos hace llegar con frecuencia este mensaje: “Yo soy la resurrección y la vida…el que crea en mí no morirá para siempre” (Jn. 11, 25-26). “El que conmigo no recoge, desparrama” (Lc. 11, 23).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es verdad que obrar siempre según la voluntad de Dios, dejándose llenar de su gracia y sin oponerle obstáculos evitables, resulta difícil. A veces, hasta el propósito de ser en todo fieles al Señor nos parece arriesgado a la vista de los altibajos de nuestra propia historia. Pero el Señor, cuando n os llama cerca de sí nos anima dándonos a conocer su interés por nosotros. Su amor de Padre Dios es infinito de Padre. Por eso constantemente nos anuncia lo que desea hacer en favor nuestro si le dejamos obrar en nosotros. Nos lo manifiesta en la primera lectura. Nos ha dicho el profeta Ezequiel: “Os infundiré mi espíritu y viviréis; os colocaré en vuestra tierra, y sabréis que yo el Señor lo digo y lo hago” (Ezq. 37, 14).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta intervención de Dios en nuestra vida no se opone a nuestra libertad, sino que depende de ella. El Señor se ajusta a nuestra decisión. Así lo manifestó en vísperas de su Pasión contemplando la Ciudad de Jerusalén desde el monte más cercano: Conmovido dijo: “Como la gallina congrega a los polluelos, así he querido yo reuniros, casa de Israel, pero no habéis querido” (Jn. 13, 34).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es cierto que algunas veces hacemos lo que no quisiéramos hacer, y no hacemos lo que quisiéramos hacer. Nos oponemos a la voluntad de Dios, pero n os duele al mismo tiempo, sin ser capaces de dominar las fuerzas que os arrollan. Entonces la solución está en que, en momentos de serenidad, seamos capaces de suplicar a Dios con las palabras del Salomo interleccional: “Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz: estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica” (Sal. 129). “Si llevas cuenta de los delitos, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón y así infundes respeto” (Sal. 129, 3-4).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez más queda claro que nuestra vida será estéril o insegura sin recurrir a Dios en la oración, en el encuentro frecuente y sincero con el Señor, confiándole nuestra pequeñez y nuestros mejores deseos de fidelidad. Para no fallar en ello, debemos tener presente lo que el Señor nos enseña hoy a través de San Pablo. Nos dice: “Los que están en la carne no pueden agradar a Dios. Pero vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros” (Rom. 8,8).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En verdad, el Espíritu Santo habita en nosotros desde el Bautismo. Debemos meditar en esta preciosa y profunda verdad que tanto puede ayudarnos a mantener el temple cristiano en este mundo hostil. Pero no podemos quejarnos de nuestras debilidades si olvidamos la fuente de nuestra fortaleza. La fuerza para vencer el mal en cualquiera de sus modalidades nos viene de Dios que ha derramado su Espíritu sobre nosotros haciéndonos el sublime regalo de convertirnos en templos suyos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si fuéramos capaces de tener presente esta gran verdad, que es expresión del amor de Dios y de su interés por nosotros, haríamos cosas mayores de las que imaginamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es el Espíritu Santo quien nos inspira lo que debemos pedir a Dios en la oración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es el Espíritu Santo quien nos enseña lo que nos quiere decir la palabra de Dios para que seamos capaces de entenderla y cumplirla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es el Espíritu Santo el que suscita en nosotros el arrepentimiento cuando nos reconocemos pecadores y quizás incapaces de vencer plenamente nuestras debilidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es el Espíritu Santo el que nos ayuda a esperar pacientemente manteniéndonos constantes en la lucha por alcanzar el bien. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es el Espíritu Santo quien inspira en nosotros las buenas acciones, y nos conduce por el camino de la verdad y del bien. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es el Espíritu Santo quien nos ilumina para que descubramos las falacias de este mundo y no sucumbamos a la presión del error, o a la tentación de los bienes efímeros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La seguridad creyente de que el Espíritu Santo obra en nosotros, es la que puede convencernos de que, cuando nos encontramos débiles, cuando nos sentimos disminuidos por la enfermedad espiritual, que ciega el alma para ver las cosas de Dios, a pesar de todo, podemos resurgir con vitalidad y con esperanza. Este mensaje es el que nos transmite el Señor Jesús cuando le comunican la enfermedad de su amigo Lázaro. Dice entonces: “Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella” (Jn. 11, 4).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Qué consolador escuchar las palabras del Señor Jesús ante la tumba de Lázaro! Estas palabras tienen especial fuerza, sobre todo, cuando la desesperanza o el pesimismo invaden el alma a causa de los repetidos fracasos en el camino de la necesaria conversión. Dice el Jesucristo: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre” (Jn. 11, 25-26). “Venid a mí los que estéis cansados y agobiados, que yo os aliviaré, porque mi yugo es suave y mi carga es ligera” (Mt. 11, 29-30).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acudamos al Señor en la Eucaristía para que su presencia sacramental en nuestra alma nos llene de esperanza y no desistamos en el empeño de seguirle. Purifiquemos nuestro espíritu con la gracia de la Penitencia y abramos el corazón a la esperanza de nuestra salvación y de la transformación del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que la Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, nos alcance la gracia de purificar y fortalecer nuestra fe para que progresemos en la conversión y seamos cada día mejor templo vivo del Espíritu Santo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-4311785849308530884?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/4311785849308530884/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=4311785849308530884&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/4311785849308530884'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/4311785849308530884'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/04/homilia-en-el-domingo-v-de-cuaresma.html' title='HOMILÍA EN EL DOMINGO Vº DE CUARESMA'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-1200902971223513727</id><published>2011-04-03T00:28:00.000-07:00</published><updated>2011-04-04T00:30:46.305-07:00</updated><title type='text'>HOMILÍA DEL DOMINGO IV DE CUARESMA  2011</title><content type='html'>&lt;span style="font-family: Verdana, sans-serif;"&gt;Queridos hermanos Sacerdotes concelebrantes y Diácono asistente,&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, sans-serif;"&gt;Queridos miembros de la Vida Consagrada,&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, sans-serif;"&gt;Queridos hermanos y hermanas seglares que participáis en esta Eucaristía:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, sans-serif;"&gt;1.- Si lo pensamos bien, podremos llegar a comprender que un enemigo muy peligroso de cada uno es él mismo. Es cierto que todos quisiéramos obrar el bien. Pero unas veces dándonos cuenta de que no sabemos qué hacer y cómo comportarnos, y otras veces llevados de nuestra propia ignorancia inconsciente para descubrir y valorar la verdad, es frecuente que nos engañemos a nosotros mismos. El motivo de este posible engaño está, generalmente, en que deseamos que el bien coincida con el agrado y con la satisfacción imaginada que constantemente deseamos a causa de nuestro profundo deseo de felicidad. Y esta coincidencia entre nuestros deseos espontáneos o instintivos y aquello para lo que estamos llamados, y que constituye nuestro deber y nuestro camino de plenitud, no siempre es posible. El motivo está en que el deseo de satisfacción, de goce personal y de la soñada felicidad obedece, en muchas ocasiones, a lo imaginado por la presión de nuestros instintos y por la influencia del ambiente en que vivimos; ambiente que con frecuencia queda lejos de la rectitud, de la verdad y del bien. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, sans-serif;"&gt;2.- A la felicidad auténtica solo puede contribuir aquello que coincide con la voluntad de Dios. Paradógicamente, la voluntad de Dios está vinculada al ejercicio del bien; y éste no siempre va acompañado de satisfacciones y sensaciones placenteras. Por el contrario, generalmente comporta la exigencia de sacrificios, de dominio de sí mismo, de desprendimiento, de paciencia, de espíritu de servicio y de generosidad en el servicio a los demás antes que en la propia complacencia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, sans-serif;"&gt;Cuando los humanos llegan a pedirnos cuenta de lo que hacemos buscando la felicidad, es muy posible que respondamos con sinceridad afirmando que lo hecho obedecía al convencimiento de que eso era lo bueno y lo oportuno de acuerdo con la voluntad de Dios. Si no era así, pero así lo veíamos a causa de nuestra ignorancia, posiblemente nos cueste aceptar la enmienda de nuestro comportamiento y de la escala de valores que lo condicionaba. Pero, si reflexionamos con humildad y con la convicción de que Dios nos está ayudando a través de quienes merecen nuestra atención, podemos llegar al convencimiento de que no habíamos acertado con lo que creíamos que era la verdad y el bien. Entonces, con la ayuda de la caridad fraterna podremos ejercer nuestra prudente corrección. La humildad personal nos ayudará a acepta la corrección de los hermanos. Con ello habremos dado un paso importante en el camino de nuestra plenitud, abiertos con sinceridad a la necesaria conversión de que tanto se nos habla en la Cuaresma.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, sans-serif;"&gt;3.- Pero puede ocurrir que nuestro comportamiento obedezca a intereses no confesados, a instintos no dominados, o a objetivos que pueden pasar por dignos si los sabemos presentar bien a los ojos de nuestros semejantes. Pero en ello no hay verdad, no existe la sinceridad, y no se camina hacia el bien. No obstante, es muy posible que la tentación obre con tanta fuerza en nosotros, que presentándonos el éxito y la consiguiente satisfacción, al menos momentánea, nos confunda y nos subyugue atándonos a esos comportamientos ciertamente distantes de la voluntad de Dios y del camino de nuestra plenitud. Desde luego, esa satisfacción vivida fraudulentamente no nos llevará jamás a la felicidad tal como el Señor la quiere para nosotros. Por el contrario, nos llevará a la esclavitud, porque sólo la verdad nos hará libres (cf.Jn. 8, 3), dice Jesucristo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, sans-serif;"&gt;4.- Sobre todo esto, hay algo definitivamente importante ante lo que nos pone hoy la palabra de Dios para que nos convenzamos de que, a veces, podemos estar engañando a nuestros semejantes; de que podemos engañarnos hasta nosotros mismos a fuerza de razonar llevados de una falsedad apetecible. Pero a Dios no podemos engañarlo jamás. Bien claro nos lo dice hoy la primera lectura tomada del libro primero de Samuel. Cuando se trataba de elegir al futuro rey de Israel, Samuel quedó prendado de las apariencias de Eliab. “Pero el Señor dijo a Samuel: “La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón” (I Sam. 16, 7). &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, sans-serif;"&gt;Si aprendemos bien esta lección , entenderemos que no merece la pena engañar ni engañarnos en lo que se refiere a la elección del bien obrar. Lo verdaderamente definitivo es la transparencia ante el Señor “que ve en los escondido del corazón” (1 Sam, 16, 7). &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, sans-serif;"&gt;Por tanto, nuestro programa de conversión cuaresmal debe ser amar la verdad más que a nosotros mismos, porque la verdad nos acerca a Dios que es la Verdad por excelencia, la fuente de toda verdad y del sumo bien que nos lleva a la felicidad. Felicidad ésta que supera el dolor de las contrariedades terrenas y que es compatible con la vivencia del sacrificio necesario para afrontar con justicia las diversas situaciones de nuestra vida. Por tanto, estamos hablando de la felicidad interior. Esa es la felicidad verdadera, la que podemos alcanzar en esta vida, la que llega al alma fiel empeñada en construir la propia vida en la verdad y en el bien trascendentes, la que no está sometida a la tentación de la satisfacción inmediata, terrena, inmanente que no pueden saciar el corazón. Nuestro corazón está hecho para el infinito, y no quedará satisfecho hasta que descanse en Dios.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, sans-serif;"&gt;5.- San Pablo nos resume cuanto venimos diciendo: “Caminad como hijos de la luz (toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz) buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien poniéndolas en evidencia” (Ef. 5, 8).&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, sans-serif;"&gt;Hagamos un acto de fe sincero y firme en el poder del Señor para encauzar nuestra vida y para vencer los engaños terrenos, como Jesucristo enseña y pide al ciego de nacimiento diciéndole: “¿Crees tú en el Hijo del hombre?” (Jn. 9,39). Y a la respuesta afirmativa del ciego ya curado, añade el Señor: “Para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean, y los que ven se queden ciegos” (Jn. 9--). Con esto aludía el Señor a los que dicen que ven, opero obran exclusivamente según el propio criterio o la propia conveniencia sin dejarse iluminar por la palabra de Dios. Por eso, cuando los fariseos preguntaron a Jesús: “ ¿También nosotros estamos ciegos?. Jesús les contestó: Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís “vemos”, vuestro pecado permanece” (Jn. 9, 41). El pecado está en simular una razón que pueda parecer honesta y válida, y, en cambio, estar movido por intereses turbios.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, sans-serif;"&gt;6.- Al acercarnos a la sagrada Eucaristía pidamos al Señor que nos conceda la valentía y la fortaleza para admitir y dar primacía siempre a la verdad en nuestra vida, para ordenar nuestras actitudes y comportamientos según la verdad de Dios, y para no sucumbir a los intereses mezquinos pretendiendo disimularlos con argumentos falaces.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, sans-serif;"&gt;QUE ASÍ SEA&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-1200902971223513727?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/1200902971223513727'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/1200902971223513727'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/04/homilia-del-domingo-iv-de-cuaresma-2011.html' title='HOMILÍA DEL DOMINGO IV DE CUARESMA  2011'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-4008226717401209464</id><published>2011-03-27T14:00:00.000-07:00</published><updated>2011-03-28T00:50:44.281-07:00</updated><title type='text'>HOMILÍA DEL DOMINGO III DE CUARESMA - 2011</title><content type='html'>Queridos hermanos sacerdotes concelebrantes y Diácono asistente,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos miembros de la Vida Consagrada,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asociación de Antiguos Alumnos de los Colegios de la Guardia Civil,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos hermanos y hermanas seglares participantes en esta Eucaristía,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Grupos participantes en defensa de la Vida desde su concepción hasta su muerte natural, que celebrabais hoy con la Iglesia la Jornada propia:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A medida que avanza la Cuaresma, la palabra de Dios va manifestándonos con diversos hechos la magnitud del amor de Dios a todos y a cada uno de nosotros, y la terquedad con que, muchas veces, respondemos a ese amor solícito y paciente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy nos presenta dos escenas verdaderamente significativas. La primera tiene lugar en el desierto durante el camino del Pueblo de Israel hacia la tierra prometida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es curioso comprobar que los Israelitas, esclavizados en Egipto y oprimidos por la sobrecarga de trabajos ímprobos, una vez liberados milagrosamente por Dios, se revuelven contra Él. La causa de ese proceder claramente injusto entonces y ahora está en que las circunstancias del camino les resultaban adversas. Lo más grave de esta actitud está en que llegaron y se llega a pensar que Dios es capaz de provocar situaciones adversas para hacernos morir o sufrir innecesariamente. Este pensamiento está muy lejos del conocimiento de Dios y de la fe en su voluntad salvífica universal. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los israelitas habían presenciado las plagas con que el Señor quería presionar al Faraón para que dejara salir a su Pueblo. Nosotros hemos presenciado acciones del Señor igualmente prodigiosas y favorables a nosotros. Sabemos que Dios envió a su Hijo unigénito para que viviera entre nosotros dándonos a conocer el amor infinito que Dios nos tiene a todos y a cada uno. Obra ésta que realizó Jesucristo plenamente sufriendo y muriendo en la cruz por nosotros. Sin embargo, acostumbrados a gozar la protección incondicional de Dios, no solo olvidamos que esa protección es un regalo inmerecido, sino que llegamos a considerarlo como un derecho propio. Y, cuando creemos que nos falta, sin preguntarnos qué quiere decirnos o proponernos Dios con esa situación aparentemente desafortunada, nos consideramos con razón para protestar. No ocurre así cuando nos comportamos mal con Dios. Entonces suplicamos su perdón olvidando que es un derecho de Dios ser obedecido y reverenciado; y que nuestro comportamiento contrario nos aparta del Señor que, a pesar de todo, no deja de amarnos, de ofrecernos sus dones, y de procurar que volvamos al buen camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es muy importante que reflexionemos sobre estos comportamientos porque nada tienen que ver con la conducta propia de un cristiano. Es necesario que, cuando nos encontremos actuando de ese modo tan incoherente e ingrato para con Dios, creador y salvador nuestro, y que nos acompaña y tutela siempre con su divina Providencia, seamos capaces de reconocer nuestro error, pedir perdón humildemente, y asumir el compromiso de reconducir nuestras actitudes y comportamientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La segunda escena, pone también en evidencia la necesidad de nuestra conversión para tratar a Dios como se merece. Tiene lugar en Samaría y en el marco de un diálogo entre Jesús y una mujer samaritana cuando ésta iba a sacar agua del pozo. El Señor pide, humildemente, agua a la Samaritana. Esta mujer, enrocada en lo que supone que son sus derechos como pueblo, desprecia a Jesucristo porque le considera judío. Los judíos y los samaritanos no se trataban. Y, en lugar de valorar la humildad de Jesús que le pedía un poco de agua pasando por encima de enemistades entre pueblos, le echa en cara ofensivamente que se excede insensatamente como judío al dirigirse a ella. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La samaritana, olvidando que Dios es Dios de todos, y que nos convoca a ser y a comportarnos como hermanos, niega el agua a Jesucristo. Y justifica su lamentable negativa aduciendo que es absurdo y atrevido que un judío pida agua a una samaritana. El Señor, en cambio, la va conduciendo pacientemente hacia una reflexión que la sitúe ante la verdad del Mesías y ante la situación de su propia vida. Con ello la samaritana comprenderá que, frente al supuesto derecho de negar el agua a un judío, Jesucristo ejerce el servicio del amor, y se esfuerza por conducirla hacia la verdad. Es más; Jesucristo, pasado un tiempo, y lejos de ceder a las rencillas entre pueblos, llegará a poner a un samaritano como ejemplo del mejor comportamiento con el transeúnte que había sido despojado de todo, malherido en el camino y abandonado por todos los que pasaban a su lado; entre ellos había Judíos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es lo de siempre: los que han recibido bienes del Señor los consideran un derecho propio y no un don a compartir. En cambio, cuando uno vive conscientemente cualquier forma de escasez, se queja de que no se le ayude. Y arguye que los bienes son de todos y para todos los que los necesiten.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esta Jornada dedicada a la defensa de la vida en todos sus momentos y situaciones, debemos dar gracias a Dios por haber sido elegidos como destinatarios de este bien, que es plataforma necesaria para recibir tantos otros bienes como el Señor nos ha ido concediendo a lo largo de nuestros días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este día es propicio, también, para que pidamos perdón a Dios por las ocasiones en que, considerándonos propietarios y dueños de la vida, recibida del Señor como regalo, la hayamos podido malgastar, la hayamos dejado de cultivar y defender, y la hayamos menospreciado en los demás de un modo u otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hagamos el firme propósito de defender, cultivar y agradecer el don de la vida, y ser apóstoles de su defensa y cuidado desde el primer momento de su concepción hasta su muerte natural.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Están entre nosotros los antiguos alumnos de los Colegios de la Guardia Civil. Nos unimos a ellos en la celebración del sexagésimo segundo año de la Asociación que los reúne, y damos gracias a Dios por la ya larga vida de su Asociación. Les encomendamos al Señor para que bendiga la andadura de los Colegios de la Guardia Civil y acompañe siempre a sus alumnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Cuaresma es una oportunidad que nos brinda el Señor a través de la Iglesia para que meditemos en los dones recibidos de Dios, para que sepamos agradecérselos como auténticos regalos, para que nos decidamos a ponerlos al servicio de quienes puedan necesitarlos, y para que reconozcamos que todo cuanto nos ocurre es querido o permitido por Dios para nuestro bien. Sólo así podremos vivir con gozo y gratitud la celebración de los misterios del Señor en la próxima Semana Santa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pidamos al Señor esta gracia por intercesión de la Santísima Virgen María, que siempre supo aceptar la voluntad de Dios y darle gracias poniéndose enteramente a su disposición como sierva incondicional suya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-4008226717401209464?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/4008226717401209464/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=4008226717401209464&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/4008226717401209464'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/4008226717401209464'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/03/homilia-del-domingo-iii-de-cuaresma.html' title='HOMILÍA DEL DOMINGO III DE CUARESMA - 2011'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-5222183476107569256</id><published>2011-03-20T16:04:00.000-07:00</published><updated>2011-03-22T16:07:09.382-07:00</updated><title type='text'>HOMILÍA DEL DOMINGO II DE CUARESMA    2011</title><content type='html'>Queridos hermanos sacerdotes concelebrantes,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos miembros de la vida consagrada,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos hermanos y hermanas seglares:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La meta de toda conversión cristiana está en el encuentro con Jesucristo. Sólo en ese encuentro se descubre el verdadero sentido y valor de la conversión. Pero esto puede suponer para muchos, como un círculo vicioso, pensando que para encontrar el verdadero sentido de la conversión hay que encontrarse con Jesucristo, cuando este encuentro es la meta de su conversión. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es tal círculo vicioso. Lo que ocurre es que toda acción humana que tiende a la propia superación requiere un esfuerzo cuyo núcleo está en aceptar el riesgo de confiar en una promesa fiable, o en aceptar el testimonio de quien recorrió antes el camino. Ambas actitudes, como aceptación de que la conversión nos lleva al encuentro con Dios, están a nuestro alcance. Por una parte, como promesa que estimula nuestra voluntad de conversión, suenan a nuestros oídos las palabras de Jesucristo que nos dice: “Si alguien está agobiado, que venga a mí, porque mi yugo es llevadero y mi carga es ligera” (Mt. 11, 28). El Señor nos invita a encontrarnos personal y vivamente con Él. Para ello nos promete que, en este encuentro con él, al que nos lleva la conversión al menos inicial, hallaremos la paz. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa conversión inicial, y el encuentro inicial con el Señor que estimula nuestro compromiso de coinvertirnos progresivamente a Él es verdadera conversión, aunque no haya conseguido toda su madurez y plenitud. Y se puede alcanzar con la práctica del sacramento de la Penitencia y de la Eucaristía, y ensayando momentos de oración en los que escuchemos a Dios que habla a nuestra conciencia, y le pidamos la gracia de la permanente y completa conversión a Él y del encuentro en su intimidad.. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para acercarnos a Jesucristo en el sacramento de la Penitencia basta con hacer un esfuerzo de sinceridad analizando nuestras actitudes, los motivos por los que actuamos en nuestra vida, y el nivel de nuestra voluntad, sincera o simplemente mediocre, de acercarnos a Dios por los caminos que Él mismo nos indica. Todo ello deberemos hacerlo con sincero arrepentimiento y creyendo en verdad que Dios nos escucha y nos perdona si hay propósito de enmienda. La práctica del sacramento de la Penitencia ya indica una clara voluntad de conversión y, por tanto, la voluntad de encontrarnos con el Señor. La progresiva conversión, mediante el examen de sí mismo a la luz de la palabra de Dios y mediante el arrepentimiento, recibiendo el perdón del Señor, nos pone en situación de progresiva intimidad con Dios. Y en ese acercamiento sucesivo y constante iremos encontrando el motivo de una cada vez más sincera y radical conversión a Dios y, por tanto, nos iremos acercando más al Señor gozando cada vez de mayor intimidad y de mayor aprecio y decisión de convertirnos a Él. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo mismo puede ocurrir con el acercamiento a Dios mediante la oración. En ella podemos gustar el gozo de la amistad con Dios; y ésta experiencia puede estimular nuestra conversión interior y nuestra reforma de actitudes y comportamientos según la voluntad del Señor con quien hemos conversado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo ello puede ser experiencia propia, también y sobre todo en la Eucaristía. En ella el mismo Señor Jesucristo se acerca a nosotros como pan de vida, como redentor, como la expresión más viva y plena del amor de Dios. Y sentir que Dios nos ama infinitamente hasta entregarse a la muerte para alcanzarnos el perdón de nuestros pecados y abrirnos las puertas del cielo, es ya un encuentro con Dios que estimula nuestra progresiva conversión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo ello nos da a entender que la Cuaresma, como tiempo de conversión, es tiempo favorable para intentar acercarnos al Señor por el camino de la Penitencia sacramental, de la oración y de la participación en la Eucaristía. El ayuno, la abstinencia y la práctica extraordinaria de la caridad como un medio de lograr el desprendimiento y el dominio de sí mismo, son medios óptimos para logar la conversión a la que estamos llamados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estas reflexiones, a las que nos mueve la palabra de Dios en la Cuaresma, son una clara invitación a postrarnos ante el Señor en actitud humilde y orante pidiéndole, con las palabras del Salmo interleccional: “Que tu misericordia, Señor, venga con nosotros, como lo esperamos de ti” (Sal. 32). No olvidemos que, como nos recuerda hoy S. Pablo, “Dios nos salvó y nos llamó a una vida santa no por nuestros méritos, sino porque antes de la creación, desde tiempo inmemorial, Dios dispuso darnos su gracia, por medio de Jesucristo; y ahora, esa gracia se ha manifestado por medio del Evangelio, al aparecer nuestro Salvador Jesucristo, que destruyó la muerte y sacó a la luz la vida inmortal” ( 2 Tim. 1, 8-10).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pidamos al Señor que nos ayude a entender y aceptar la necesidad de nuestra sincera y constante conversión. Que nos reafirme en la convicción de que nos ha de llevar al goce del encuentro personal y cada vez más íntimo con el Señor. Este es el cometido principal de la Cuaresma y el objetivo principal de nuestra dedicación penitencial, orante y eucarística.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-5222183476107569256?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/5222183476107569256/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=5222183476107569256&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/5222183476107569256'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/5222183476107569256'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/03/homilia-del-domingo-ii-de-cuaresma-2011.html' title='HOMILÍA DEL DOMINGO II DE CUARESMA    2011'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-3490821888489399922</id><published>2011-03-13T15:47:00.000-07:00</published><updated>2011-03-22T16:03:40.035-07:00</updated><title type='text'>DOMINGO PRIMERO DE CUARESMA  2011</title><content type='html'>Comenzamos el tiempo de Cuaresma. La Santa Madre Iglesia nos ha recordado el sentido y la finalidad de estos días preparatorios a la Semana Santa, que es la Semana Mayor de los cristianos. En esa semana grande celebraremos los Misterios de nuestra Redención: la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al recibir la ceniza, como signo de nuestra pequeñez, de nuestra contingencia y de nuestras debilidades, la Iglesia, que además de Madre es Maestra, nos ha dicho: “Convertíos y creed en el Evangelio” .&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dispuestos a prestar atención a la llamada cuaresmal de la santa Madre Iglesia, podemos preguntarnos: ¿En qué debe centrarse lo esencial de esa conversión para avanzar por el camino de la fidelidad a Dios ?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pretendiendo adentrarnos en el sentido genuino de la palabra “conversión”, se nos dice frecuentemente que debe consistir en un cambio de mentalidad. Pero, ¿en qué consiste dicho cambio? En verdad, ha de ser un cambio profundo que ponga en juego nuestra forma de ver y de entender la realidad. De ello dependerá la idea y el proyecto que tengamos sobre nuestra propia identidad, y la calidad de nuestras actitudes y comportamientos. De ello dependerá que aceptemos o no la vocación concreta del Señor para que orientemos nuestra vida en una dirección u otra. De ello dependerá, también, el modo como entendamos, valoremos y tratemos a las personas, a los bienes que el Señor pone en nuestras manos, y a la misma naturaleza que Dios dispuso como el escenario de nuestra vida sobre la tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La guía de nuestra conversión ha de ser la palabra de Dios cuya plenitud es Jesucristo, Palabra viva de Dios, de quien dice S. Juan: “En el principio era la Palabra, la Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios” (Jn. 1, 1).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jesucristo mismo se nos ha revelado como el Camino, la Verdad y la Vida (cf. Jn. 14, 6) para nuestra existencia ordenada a la salvación en la plenitud que es la santidad. Por eso dijo el Señor que el verdaderamente bienaventurado es quien escucha la palabra de Dios y la cumple.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy la palabra de Dios proclamada por la Iglesia en la sagrada Liturgia que estamos celebrando, nos enseña que nuestra vida es puro regalo de Dios; Él nos creó de la nada y nos dio la vida para que fuésemos capaces de conocer y decidir sobre nosotros mismos y sobre todo lo que Él puso a nuestra disposición. Nuestra conversión ha de incluir, pues, esta pregunta: ¿Damos gracias a Dios por la vida que disfrutamos, o nos limitamos a quejarnos ante Él cuando atravesamos circunstancias adversas? ¿Tratamos de que nuestra existencia sea un canto al Creador? ¿O dejamos a un lado a Quien nos dio la vida, y nos volcamos egoístamente sobre aquello que nos promete satisfacciones inmediatas, aunque sean contrarias a la enseñanza y a la voluntad del creador y Señor nuestro? Esta es la tragedia humana ya desde los albores de la humanidad. Adán y Eva dieron la espalda a Dios de quien lo habían recibido todo, y siguieron la tentación diabólica que les presentaba el atractivo inmediato de lo apetecible?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La palabra de Dios, en la primera lectura que hemos escuchado, nos dice claramente que el hombre, creado inteligente, puesto que era imagen y semejanza de Dios, recordaba la advertencia divina que les prevenía ante el peligro de perder la vida feliz de que disfrutaban. Sin embargo, atraídos por la imagen agradable del árbol, que ofrecía un fruto apetitoso, comieron. La consecuencia no se hizo esperar: se avergonzaron de sí mismos, perdieron la amistad con Dios, e iniciaron su vida errática. El trabajo se les hizo doloroso, la vida insegura y acechada por la enfermedad y la muerte, el egoísmo hizo mella en su vida y, en consecuencia, la relación con el prójimo comenzó a resultarles problemática, según nos enseña el pasaje referido a Caín y Abel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me parece muy importante que pensemos en nuestros planteamientos ante la vocación recibida de Dios. Muchas veces creemos que la condición válida para entender que Dios nos llama a esta o aquella forma de vida está en imaginarnos o sentirnos felices, a gusto y “realizados” en ello. Gran error éste. El modelo de la fidelidad a la vocación divina es Jesucristo. Él no consideró su felicidad sensible o su personal realización desde perspectivas exclusivamente personales. Todo lo contrario. Nos dice la Sagrada Escritura que Cristo, por cumplir la voluntad del Padre, que era nuestra salvación, “no se aferró a su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo” (Flp. 2, 6-7). Como la más clarificadora demostración de que la vocación de Dios no siempre coincide con lo que imaginamos como mejor para nosotros, Jesucristo se vio en verdaderos aprietos y tuvo que clamar al Padre con sudores de sangre: “Si es posible, pase de mí este cáliz. Pero no se haga mi voluntad sino la tuya” (Mc. 14, 36)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La clave de interpretación de nuestra vocación no puede ser nuestra imaginación, ni los planes que hemos concebido honestamente contando con nuestras previsiones. La clave de interpretación de la llamada de Dios, que ha de configurar nuestra vida, debe ser la fe en que Dios nos sugiere lo mejor para nosotros mismos y para la salvación del mundo. Y, como ayuda para aceptar esa supuesta vocación, habrá que seguir un proceso de discernimiento debidamente garantizado con la ayuda de quienes pueden acercarnos a Dios en la verdad y no en las apariencias. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo más importante y lo más grave y problemático en el caso de nuestros primeros padres Adán y Eva, fue, y sigue siendo entre nosotros, que el dejarse guiar por los propios apetitos, por lo que imaginaban que sería la propia felicidad, más que por el amor de Dios que preside siempre el discernimiento de lo que debemos hacer y de lo que debemos evitar. Ese error sigue siendo el origen de la tragedia actual del hombre. Y el motivo permanece siendo el mismo. Por la palabra falaz del diablo, que se constituye en aliada traicionera del hombre porque se expresa mediante la imaginación, mediante las tendencias espontáneas y mediante las inmediateces que nos atan a la tierra, el hombre de hoy sigue bajo el error de creer que la palabra de Dios que nos llama, puede ser enemiga de nuestra libertad y de elección libre de nuestra propia realización personal. Algunos llegan a pensar que la vocación divina se opone a nuestra legítima grandeza, al progreso y a la modernidad que parece ser, para muchos, la garantía de la auténtica realización. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La historia de la torpeza humana tiene su origen antiquísimo en esta misma reflexión diabólica narrada en el libro del Génesis: “Sabe Dios que cuando comáis del árbol se os abrirán los ojos y seréis como Dios en el conocimiento del bien y del mal” (Gn 3, 5). ¿No es esta tentación el preámbulo del pecado que niega a Dios como el origen y la referencia de la Verdad y del Bien? ¿No percibimos que esta tentación es el origen del relativismo laicista y del subjetivismo enorgullecido que no admite más referencia que la propia visión de las cosas, inestable, variante y sometida a instintos, turbios intereses, egoísmos inconfesados y torpezas sin cuento?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestra conversión ha de comenzar por el reconocimiento de este pecado, en la medida en que participamos de él. Por eso, en el primer Domingo de Cuaresma, la santa Madre Iglesia nos invita a elevar a Dios nuestra oración llena de arrepentimiento, diciéndole con el corazón arrepentido: “Misericordia, Señor, hemos pecado” … “Contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que aborreces” (Sal. 50).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la conversión resultaría ampliamente difícil si no tuviéramos delante el aliciente de nuestra salvación, como promesa del Señor nuestro redentor. Por eso, la misma Iglesia que nos invita a la conversión, nos dice hoy por medio de san Pablo: “Si por la culpa de uno murieron todos, mucho más, gracias a un solo hombre, Jesucristo, la benevolencia y el don de Dios desbordaron sobre todos” (Rom. 5, 15).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Evangelio nos pone ante la realidad profunda de la criatura humana. Jesucristo, que se hizo en todo semejante al hombre menos en el pecado, fue tentado también por el diablo. Con ello nos enseña que la tentación no es mala en sí misma, aunque pueda ser fuente del mal en nosotros. Por eso Jesucristo nos enseña a vencerla para distinguir la tentación y la caída en ella que es el pecado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este primer Domingo de Cuaresma hagamos el propósito de acercarnos a la palabra de Dios y de escucharla con reverencia, haciendo oración al Señor que es nuestro valedor, para que nos conceda la Gracia del Espíritu Santo de modo que seamos fuertes en la tribulación y esperanzados en la lucha; y así alcancemos el don de la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vosotros, queridos jóvenes seminaristas aspirantes al Sacerdocio, vais a recibir el ministerio de Lectores y de Acólitos para servir a Dios en la proclamación de su palabra y en el servicio a la Eucaristía. ¡Qué cerca está vuestro ministerio, queridos próximos lectores y acólitos, de las manifestaciones de Dios respecto de vosotros mismos, de vuestra vocación y de la vocación y vida de los fieles a quienes vais a ofrecer el servicio sagrado. Preparándoos al Sacerdocio, entended bien lo que os he invitado a reflexionar acerca de la vocación de Dios. Miradla siempre como servicio a Él y no como complacencia propia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las Eucaristía, alimento de salvación, es el pan del caminante en el que el Señor se nos da para que seamos capaces de darnos a Él que es nuestra salvación. Dispongámonos todos a participar en ella con ánimo de fidelidad plena a lo que Dios quiera de nosotros en cada momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-3490821888489399922?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/3490821888489399922/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=3490821888489399922&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/3490821888489399922'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/3490821888489399922'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/03/domingo-primero-de-cuaresma-2011.html' title='DOMINGO PRIMERO DE CUARESMA  2011'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-2951215943301719294</id><published>2011-03-09T15:46:00.000-08:00</published><updated>2011-03-22T15:47:00.129-07:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN LA CELEBRACIÓN PENITENCIAL DEL MIÉRCOLES DE CENIZA</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;Cuaresma 2011&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Badajoz, 9 de marzo de 2011&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos hermanos sacerdotes, religiosas y seglares:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La celebración en la que estamos participando, es el pórtico de la Cuaresma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. Recibir la Ceniza conociendo su significado, supone la voluntad públicamente expresada de vivir la Cuaresma tal como la Santa Madre Iglesia nos enseña y nos propone.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vivir la Cuaresma, según la enseñanza de la Iglesia supone asumir, como tarea principal en este tiempo, el compromiso de la propia conversión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La llamada constante de Dios a su pueblo a través de los profetas es la llamada a la conversión. Nos lo transmite hoy el profeta Joel con estas palabras: “Dice el Señor todopoderoso: convertíos a mí de todo corazón, con ayunos, con llanto, con luto…” (Joel 2, 12).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las primeras palabras de Jesucristo al iniciar su predicación son también una llamada a la conversión: “Convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1, 15).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2. Que Dios nos invite a la conversión significa que nos considera pecadores. Él lo sabe todo y escruta nuestros corazones. Movido por el amor que nos tiene, y habiéndonos creado para gozar de su vida, no puede consentir que nuestros pasos, siempre libres, discurran por el camino del error y del pecado. Y nos llama a replantear nuestra andadura indicándonos el camino de la verdad y del amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El aliciente que nos ofrece para emprender el ejercicio de nuestra conversión está, en primer lugar, en manifestarse como Señor nuestro; y, por tanto, como Quien está capacitado para saber dónde está nuestro lugar en la vida y cuáles deben ser nuestras creencias, nuestras actitudes y nuestros comportamientos en orden a nuestra plenitud y felicidad. El Señor se manifiesta como juez de vivos y muertos. A Él corresponde la decisión última sobre nuestra suerte en la eternidad. Pero Él quiere que esa suerte sea nuestra felicidad eterna de la que fácilmente nos apartamos a causa de nuestros pecados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3. Pero el señorío de Dios sobre todo lo creado, y sobre el origen y fin de nuestra existencia, no se manifiesta como el duro ejercicio de una autoridad sin alma. Dios es amor, y el amor es compasivo y misericordioso. Por eso, al invitarnos a la conversión, lejos de urgirnos con amenazas, se expresa con la ternura del corazón que sufre si nos pierde. A través del profeta Joel, nos dice: “convertíos al Señor Dios vuestro, porque es compasivo y misericordioso” (Joel 2, 12 ss.).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jesucristo, el Hijo de Dios vivo, que el Padre envió al mundo para redimirnos del pecado, puesto que nos ama desde el principio y por encima de nuestra torpezas y pecados, nos dice al considerarnos agobiados por nuestros males: “si alguien está agobiado, que venga a mí y yo lo aliviaré, porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt 11, 28ss.).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4. La llamada a la conversión es la expresión más brillante de la ternura de Dios con nosotros. Ternura que no nace de la debilidad de un corazón blando, sino del amor infinito de Dios, que es capaz de ganar nuestro corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La conversión a Dios es el camino para recuperar nuestra genuina esencia, tantas veces olvidada o ladeada por fuerza de nuestra torpeza. Porque estamos creados por Dios y para Dios. Creados en el Paraíso terrenal y llamados a gozar del Paraíso Celestial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestra esencia es vivir en el mundo como imagen y semejanza de Dios para transformar el mundo creado por Él, convirtiéndolo en recurso del hombre para dar gloria a Dios. Transformar el mundo nada tiene que ver con destruirlo. Al contrario. Transformar el mundo significa utilizar sus bienes para ejercitar el amor de Dios creador, porque de Él somos imagen y semejanza. Transformar el mundo significa dignificar el mundo tratando con exquisitez la naturaleza y procurando que la sociedad sea el ámbito propicio para el verdadero crecimiento de las personas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Somos testigos de las corrientes defensoras de esa autonomía del hombre que le lleva a dar la espalda a Dios intentando suplirle o desplazarle. Cuando la persona se olvida de Dios termina, pronto o tarde, no solo olvidándose del hombre, sino también siendo enemigo de los otros hombres y egoísta y despiadado buscador del propio provecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5. Cuando esto ocurre entre las personas en el orden individual, nacen las envidias, los rencores, los engaños y mentiras, y hasta el odio que lleva al desprecio y que puede causar la muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el olvido de la propia realidad, vinculada esencialmente a Dios, se da entre grupos humanos y entre pueblos, las torpezas de unos y de otros llevan a la guerra, a la destrucción, al sometimientos injusto, a las graves diferencias que ocasionan el hambre, la enfermedad y distintas formas de muerte y de exterminio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el olvido de Dios nace de una ciega y desviada autovaloración humana, la humanidad se inclina a considerar el progreso como el resultado de sus propios hallazgos o descubrimientos. Entonces los comportamientos pierden la referencia a Dios y la suplantan por el interés egoísta o la búsqueda del bienestar inmediato y material. Esta actitud lleva a perder la referencia, objetiva y cierta, del bien y del mal, y a considerar que todo lo que el hombre puede alcanzar por la ciencia, es bueno en sí, y puede ser utilizado según el propio albedrío. De ahí nace la manipulación criminal de los niños, incluso antes de nacer, de las personas con deficiencias notorias, de los enfermos terminales y de los ancianos y la ya consabida explotación de hallazgos científicos para la guerra y la muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este criterio, sin referencia a Dios, lleva a paradojas tan serias y preocupantes como las que se perciben cuando en la sociedad se gastan enormes cantidades de dinero creando centros de atención a niños, enfermos y ancianos y, al mismo tiempo, se defiende el aborto y la eutanasia, disfrazados con nombres humanitarios. Al aborto se le llama “interrupción voluntaria del embarazo” para evitar males mayores. Y a la eutanasia se la publicita llamándola “muerte digna”. A la guerra se la pretende justificar como la defensa de las libertades y de los propios derechos ante invasiones de poder, o de intereses ajenos; y el abuso de los pueblos poderosos sobre los pueblos subdesarrollados, se explica como la suerte inevitable de su propia incultura y cerrazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6. Queridos hermanos: es necesaria la conversión en todos. Y urge, a la vez, que entendamos, como parte inseparable de la conversión, la voluntad de escuchar a Dios. Él nos habla a través de la Iglesia cuyo magisterio debemos escuchar con atención y reverencia. Nos habla cuando se acerca a nosotros en los Sacramentos. Por eso, en la Cuaresma tiene una importancia especial el Sacramento de la Penitencia o de la Reconciliación con Dios. La Reconciliación con Dios es sinónimo de la reconciliación con la Verdad, con la Justicia, con el amor y con la paz, entendidas como regalo del Señor para cuya consecución el Señor nos pide una responsable colaboración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para ir descubriendo todo esto en su profundo y rico significado, necesitamos formación y domino personal. De este modo podremos acercarnos a Dios sin dejarnos llevar por otras llamadas que nos distancian de Él. Por eso, el tiempo de Cuaresma es el tiempo propicio para escuchar la palabra de Dios y las enseñanzas de la Iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aprovechemos la Cuaresma para avanzar en el camino que nos enseña el Señor a través de su Iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hagamos un acto de fe en el amor de Dios y en la santidad de la Iglesia, y pongámonos en sus manos para llegar a convertirnos sinceramente, y a ser apóstoles esforzados y esperanzados de la conversión de nuestro prójimo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-2951215943301719294?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/2951215943301719294/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=2951215943301719294&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/2951215943301719294'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/2951215943301719294'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/03/homilia-en-la-celebracion-penitencial.html' title='HOMILÍA EN LA CELEBRACIÓN PENITENCIAL DEL MIÉRCOLES DE CENIZA'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-2608121025640651655</id><published>2011-03-06T15:41:00.000-08:00</published><updated>2011-03-22T15:44:24.398-07:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN LA FIESTA DEL CRISTO DE LAS TRES CAÍDAS</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;Hermandad de Triana&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Sevilla, domingo 6 de marzo de 2011, IX del Tiempo Ordinario&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;﻿ &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;1. Mirando la imagen del Santísimo Cristo de las Tres Caídas, piensa uno que el Señor estaría en esos momentos de abatimiento orando al Padre con las mismas palabras que nos brinda hoy el Misal como preparación a la Santa Misa: &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Mírame, ¡Oh Dios!, y ten piedad de mí, que estoy solo y afligido” (Sal 24)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En verdad, la Encarnación del Señor le convirtió en el siervo paciente y varón de dolores. El sufrimiento de su soledad como sentimiento de gravísimo dolor, llegará en Jesús a su culmen cuando estaba a punto de morir; dirá entonces: “Padre, ¿Por qué me has abandonado?” (Mt 27, 46)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El abandono de Dios es para Jesucristo la máxima y la peor soledad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2. Hoy, nuestra paradójica soledad en medio de tanta gente siempre, y con todos los medios de comunicación a nuestro alcance, nace más de volver la espalda a Dios, que de experimentar el abandono de Dios. Al volver la espalda a Dios, y lanzarse a la vida sin más apoyo que lo terreno, se experimenta cruelmente el vacío de “lo nuestro”. Yo diría más: se siente el vacío de sí mismo. Ese vacío es insoportable, porque hace sentirse tan mal como si uno mismo se estuviera descomponiendo o destruyendo. Por eso se intenta llenarlo lanzándose ávidamente al disfrute de lo que tenemos a mano. Es como dejarse llevar del impulso incontenible de la búsqueda de felicidad, esperando alcanzarla con un poco más de lo que antes nos ha decepcionado. Increíble y no demasiado coherente. La búsqueda del disfrute de lo que se tiene a mano puede ser, buscar inconscientemente el aturdimiento con lo inmediato para sofocar el miedo o la pereza ante lo que nos trasciende.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que tenemos más a mano es lo material, lo inmediato, lo caduco, lo provisional y lo limitado. Y, como “lo nuestro” es el infinito ocurre que, por más que queramos llenarnos de lo limitado, nos asalta la experiencia de una insatisfacción decepcionante. La consecuencia de ello solo puede ser:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- el abandono al atractivo del poder y del placer,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- la triste resignación que lleva a instalarse en la mediocridad,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- o la desesperación por no encontrar lo que se busca y por sentirse incapaz de conquistar la felicidad anhelada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Solo Dios puede saciar el ansia humana, porque solo de Él somos imagen y semejanza. Solo a Él está orientada la existencia humana para alcanzar la plenitud. El progreso en la propia vida y en la sociedad no se logra con la exclusiva decisión y acción del hombre, limitado, engañoso, egoísta y pecador, que vuelve la espalda a Dios, sino en el camino recorrido con ilusión y esperanza siguiendo a Jesucristo que es “el camino, la verdad y la vida” (Jn 14, 6). “Yo para eso he venido, para que tengáis vida y la tengáis en abundancia” (Jn 10, 10)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3. El dolor de sentirse abandonado cuando se vuelve la espalda a Dios, coincide con el dolor de sentir vacía la propia vida y la misma identidad propia. Esto equivale a dejar de ser y de vivir para lo que somos y existimos. Lo cual es lo mismo que perder el sentido de la vida; y ello apaga la ilusión de vivir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el hombre experimenta esa soledad, se cae, se derrumba. Eso es lo que sufrió Jesucristo, porque quiso pasar por los trances de la humanidad cargando con el peso y las consecuencias de nuestros pecados; aunque, como verdadero Dios, no había cometido ninguno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si Cristo había dicho: “Mi comida es hacer la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Jn 4, 34), y si había dicho que el Padre y Él eran uno, al sentirse abandonado de Él, tenía que sentir el dolor de haberse perdido a sí mismo, de experimentar vacía su identidad. Y Jesús experimentó este dolor porque cargó con nuestros pecados y sintió las consecuencias dolorosas de los mismos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta experiencia de vacío total y de abandono doloroso y existencial, coincide con la maldición que Moisés anunció al pueblo de Israel y que hemos escuchado en la primera lectura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa maldición, que va unida a la marginación de Dios, nos hace malditos, “Si no escucháis los preceptos del Señor vuestro Dios y os desviáis del camino que hoy os marco, yendo detrás de dioses extranjeros que no habíais conocido” (Dt 11, 26-28)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4. Volver el rostro hacia Dios, y darle en la propia vida el lugar que le corresponde como principio y fin, como razón de ser de nuestra existencia, como camino, la verdad y la vida (cf. Jn 14, 6), no es algo que pueda realizarse con simples formalismos religiosos o cristianos. Es necesaria una actitud sincera, que brote de lo profundo de la conciencia, que obedezca a la palabra de Dios, que busque su intimidad en la oración y que embargue y oriente la propia vida con la gracia y con la esperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dios no es un simple compañero intermitente, elegido por cada uno según el propio arbitrio y que puede tomarse y dejarse según la ocurrencia o las ganas de cada uno. Dios es “el Señor que nos ha elegido y configurado a su imagen y semejanza”. Por tanto, Dios tiene su lugar en lo más íntimo de nuestra intimidad. Por ello es y debemos aceptarlo como el motor y el crisol de nuestros pensamientos, palabras y acciones, deseos y proyectos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A este respecto, nos dice hoy el Señor a través de san Mateo: “No todo el que dice «Señor, Señor» entrará en el reino de los cielos” (Mt 7, 21). Para lograr la experiencia de vida y de salvación; para alcanzar la paz interior, y para romper la soledad de Dios, de la verdad y del bien, que nos destruye, es necesario “cumplir la voluntad del Padre que está en el cielo” (Mt 7, 21b).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5. Debemos estar muy atentos, pues, porque los formalismos religiosos nos invaden y pueden engañarnos con el espejismo de que son expresión de fidelidad a Dios. Ni siquiera asistir a la celebración de la Eucaristía, o ser un devoto de una imagen en una Cofradía puede salvarnos por sí mismo. Es necesario procurar el encuentro personal con Dios, en el seno de la comunidad eclesial, orando y participando en los sacramentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es la fe, sincera y limpia, la que embarga totalmente nuestra existencia. Si no nos limitamos a determinadas prácticas, a determinadas creencias, o a determinados ritos, aunque los vivamos con entusiasmo, sino que nos entregamos a Dios procurando hacer, como Jesucristo, su voluntad, entonces el encuentro con Dios se hace don gozoso en medio de las tribulaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La fe sincera es la que llena de sentido cuanto hacemos; no al contrario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que sale del corazón es lo bueno o lo malo, dice el Señor. Lo que entra de fuera, como son las prácticas rituales, las procesiones, y tantos otros signos externos, se constituyen en caricatura destructiva si no están animados por una profunda adhesión al Señor, por una sincera conversión al Señor, por una constante relación con el Señor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando nos quedamos en determinados signos o prácticas externas sin que éstas broten de una auténtica actitud de fe y de fidelidad, entonces motivamos esa dura expresión del Señor que hemos escuchado en el Evangelio: “Nunca os he conocido. Alejaos de mí malvados” (Mt 7, 23)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6. El Señor nos llama hoy, de un modo especial, a escucharle y obedecerle en la orientación de nuestra vida y en la vitalización de nuestras prácticas: “El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca” (Mt 7, 24-29).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay muchas formas de hundirse. Hoy abundan los cristianos que, no estando pertrechados por la palabra de Dios, se constituyen en jueces de las enseñanzas divinas transmitidas por la Iglesia. Alguien ha dicho, y con razón, que los enemigos peores los tenemos dentro de la Iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay muchos que ostentan como propias determinadas pertenencias eclesiásticas o eclesiales, y carecen de planteamientos cristianos y eclesiales profundos y sinceros, y de conducta honesta. Confunden su pertenencia a la Iglesia, con que les pertenece lo que es de la Iglesia. De este modo, lo utilizan como un motivo de lamentable presunción y no como un medio de fidelidad amorosa al Señor y a la Iglesia. Con ello convierten en caricatura, lo que debería relucir como un valor o una virtud, sea en el seno de la familia, del ejercicio profesional o en la misma vida cofrade.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando la Palabra de Dios pone en jaque a quienes actúan así, estos pretenden corregir la razón divina y eclesial con el pretexto de la modernidad o del progreso, de los derechos o de las tradiciones. La pena es que someten las tradiciones, la modernidad y el progreso a las exigencias de sus intereses no siempre confesables.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La conclusión de estas reflexiones es muy sencilla y clara: la expresará el celebrante en la oración que introduce el momento central de la Misa: “Señor, llenos de confianza en el amor que nos tienes, presentamos en tu altar esta ofrenda PARA QUE TU GRACIA NOS PURIFIQUE por estos sacramentos que ahora celebramos” (Cf Misal Romano. Oración sobre las ofrendas IX domingo Tiempo Ordinario) Con ello, la Palabra de Dios y la Oración de la Iglesia nos introducen en la celebración litúrgica de la Eucaristía, que es el principio y culmen de la vida cristiana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dispongámonos, pues, a participar consciente y devotamente en el sacrificio y sacramento de la Eucaristía. Hagamos un acto de conversión interior para que el Señor ilumine nuestra mente y fortalezca nuestra decisión, y nos dispongamos a procurar cada día, mayor acercamiento al Señor con fe, con sinceridad y con humildad. Solo de este modo, nuestras acciones serán constructivas para nuestra salvación, y gozarán del brillo apostólico que requieren para dar gloria a Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que la Santísima Virgen, que veneráis en esta Cofradía bajo el título de Esperanza de Triana os proteja y os oriente para estar siempre, como ella, dispuestos a que se cumpla en vosotros la voluntad del Señor. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-2608121025640651655?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/2608121025640651655/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=2608121025640651655&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/2608121025640651655'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/2608121025640651655'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/03/homilia-en-la-fiesta-del-cristo-de-las.html' title='HOMILÍA EN LA FIESTA DEL CRISTO DE LAS TRES CAÍDAS'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-6767110427089312779</id><published>2011-01-17T01:36:00.000-08:00</published><updated>2011-01-17T01:36:05.588-08:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN EL ENCUENTRO NAVIDEÑO DE SACERDOTES</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;Día 7 de enero de 2011&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos hermanos Sacerdotes diocesanos, PP. Jesuitas y Diáconos: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.- Si tuviera que dar un nombre a este encuentro que nos congrega cada año en estas fechas, lo llamaría: “la fiesta navideña del Presbiterio diocesano”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí nos hacemos presentes hoy los sacerdotes del clero secular y regular, de distintas edades y dedicaciones, comprometidos y generosamente entregados al ministerio eclesial. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Podemos decir que hoy se reúne la familia sacerdotal de nuestra Archidiócesis para celebrar familiarmente la fiesta más hogareña de cuantas considera el Año Litúrgico: la Navidad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En verdad constituimos una familia cuyos lazos son, por una parte, la fraternidad sacerdotal; y, por otra, el afecto humano. Es evidente que este segundo vínculo, que debemos cultivar y saborear con toda naturalidad, brota de la constante relación pastoral participando en los mismo proyectos básicos, en la ayuda mutua y en la oración de cada uno por todos..&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me alegra profundamente poder compartir con vosotros este encuentro, y sentirme familia espiritual de todos vosotros como hermano mayor y como Padre en el sentido teológico. Me gustaría acertar en el ministerio de la Paternidad, simultánea a la fraternidad. Nunca olvido que la familia más permanente de cada sacerdote es el Presbiterio. En él gozamos del clima hogareño cuando nuestra familia carnal va pasando por la edad o por la lógica dispersión de los más jóvenes. Esto me satisface comprobarlo cuando asisto al entierro de un hermano sacerdote. Allí se ve la familia presbiteral. Dejadme que, aprovechando esta ocasión, os felicite por ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vivamos estos encuentros, especialmente el que hoy celebramos y el que nos reúne en la Misa crismal, como una afirmación gozosa de nuestra común condición sacerdotal y fraternal. Ambas condiciones han sido establecidas por el Señor y queridas, y ojalá siempre defendidas por nosotros con el testimonio de nuestro agrado y con la dedicación recíproca de nuestros mejores sentimientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.- Al acercarnos hoy simbólicamente al Pesebre, dignificado por la Sagrada Familia, y al encontrarnos allí con María y José, con los pastorcillos y con los Reyes Magos, todos en torno al Niño Jesús, hagamos un acto de fe en el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. Adorémosle interiormente con el alma llena de esa alegría que es más profunda y firme que las emociones más nobles. El Niño Dios es el fundamento de nuestra vida cristiana y de nuestro ministerio sacerdotal. Y el Pesebre resume gráficamente la primacía de lo divino que se manifiesta en la relativización de lo humano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El portal de Belén es el signo de la constante paradoja en torno al Misterio de Dios encarnado. Por una parte menosprecia la manifestación del Mesías esperado; y, por otra parte, suplica constantemente su venida. Podríamos decir que en ese fracaso social, por el que se le negaba la acogida para su nacimiento, estaba ya dibujado el fracaso humano y social de la Cruz por el que iba a triunfar sobre el pecado y la muerte. Cristo fragua su victoria más allá y por encima de todas las aparentes victorias humanas. Y así redime a quienes le negaban cobijo para su nacimiento, y justicia y respeto para su muerte. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3.- Este menosprecio tiene su origen fundamentalmente, en la ignorancia de las gentes. Y esta ignorancia se convierte en un clamor que nos convoca a la evangelización como el mayor servicio de caridad. La adversidad que se pronuncia cada vez más ante la acción eclesial, ha de ser, por lógica de la caridad, el mayor reclamo y la exigencia más clara para que nos entreguemos con denuedo y esperanza a la evangelización.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nosotros, en las circunstancias actuales podemos sufrir, de algún modo, fracasos o menosprecios muy semejantes. Ellos son, con frecuencia, causa de disgusto y desánimo. Esto es explicable psicológicamente. No aceptarlo sería sencillamente desconocer la condición humana. Pero en nosotros opera, junto a la dimensión humana, la gracia del sacramento recibido. Por eso, teniendo en cuenta, además, que muchos momentos adversos obedecen a defectos y limitaciones nuestras, el Señor nos llama a sacar fuerzas de flaqueza. De este modo, con la ayuda de Dios, podemos convertir nuestro pecado en fuente de penitencia y conversión. Y la ignorancia, el desprecio y el olvido del Señor, por parte de las gentes imbuidas por un laicismo inconsciente de sus limitaciones, puede convertirse en una llamada a que nos volquemos en la tan urgente nueva evangelización.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4.- El Evangelio de hoy nos llama a la propia conversión, y a predicar el Evangelio, convocando a que las gentes descubran su error y se conviertan. Como ayuda a este difícil proceso, puede valer mucho la aceptación penitente de nuestros fracasos no aceptados, y de las faltas personales que distancian a nuestros feligreses de la verdad de Dios que esperaban y tenían derecho a encontrar en nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero nuestra reflexión debe dar siempre un paso más. Junto a nuestra miseria está la grandeza del sacerdocio que no podemos disminuir y que debe ser en nosotros un estímulo y un apoyo frente a experiencias negativas. De ello nos habla el Papa. Benedicto XVI hace notar que, en la valoración del don que supone el sacerdocio para la Iglesia y, por tanto, para el mundo, se unen los laicos y especialmente los jóvenes. Estas son sus palabras aludiendo a los frutos del Año Sacerdotal: “En nosotros, sacerdotes, y en los laicos, precisamente en los jóvenes, se ha renovado la convicción del don que representa el sacerdocio a la Iglesia católica, que el Señor nos ha confiado” (Discurso a la Curia Roma, Navidad 2010). Y, como razón de ello, añade: “Nos hemos dado cuenta nuevamente de lo bello que es el que seres humanos tengan la facultad de pronunciar en nombre de Dios y con pleno poder la palabra del perdón, y así puedan cambiar el mundo, la vida; qué hermoso es que seres humanos estén autorizados a pronunciar las palabras de la consagración con las que el Señor atrae a sí una parte del mundo, transformándola en sustancia suya en un determinado lugar; qué bello poder estar, con la fuerza del Señor, cerca de los hombres en sus gozos y desventuras, en los momentos importantes y en aquellos oscuros de la vida: qué bello tener, como cometido en la propia existencia no esto o aquello, sino sencillamente el ser mismo del hombre, para ayudarlo a que se abra a Dios y sea vivido a partir de Dios” (Ibid).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5.- Para experimentar simultáneamente por una parte el dolor de nuestras faltas y de las adversidades sociales ante Dios, y por otra parte el gozo de haber sido llamados y consagrados por el Señor, la Navidad nos ayuda singularmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Toda nuestra misión sacerdotal ante nosotros y ante las gentes, tiene una clave: la obediencia a Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la Navidad tenemos el testimonio vivo de la obediencia plena del Hijo de Dios al Padre: “Llegada la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que vivían bajo la ley” (Gal 4, 5).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Junto al testimonio principal de la obediencia de Cristo al Padre, se nos ofrece el ejemplo arriesgado y valiente de María. En su limpia adolescencia, manifestó su plena disponibilidad ante el Señor, para ser parte de un misterio que no entendía, pero cuyo origen creía que estaba en Dios mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;San José se nos muestra del todo obediente a la advertencia que Dios le hace en sueños, y acepta a María como esposa casta y virgen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante todo ello, nosotros no podemos hacer excepción de nuestra obediencia incondicional a Dios que se manifiesta en ocasiones de modo, si no misterioso, al menos no fácilmente comprensible. Pero de esa obediencia navideña brotó la salvación y ha de brotar el mejor estilo de nuestro ministerio al servicio de la salvación inaugurada por el Niño Dios junto a María y a José.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6.- Comenzar un Año nuevo con espíritu de conversión, abre nuevas posibilidades a la etapa de acción pastoral que comienza también ahora en nuestras comunidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comenzar esta nueva etapa con el ánimo de conversión, teniendo a la vista la necesidad de nuevas exigencias pastorales, de nuevas formas de atenderlas, y de nuevos bríos, que brotan del apoyo confiado en Jesucristo, es una gracia de Dios que se une a la de nuestro sacerdocio. Gracia divina que nos mantiene en la ilusión, en el convencimiento humilde y sereno de nuestras capacidades, y en la confianza de que es posible el apoyo en nuestros colaboradores. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pidamos al Señor que nos permita incorporar permanentemente a nuestra vida ordinaria estas enseñanzas que nos brinda la Navidad. Invoquemos, todos para todos, la ayuda sobrenatural que viene de Dios, y la capacidad de todos para ayudarnos mutuamente como hermanos. ¡Qué buena celebración de la Navidad puede ser ésta! Demos por ello gracias a Dios, como siempre, cada uno por todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-6767110427089312779?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/6767110427089312779/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=6767110427089312779&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/6767110427089312779'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/6767110427089312779'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/01/homilia-en-el-encuentro-navideno-de.html' title='HOMILÍA EN EL ENCUENTRO NAVIDEÑO DE SACERDOTES'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-6254631750073804543</id><published>2011-01-17T01:34:00.000-08:00</published><updated>2011-01-17T01:34:06.741-08:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN LA SOLEMNIDAD DE EPIFANÍA</title><content type='html'>Mis queridos hermanos Sacerdotes concelebrantes y Diácono asistente,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos miembros de la Vida Consagrada y laicos que voluntariamente servís al Altar, &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hermanas y hermanos todos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. La Santa Madre Iglesia, desde la predicación de los Apóstoles, ha ido desentrañando el contenido de las obras y palabras de Jesucristo nuestro Señor. Cumple con ello la misión de ser la continuadora, en la historia, de la obra de Jesucristo. Hoy nos habla del profundo sentido salvífico de la escena protagonizada por los Reyes Magos; y lo hace apoyándose en el evangelista san Mateo y en el Apóstol san Pablo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Señor Jesús recibió en Belén a los Magos de Oriente. Así había sido anunciado por Isaías. El Profeta lo expresó diciendo: “Te inundará una multitud de camellos, los dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Sabá, trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor” (Is 60, 4). Con ello Isaías estaba manifestando el hecho de que la noticia de la divinidad del Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre para nuestra salvación, llegaría a las gentes de toda raza, edad y condición social. El mismo Jesucristo nos dice: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn, 10, 10). Por eso manda a sus discípulos: “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt. 28, 18-19). Y san Pablo nos lo recuerda diciendo: “Dios quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1Tim 2, 4). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el día de la Epifanía, o de los Reyes, la adoración de los Magos ante el Niño Dios en el Portal de Belén, es un signo de que Jesucristo se ha manifestado y quiere seguir manifestándose a todos los pueblos y razas como el Hijo de Dios hecho hombre. Y, como la Sagrada Escritura nos dice a través de San Pablo, “cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial.” (Gal 4, 4); esto es, para que fuéramos redimidos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La manifestación universal de Jesucristo es, también pues, la expresión de su voluntad de salvación universal. Así lo expresará Él mismo a lo largo de su vida: “El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por todos” (Mt 20, 28). Por ello, en un momento tan crucial como fue la institución de la Eucaristía en la última Cena, Jesucristo, ofreciendo el Cáliz a sus discípulos, dijo: “Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi sangre. Sangre de la Alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados”. (cf. Lc. 22, 20).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.- Esa es la razón por la que la Santa Madre Iglesia ha asumido como un deber primordial el anuncio del Evangelio en el mundo entero. Y ha considerado el Sacrificio y Sacramento de la Eucaristía “como la fuente y la culminación de toda la predicación evangélica”(PO. 5). Por ello, todos los cristianos conscientes sentimos, ya desde la infancia, un amor especial hacia las misiones; y todos entendemos que la Eucaristía es crucial en la vida del cristiano. Jesucristo nos lo ha enseñado con sorprendente claridad: “En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, n o tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día” (Jn. 6, 53-54)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3.- Que el Evangelio llegue a todo el mundo significa algo que nos compromete a todos los que hemos conocido al Señor. Sobre todo si hemos encontrado en Jesucristo el sentido de nuestra vida y la fuerza para recorrerla con optimismo y con esperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que el Evangelio llegue a todos, significa que debemos estar preocupados porque llegue a cuantos no lo conocen; e incluso, a quienes por ese motivo, lo combaten abiertamente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esas personas que necesitan vitalmente el Evangelio constituyen hoy entre nosotros, un buen núcleo de familiares, de amigos, de compañeros de trabajo y de ocio, etc. Muchos de ellos, nunca oyeron hablar debidamente de Jesús. Otros llegaron a conocerle superficialmente, y los vientos del ambiente adverso a la trascendencia y a la presencia de Dios en el mundo, lo fueron cubriendo con la tibieza, la frialdad y la distancia. Todos ellos manifiestan claramente la urgente necesidad de que atendamos a la convocatoria que lanzó el Papa Juan Pablo II, y que asumió Benedicto XVI desde el comienzo de su Pontificado. Me refiero a la llamada “Nueva evangelización”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No podemos ignorar que la tarea de anunciar a Jesucristo, de darlo a conocer, y de comunicar a los más posibles la promesa de salvación que Él nos trae, es deber de todos. Cada uno debe evangelizar a su modo y según sus circunstancias y posibilidades. Esta misión corresponde a la familia que es la cuna de la vida y de la educación de los hijos. Corresponde a los Catequistas, a los Sacerdotes, y a los Obispos. Pero corresponde también a cada cristiano. Todos estamos llamados a ser apóstoles con la palabra y con el testimonio allí donde nos encontremos. El Concilio Vaticano II nos enseña que “la vocación cristiana es, por su misma naturaleza, vocación también al apostolado” (AA. 2).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4.- Sin embargo, esta responsabilidad queda un tanto oscura en muchos miembros de la Iglesia. Por eso es tan importante que tengamos en cuenta el significado profundo de la fiesta de Epifanía, y asumamos la responsabilidad que nos manifiesta. Si, como Iglesia, somos continuadores de la obra de Jesucristo; y si, como discípulos suyos, debemos escuchar y cumplir su mandato, todos deberemos preguntarnos: ¿qué debo hacer en concreto para que Jesucristo sea conocido como corresponde por todos los que le ignoran? ¿De entre los que ignoran a Jesucristo, quienes están más cerca de mí y más vinculados a mi vida familiar, profesional o de amistad? ¿Qué ocasiones son más propicias para que vaya presentándoles, con delicadeza y claridad, el mensaje evangélico?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5.- Así vivida la fiesta de la Epifanía, no cabe duda de que será para nosotros un día de gracia, una ocasión de crecimiento cristiano en la fidelidad al Señor. Será, para nosotros, un día de salvación, una verdadera fiesta que prolongará nuestro gozo a lo largo de cada jornada apostólica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Iglesia necesita hoy verdaderos testigos de Jesucristo, y se encuentra muchas veces con miembros débiles que, en lugar de mirar al Maestro, se miran a sí mismos, reclamando para ellos la atención que solo merece el Salvador, el Mesías, el Señor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debemos esforzarnos por ser la estrella que conduce junto al Señor de cielos y tierra a los hombres y mujeres de buena voluntad. Debemos aprender a ser como Juan Bautista. Nuestra misión es ayudar a preparar los caminos del Señor para que pueda encontrarse y manifestarse a todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6.- Que la fiesta de la Epifanía sea, también para nosotros, una ocasión para descubrir mejor al Señor, para contemplar su rostro con mayor claridad, para descubrir con mayor nitidez los signos que nos conducen hasta Él, como hiciera la estrella de Belén. Esto es lo que debemos pedir hoy especialmente a Jesús al encontrarnos con él en la Eucaristía y al acercarnos a recibirle como alimento para nuestro caminar hacia la plenitud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-6254631750073804543?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/6254631750073804543/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=6254631750073804543&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/6254631750073804543'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/6254631750073804543'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2011/01/homilia-en-la-solemnidad-de-epifania_17.html' title='HOMILÍA EN LA SOLEMNIDAD DE EPIFANÍA'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-8509845345070690959</id><published>2010-12-23T14:14:00.000-08:00</published><updated>2010-12-23T14:14:33.473-08:00</updated><title type='text'>HOMILIA CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO</title><content type='html'>19 de Diciembre de 2010&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos hermanos sacerdotes concelebrantes,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos miembros de la Vida Consagrada,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos hermanas y hermanos seglares:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie puede vivir en paz, con optimismo y con un proyecto que estimule sus esfuerzos para vencer las inevitables dificultades y adversidades, si no sabe por qué vive y para qué vive. Todos necesitamos una razón suficiente para caminar por esta vida con ilusión y esperanza, dando el ritmo adecuado a nuestros pasos y poniendo el empeño necesario en lo que hacemos y debemos hacer. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son muchas las personas y la ideologías que se nos ofrecen en todos los tiempos con la intención de presentar objetivos y razones que nos permita vivir en libertad y sacar partido de nuestros días sobre la tierra. Sabemos, también, cuánta insuficiencia y cuántos engaños había y hay tras de esas propuestas personales e ideológicas. No se nos ocultan los interrogantes fundamentales que permanecen allá en el fondo, a pesar de todo, y que afloran especialmente en momentos de dificultad, de fracaso, de grave enfermedad y de cruda e inesperada soledad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante esta situación, comprobable incluso experimentalmente por casi todos, no cesan de surgir nuevas promesas de felicidad y nuevas doctrinas para encauzar nuestros pasos. Dios ha tomado parte en la respuesta a nuestra más importante pregunta, y nos ha ofrecido, ya desde los orígenes, un camino: su mensaje de plenitud y su promesa de salvación. Pero la humanidad, saturada de promesas y doctrinas que no alcanzan a cubrir las más profundas necesidades del hombre, siente que está siendo el juguete de fuerzas y poderes que no llega a dominar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de todo, aún viviendo este difícil trance, las personas sentimos una fuerza que arrastra y satisface, al mismo tiempo, y que permite vivir con ilusión. Esto ocurre cuando uno se sabe querido, amado. El amor desinteresado gana a la persona y le da optimismo para vivir. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, la experiencia de sentirse amado, ha ido acompañada muchas veces por la decepción que causa el abandono inesperado e ingrato. Como conclusión de esa triste experiencia no cabe más que desconfiar también del amor, o esperar un amor infinito, indefectible y permanente. Este amor solo puede ser el amor de Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No obstante, la pregunta sigue en alto con estas palabras: ¿Cómo sé yo que Dios me ama incondicionalmente? ¿Cómo sé yo que ese amor es capaz de acogerme después de mis infidelidades ante Dios y ante el prójimo ? La reacción brota espontáneamente reclamando una señal fiable. La frase es bien conocida: “Danos una señal y creeremos”. La palabra de Dios nos responde hoy con estas palabras: ”Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal .Mirad: la Virgen está en cinta y da a luz un hijo, y le pone por nombre Emmanuel (que significa: Dios-con-nosotros)” (Is. 7, 14).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Señor por su cuenta nos da una señal, porque es el Señor quien tomó la iniciativa de salvarnos después del pecado original. Allí mismo anunció la redención por obra de su Hijo amado, nacido de mujer, y enviado para aplastar la cabeza del maligno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Señor nos trae la salvación. Pero una vez más la santa Madre Iglesia, esposa fiel del Hijo encarnada, nos advierte de nuestra responsabilidad en la recepción del Señor y en el aprovechamiento de su gracia salvadora. Nos lo dice con toda claridad en el salmo interleccional, donde leemos: “¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón. Ese recibirá la bendición del Señor, le hará justicia erl Dios de salvación” (Sal. 23).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos hermanos, ese es el sentido y la finalidad del Adviento a cuyo término estamos llegando al celebrar hoy el cuarto Domingo de este tiempo Litúrgico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestro deber es hacer un acto de fe en la divinidad de Jesucristo y en su acción salvadora, que directamente contemplamos en la Semana Santa, y que sacramentalmente celebramos cada día en la Santa Misa. Aquí se hace presente a los ojos de la fe, la gran verdad que da sentido a nuestra vida: Dios nos ama infinitamente. Ha tomado la iniciativa para salvarnos, aunque el pecado lo habíamos cometido nosotros. Ha dado su vida por cada uno de nosotros. Y, además, no satisfecho todavía, nos busca para ofrecernos gratuitamente el camino y la gracia de la salvación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Verdaderamente, en el Señor está el sentido de nuestra vida y la respuesta a las preguntas fundamentales que nos permiten vivir con ilusión y con esperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Preparemos la Navidad procurando preparar al Señor nuestra alma para que habite en nosotros e ilumine los pasos que han de llevarnos a la vida por el camino de la verdad y del amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vivamos con devoción este momento de la Santa Misa en la que el Señor actualiza para nosotros el único sacrificio redentor, y nos invita a participar de su Cuerpo y de su sangre como sacramento de salvación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y démosle gracias a Dios porque nos ama, nos salva, nos ayuda a v alorar la salvación, y nos busca para que estemos atentos a las indicaciones evangélicas que nos permiten recorrer el camino sin error.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Santísima Virgen María, Madre del Hijo de Dios hecho hombre, y ejemplo de cómo se ha de recibir al Señor, nos ayude a recibir al Niño Dios en la Navidad, y a serle fiel durante toda nuestra vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-8509845345070690959?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/8509845345070690959/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=8509845345070690959&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/8509845345070690959'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/8509845345070690959'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2010/12/homilia-cuarto-domingo-de-adviento.html' title='HOMILIA CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-6745467661419932078</id><published>2010-12-23T14:11:00.000-08:00</published><updated>2010-12-23T14:13:02.706-08:00</updated><title type='text'>HOMILIA TERCER DOMINGO DE ADVIENTO</title><content type='html'>12 de Diciembre de 2010&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos hermanos sacerdotes concelebrantes,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos miembros de la Vida Consagrada,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos hermanos y hermanas todos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Celebramos hoy el Domingo tercero de Adviento. El anuncio de la venida del Señor alude cada vez más a la proximidad del Señor, y a lo que será la experiencia de quienes le reciban adecuadamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.- Hoy, el profeta Isaías nos anuncia una situación verdaderamente atractiva con la llegada del Mesías; sobre todo, teniendo en cuenta las contrariedades que atravesaba el Pueblo de Israel al que dirige sus profecías inmediatamente. A nosotros, sus profecías nos llegan como lección para saber acoger al Señor y aprovechar su mensaje y su gracia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las imágenes que n os brinda el profeta son poéticamente bucólicas en lo que se refiere a la naturaleza, como imagen de la transformación que el Mesías anunciado traerá para todo. Pero, lo más importante del mensaje profético está en estas palabras: “Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios“ (Is. 35, 2). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La importancia de esta afirmación de Isaías está en que nos anuncia algo fundamental en la vida cristiana, que es la experiencia de Dios. Aunque el triunfo del Señor tendrá lugar al final de los tiempos, y será entonces cuando la transformación anunciada llegará a cumplirse plenamente, no debemos olvidar que el Señor obra en cuanto llega a nosotros, si es recibido con espíritu humilde, atento y dispuesto a caminar con él. Por tanto, cuando el Señor inicia su obra en nosotros, siempre con nuestra colaboración, nos enteramos, experimentamos su presencia y gozamos de su consuelo. Sin esta experiencia, sería imposible aceptar el mensaje profético. No sería comprensible que el Señor actuara en favor nuestro sólo al fin de los tiempos. Y resultaría muy difícil creer en su divina Providencia durante nuestra vida mortal, a pesar de sus prometedoras palabras: “Pedid y recibiréis, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá” (Mt. 7, 7).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2..- Pero el mensaje profético es hoy más consolador todavía. Nos anuncia formas concretas de la acción del Señor en nosotros cuando viene a nuestra alma y es recibido adecuadamente. Nos dice Isaías: “Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará…” (Is. 35, 5-6). Por tanto, la presencia del Señor, debidamente recibido, obrará en nosotros determinadas transformaciones que nos facilitarán mayores posibilidades de conocer al Señor, de gozar de su presencia activa en orden a la transformación interior que nos abre a la plenitud en esta vida, y a la salvación eterna tras la muerte. Percibir la presencia del Señor se convierte en estímulo para acercarnos más a Él y gozar cada vez más de su intimidad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3.- Con la obra del Señor en nosotros, se dibuja el futuro verdaderamente bueno, despierta el espíritu a la esperanza, y, como dice también hoy el profeta, “Pena y aflicción se alejarán” (Is. 35, 10). Dicho de otro modo: con la acción de Dios, la vida cobrará sentido en su totalidad y en cada uno de sus momentos; y el sentimiento de tristeza o de pesimismo ante las dificultades y contrariedades que nos imponen las limitaciones y debilidades propias y ajenas, serán superadas. Que sean superadas, no significa que desaparezcan, sino que encontrarán su sentido y podrán ser incorporadas al ejercicio de la personal superación y de la santificación a que somos llamados. Entendido así el mensaje que nos propone hoy la Iglesia con palabras de Isaías, el Adviento deja de ser un tiempo meramente convencional y conmemorativo, y se convierte en la imagen de nuestra vida y en lección para conducirla por el camino recto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4.- No obstante, aunque el anuncio profético respecto de la obra del Señor en nosotros merece toda credibilidad, a la que nos ayuda la fe, conviene saber que los efectos no son instantáneos. Se van manifestando poco a poco, porque dependen de nuestra colaboración, siempre lenta, deficiente y sometida a los altibajos de nuestras oscilaciones ante Dios y ante nuestra necesaria conversión. Por eso el Apóstol Santiago nos recomienda evitar ansiedades, y nos dice: ”Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor” (Carta de Sant. 5, 7). Y para que esta paciencia no sea confundida con el quietismo y la actitud pasiva por nuestra parte, el Apóstol añade como ejemplo clarificador: “El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra mientras recibe la lluvia temprana y tardía….manteneos firmes” (Sant. 5, 7-8).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La firmeza por nuestra parte requiere confianza en el Señor, acercamiento al Señor en la oración, en la participación sacramental, sobre todo en la Eucaristía y en la Penitencia; requiere formación cristiana cultivada en el contacto con la palabra de Dios, con la doctrina de la Iglesia, que es la explicitación concreta de la palabra de Dios para que sea entendida por todos en cada tiempo y en cada circunstancia. Tendremos que preguntarnos cómo andamos en lo que se refiere a estas prácticas tan necesarias, y tomar postura ya desde ahora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5.- La concreción de la firmeza que nos pide el Apóstol Santiago en la espera paciente del Señor y de su obra en nosotros, queda claramente ejemplificada en la persona y en la conducta de S. Juan Bautista, precursor del Señor. Es Jesús mismo quien nos dice de Juan que no es una caña sacudida por el viento, sino que sabe prestar atención a la palabra autorizada, que es la palabra de Dios, y pasar por encima de habladurías y propagandas sociales con las que se quiere confundir hasta la misma fe. El Señor sigue diciéndonos de Juan que era hombre no entregado a la molicie, ni ganado por un interés prioritario a favor del bienestar y de la satisfacción material. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tendremos que aprender esta lección para que nuestra trayectoria en el Adviento nos lleve a vivir una auténtica Navidad en un encuentro personal y transformador con Jesucristo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que S. Juan Bautista, nuestro patrono, y la Santísima Virgen María, que anunciaron y recibieron plenamente al Señor, nos alcancen la gracia de vivir atentos el Adviento y poder gozar de la experiencia de Dios en la Navidad, y luego en toda nuestra vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-6745467661419932078?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/6745467661419932078/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=6745467661419932078&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/6745467661419932078'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/6745467661419932078'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2010/12/homilia-segundo-domingo-de-adviento.html' title='HOMILIA TERCER DOMINGO DE ADVIENTO'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-6270586224688857364</id><published>2010-12-23T14:09:00.000-08:00</published><updated>2010-12-23T14:09:06.459-08:00</updated><title type='text'>HOMILIA EN LA FIESTA DE SANTA EULALIA</title><content type='html'>Mérida, 10 de diciembre de 2010&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos sacerdotes concelebrantes,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridas miembros de la vida consagrada,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Junta directiva y miembros de la Asociación de Santa Eulalia,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hermanas y hermanos todos, autoridades y demás fieles:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hemos comenzado la Misa reconociendo que es un honor compartir con Santa Eulalia la tierra que le vio nacer, y suplicando al Señor que cuantos celebramos su fiesta en la tierra, merezcamos gozar de su compañía en el Cielo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para ello, sabemos todos que es necesario amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. En estos dos mandamientos resumió el Señor nuestro camino de salvación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero es necesario concretar el amor a Dios y al prójimo en acciones bien definidas. De lo contrario puede quedar todo un tanto impreciso y desvaído.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En lo que se refiere al amor de Dios, el primer paso es reconocer que todo lo que somos y tenemos, incluida la oportunidad de amar a nuestro Creador, es regalo suyo. Por tanto, para gozar de la compañía de Santa Eulalia en el cielo, es absolutamente necesario ser agradecidos a Dios nuestro Señor y Redentor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gratitud es una de las virtudes que no encuentra en nuestros ambientes un clima favorable que pedagógicamente nos induzca, nos prepare y nos ayude a practicarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estamos en la civilización de los DERECHOS, y en la cultura de la reivindicación. La consecuencia que se sigue de ello es un tanto peligrosa. En nuestro refranero destaca esa gran lección: “El que no es agradecido no es bien nacido”. Y nosotros aunque en el fondo sabemos que recibimos de Dios, por una parte, no lo agradecemos debidamente. Y, por otra parte, cuando creemos que nos falta algo de lo que deseamos desde nuestros intereses, más que pedirlo al Señor, parece que se lo exigimos desde el supuesto derecho a ser escuchados y complacidos. En algunos casos se llega a más. No escasea quienes al encontrarse con un mal del tipo que sea, consideran a Dios como su autor, y reivindican sin escrúpulos y sin espíritu filial, su pronta liberación. Seguimos, como puede verse, en la conciencia de los derechos. Y, cuando es Dios quien nos pide, abundan estas respuestas: “para ser cristiano no hace falta ir a misa todos los Domingos; no es necesario practicar la confesión; no es necesario rezar tanto, etc.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Frente a estas actitudes tan lejanas al buen sentido, y tan recordadas por el mismo Jesucristo (como queja porque de los 10 leprosos curados solo uno volvió a dar gracias al Señor) la palabra de Dios nos enseña con el ejemplo y con su magisterio. La lectura del libro del Eclesiástico, no ofrece una oración que viene como anillo al dedo para la consideración que estamos haciendo, y para seguir el ejemplo de Santa Eulalia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Te alabo, mi Dios y Salvador, te doy gracias, Dios de mi padre. Contaré tu fama, refugio de mi vida, porque me has salvado de la muerte, … Me auxiliaste con tu gran misericordia” (Eclo 51, 1ss)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El auxilio del Señor, no es don que llega en solitario; sino que nos viene acompañado de otro don, que es ofrecimiento gratuito y permanente del Señor: su infinita misericordia. ¿Creemos que si no fuera porque Dios nos ama infinitamente y derrama sobre nosotros su misericordia, también infinita, podríamos recibir nada de cuanto recibimos constantemente de Él?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestra reflexión, en esta fiesta de gratitud al Señor, debería ser la que nos brinda hoy la Iglesia con las palabras del Salmo: “Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte cuando nos asaltaban los hombres, nos habrían tragado vivos; ¡tanto ardía su ira contra nosotros!” (Sal 123)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La vida, la fe, el perdón, la posibilidad de cambiar hacia el bien cada día, la misma posibilidad de ampararnos en el Señor, son todos, unos dones de Dios que nunca podremos agradecer suficientemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Santa Eulalia, en su tierna adolescencia, supo llevar con dignidad y con gratitud a Dios, todas las pruebas que el Señor permitía para ejemplo nuestro. Y soportó el martirio con la dignidad y valentía que solo puede tener y mantener quien está siendo ayudado por el Señor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante la dureza de la vida y frente a las adversidades con que nos encontramos para vivir el Evangelio de Jesucristo con entereza y fidelidad, es necesario que reconozcamos la obra de Dios en nosotros, que seamos capaces de admirar cuanto Dios hace por nosotros, y que le correspondamos con nuestra gratitud y adoración. Son las puertas de la fidelidad que, a su vez, es imprescindible para ser salvados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos hermanos todos: a pesar de lo complejo que pueda parecernos todo esto, el Señor nos lo pone fácil. Se ha quedado entre nosotros para ser nuestro maestro, nuestro compañero, nuestro defensor y nuestro estímulo constante. Ha elegido para esta presencia la Eucaristía que es ya acción de gracias. Y, en ella, nos proclama su palabra orientadora, nos ofrece su Cuerpo y Sangre sacrificados hasta la muerte como signo de fidelidad al Padre y como gesto redentor, nos invita a unirnos a Él dando gracias al Padre por la creación, por la redención, por su palabra, por su gracia y por su misericordia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ser agradecidos al Señor es actitud y comportamiento que debe concretarse en la Eucaristía. A participar en ella estamos llamados por nuestra madre, la Santa Iglesia, de diversos modos e incluso con el primero de los cinco mandamientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esta fiesta de Santa Eulalia, patrona, ejemplo de vida e intercesora nuestra ante el Señor, pidamos a Dios por intercesión de la Mártir, ser capaces de amarle y de amar al prójimo; ser agradecidos con el Señor y con los que han hecho y hacen grandes cosas en favor nuestro, aunque no siempre lo percibamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esa letanía de gratitudes, no olvidemos tener en cuenta que el cristianismo es comunidad de amor, de perdón y de ayuda, y decidámonos a hacer por los demás, lo que Dios y el prójimo han hecho por nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-6270586224688857364?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/6270586224688857364/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=6270586224688857364&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/6270586224688857364'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/6270586224688857364'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2010/12/homilia-en-la-fiesta-de-santa-eulalia.html' title='HOMILIA EN LA FIESTA DE SANTA EULALIA'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-2180501948746770550</id><published>2010-12-23T14:06:00.000-08:00</published><updated>2010-12-23T14:06:53.133-08:00</updated><title type='text'>HOMILIA EN LAS PRIMERAS VISPERAS DE LA FIESTA DE LA INMACULADA CONCEPCION</title><content type='html'>Badajoz, 7 de diciembre de 2010&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos hermanos sacerdotes,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos diácono, religiosas y seminaristas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hermanas y hermanos todos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el canto de estas Vísperas solemnes, hemos comenzado la celebración de la fiesta de la Inmaculada Concepción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Podríamos decir que esta fiesta es la expresión de una convicción y un deseo de la cristiandad, cada vez más extendido entre los fieles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- La convicción se centra en la fe: creemos firmemente que la Virgen Santísima y Madre de Dios fue concebida sin pecado original y, por tanto, llena de gracia desde el primer instante de su concepción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- El deseo apuntaba a que la Iglesia declarase el Dogma de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, y que instituyera su fiesta en toda la Iglesia universal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nosotros, por la reflexión apoyada en la fe, participamos de la convicción de nuestros mayores desde muchos siglos. El prefacio de la Santa Misa correspondiente a la fiesta que celebramos, lo expresa muy claramente diciendo: “Purísima había de ser, Señor, la Virgen que nos diera el Cordero inocente que quita el pecado del mundo. Purísima la que, entre todos los hombres es abogada de gracia y ejemplo de santidad” &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El deseo manifestado por los fieles en siglos anteriores y durante mucho tiempo, y cumplido ya en nuestros días es una realidad de la que gozamos año tras año con verdadera satisfacción y con profunda gratitud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestra gratitud se eleva como un canto de alabanza al Señor porque, teniendo en su designio eterno la decisión de compartir con la humanidad la condición terrena, eligió hacerse en todo semejante al hombre menos en el pecado. Por ese motivo, quiso nacer de las purísimas entrañas de la Virgen Madre a quien había elegido desde el principio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestra gratitud brota con singular alegría porque en las entrañas virginales de María Santísima Cristo asumió la sencillez y la grandeza de las criaturas humanas como ayuda para la realización de los planes de Dios Padre. Con ello nos dio muestra clara de que el Señor, que - a decir de San Agustín nos creó sin nosotros -, quería salvarnos con nuestra libre colaboración. En la Santísima Virgen María, encontró el signo de la colaboración humana plenamente fiel, como parte necesaria para la salvación del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestra gratitud crece al tomar conciencia de que el Señor quiso ennoblecer grandemente a su futura madre, dotándola con toda la riqueza de la plenitud de la gracia divina, ya que había sido elegida para ser instrumento de la Gracia de la salvación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestra gratitud como criaturas humanas, partícipes de la fe y de la gracia de Dios, se afianza en nosotros al considerar que, con la dotación extraordinaria de María santísima, nos dio a entender las enormes posibilidades que tenemos si decidimos responder “sí” a los planes del Señor, como lo hizo la santísima Virgen María.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La plenitud de la gracia desde el primer instante de la concepción es privilegio que sólo correspondió a la Madre de Dios, por su singular e irrepetible condición de futura Madre de Dios. Pero el crecimiento sin límites en la fidelidad al Señor, y la firmeza en dicha fidelidad, quedaron manifiestos como posibilidad en manos de todos, si cada uno seguimos el ejemplo de María.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este cúmulo de motivos que nos llevan a dar gracias a Dios en la solemnidad de la Inmaculada concepción, tan arraigada en el pueblo cristiano, cuenta de modo muy importante la verdad que nos comunica san Pablo en la breve lectura que acabamos de escuchar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Señor Dios, escoge desde toda la eternidad a cada uno de los seres para el lugar que le asigna en la historia y en el proyecto de la salvación universal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A quienes elige, los predestina capacitándolos con los dones que necesita para cumplir su misión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A quienes predestina al haberlos escogido, los llamó de forma que cada uno pudiera enterarse y responda libremente a la divina vocación. Es ahí donde entra en juego nuestra libertad. Y es ahí, donde la libertad de la joven María se presentó ante Dios como plenamente fiel. Y en atención a esa fidelidad, el Señor la santificó plenamente, de forma que el pecado no la manchase de ninguna forma, previa a la decisión personal de María, ya que la joven Madre de Dios asumiría con plena libertad y con perfecta fidelidad en su momento, hacer norma de su vida la palabra, la voluntad, la vocación de Dios sobre ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La santificación de María transforma su condición humana desde el primer momento de su concepción, dotándole de la gracia incompatible con el pecado original.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A nosotros, la santificación inicial nos llega por las aguas bautismales por las que, purificados del pecado original y dotados de la gracia y de la fe, podemos avanzar día a día, libremente, en esa fidelidad de que nos dio ejemplo el Señor creciendo en edad, sabiduría y gracia delante de Dios y de los hombres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La fiesta de la Inmaculada Concepción nos llama, pues, a la gratitud constante al Señor porque ha obrado maravillas en favor de la humanidad. Nos llama también a la admiración de la grandeza divina capaz de obrar esas maravillas a pesar de la pequeñez de sus siervos. Y nos llama también a tomar conciencia de que también cada uno de nosotros ha sido escogido, predestinado, llamado y santificado para ser luz del mundo y colaboradores de Cristo en la misión de salvar a la humanidad y al mundo en que nos puso el creador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Invoquemos la paternal misericordia del Señor para que nos ayude a ser fieles a su llamada, y a crecer en la grandeza divina que él mismo puso como semilla en nosotros, en la Creación y en la regeneración bautismal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que la Santísima Virgen María nos ayude a permanecer firmes en la fe, y a crecer, día a día, en fidelidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-2180501948746770550?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/2180501948746770550/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=2180501948746770550&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/2180501948746770550'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/2180501948746770550'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2010/12/homilia-en-las-primeras-visperas-de-la.html' title='HOMILIA EN LAS PRIMERAS VISPERAS DE LA FIESTA DE LA INMACULADA CONCEPCION'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-4348265827108614013</id><published>2010-12-23T14:03:00.000-08:00</published><updated>2010-12-23T14:04:47.094-08:00</updated><title type='text'>HOMILIA SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 6pt; text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman','serif'; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;5 de diciembre, 2010&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;Queridos hermanos Sacerdotes concelebrantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos miembros de la vida consagrada,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridas hermanas y hermanos todos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.- En el domingo anterior, con el que iniciamos el tiempo de Adviento, la Palabra del Señor nos hablaba de la profunda renovación a que estamos llamados por el Señor. Sin una auténtica conversión interior es imposible contribuir a la renovación de la sociedad y a la recta ordenación del mundo. Por eso el Señor nos invitaba, a través de san Pablo, a despertar del posible sueño y a conducirnos como en pleno día. Esto es, con diligencia y espíritu de superación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este Domingo segundo de Adviento, la Palabra de Dios nos acerca un poco más a la realidad transformadora de nuestro espíritu y de nuestra sociedad para que logremos la plenitud de todo lo creado. Esa es la voluntad del Señor que manifestó en la creación ordenando a nuestros primeros padres: Creced y multiplicaos y dominad la tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.- En verdad, la renovación de las personas, de la sociedad que integramos y del mundo en que vivimos, no puede ser obra del pecado, ni siquiera de nuestras limitadas capacidades, por esmeradas que sean. Ha de ser obra de quien tiene la inteligencia, el amor y el poder infinitos, único autor de la creación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso, la Santa Madre Iglesia nos enseña, a través del profeta Isaías, que la conversión y la renovación que anhelamos y esperamos, vendrá por mano de Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, como renuevo del tronco de la humanidad creada por Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La expresión bíblica con la que n os ad vierte de ello el Profeta, es tan clara como poética. “Brotará un renuevo del tronco de Jesé y de su raíz brotará un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor…” (Is 11, 1ss)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3.- La convicción de que no somos nosotros, sino el Señor, quién hará posible la renovación de todo y la consiguiente salvación de todos, no nos exime de la propia responsabilidad en este urgente quehacer. A nosotros corresponde preparar el camino al Señor para que llegue al corazón de las personas y al fondo las realidades sociales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ciertamente, la pluralidad humana, y la peculiaridad de la visión que cada uno tiene de su identidad, del proyecto social y, por tanto, del lugar de Dios en el mundo, da y dará lugar a notables diferencias e incluso a posturas encontradas en la idea de lo que es la salvación de las personas, de las instituciones, de la sociedad y del mundo en general. Pero no podemos aplazar nuestra responsabilidad cristiana y, consiguientemente apostólica, al momento en que las circunstancias sean favorables y a que todos confluyamos en un mismo objetivo y en un mismo camino. La conversión o transformación a que nos llama la Iglesia en el tiempo preparatoria a la Navidad requiere que cada uno asuma su propia tarea contando siempre con la fuerza del Espíritu Santo. Con ella podemos hacer frente al mundo y a todas las dificultades que nos presente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Solo cuando el Espíritu Santo obra en nosotros, somos capaces de obrar en la rectitud de la verdad y en la justicia, que es el vehículo del bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así nos lo enseña el profeta Isaías refiriéndose al Mesías, fundamento e iniciador de la Redención y del orden nuevo que debemos procurar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dice el profeta: “Sobre él se posará el Espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor” (Is 11, 1)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4.- Cuando Jesucristo se presentó como el Mesías, manifestó que obraba con la fuerza del Espíritu Santo. Dijo: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” (Lc 4, 16-30) Y, a partir de ese momento, el Señor pudo decir: “Yo soy el camino, la Verdad y la Vida. Quien me sigue no anda en tinieblas sino que tendrá la luz de la Vida”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la misma razón, cuando Jesucristo quiso dejar a los Apóstoles como continuadores de su obra salvífica, no se limitó a animarles diciéndoles: “Yo estaré con vosotros hasta el fin de los tiempos” (Mt 28, 20) Reunido con ellos, les dijo: “Recibiréis el Espíritu Santo y seréis mis testigos… hasta el fin del mundo” (Hch 1, 8ss) Y en otra ocasión les dijo también. “Recibid el Espíritu Santo; a quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos” (Jn 20, 22-23)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta enseñanza nos hace recordar el día de nuestra confirmación en que, por ese admirable sacramento, vino a nosotros el Espíritu Santo capacitándonos para obrar de acuerdo con nuestra condición de bautizados, hijos de Dios, miembros de la Iglesia y constituidos apóstoles entre nuestros semejantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4.- El modelo de nuestro comportamiento lo tenemos en san Juan Bautista, cuya vida entera llena de la acción divina, se convirtió en fuerte llamada a preparar el camino del Señor, y a proclamar el tiempo de gracia que el Mesías trae para todos. Y para ello hace alusión al Espíritu diciendo que Cristo nos bautizará con Espíritu Santo y fuego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al celebrar este segundo Domingo de Adviento, tomemos ejemplo de S. Juan Bautista y, escuchando al Profeta Isaías, acerquémonos al Señor en la Eucaristía, y pongámonos a sus disposición asumiendo la responsabilidad de nuestra conversión y de apostolado generoso para con el prójimo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-4348265827108614013?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/4348265827108614013/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=4348265827108614013&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/4348265827108614013'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/4348265827108614013'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2010/12/homilia-domingo-ii-de-adviento.html' title='HOMILIA SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-1493668873742793868</id><published>2010-12-12T05:51:00.000-08:00</published><updated>2010-12-12T05:57:02.227-08:00</updated><title type='text'>HOMILIA VIGILIA POR LA VIDA NACIENTE</title><content type='html'>27 de Noviembre de 2010&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos hermanos sacerdotes y miembros de  la Vida Consagrada,&lt;br /&gt;Queridos matrimonios y familias aquí reunidas,&lt;br /&gt;hermanas y hermanos todos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            1.- El Papa Benedicto XVI ha tenido la feliz idea de convocar a los fieles de todo el mundo a una solemne Vigilia de oración a favor de la vida, poniendo el acento en la vida naciente. Nosotros, haciéndonos eco de esta convocatoria universal, nos hemos reunido en este sagrado templo con-catedralicio para elevar al Señor alabanzas, acción de gracias y súplicas por la vida. Queremos ser verdaderos apóstoles del Evangelio de la Vida que nos enseñó muy bien el Papa Juan Pablo II.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;A esta Vigilia hemos convocado también a todos los fieles de nuestra Archidiócesis, pidiendo que en cada pueblo se celebre un acto vespertino de oración como lo estamos celebrando nosotros aquí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para centrarnos en los motivos de nuestra plegaria, elevando al Señor una misma oración, he creído oportuno destacar algunas de las intenciones que deben ocupar nuestra mente y nuestro corazón en estos momentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este acto piadoso con motivo de la preocupación por la vida naciente debería ser, en todos los participantes:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;· Un canto a la vida.  No olvidemos que la vida es el don primero con que Dios nos abre las puertas a su amor y a su intimidad. Todo lo que podemos recibir de Dios, y todo lo que podemos ofrecerle como correspondencia a su amor infinito, parte del hecho de que gozamos del regalo de la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;· Una acción de gracias por lo que la vida supone como pórtico abierto para conocer a Dios, para amarle, para seguirle como la Verdad suprema, y para intimar con Él ahora y luego disfrutar de su gloria por toda la eternidad. La vida es el primero de los recursos que tenemos para lograr la salvación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;· Una ocasión para asumir y renovar un claro compromiso, explícito y firme, en orden a aprovechar la vida que tenemos. Perderla o desaprovecharla equivale a no amarla. Y no amarla es la consecuencia de no valorarla como el don primero y principal que inicia nuestra progresiva divinización. El don de la vida es la primera manifestación de que Dios nos ama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;· El momento de renovar nuestro propósito de defender la vida en todos sus estadios y situaciones; con el convencimiento de que la vida sólo es de Dios. Nosotros no somos dueños de la vida propia ni de la de nadie. Pero sí que somos los responsables de defenderla, cultivarla y orientarla para que cumpla el fin principal querido por Dios que es su autor y dueño absoluto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La vida, en su estadio inicial, no es una simple agrupación de células instaladas en el organismo humano, sin más importancia y significación. Es muchísimo más: es una realidad misteriosa y magnífica, a la vez, planificada por Dios en su designio eterno para ser la manifestación terrena de la gloria de Dios. Al ser manifestación de Dios, que es amor, no solo expresa el amor de Dios, sino que ha de iniciarse, desarrollarse y cultivarse en el seno del amor. Por eso, el matrimonio, del que el Señor quiere que brote la vida, es el signo de la unión de Cristo con su Iglesia. Unión que es toda fruto del amor infinito y divino que., en todo momento busca el bien del otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La vida es, por tanto, la manifestación más clara de que hemos sido creados por Dios para promover la vida y defenderla, directa o indirectamente, y no para procurar la muerte bajo ningún concepto. El Hijo de Dios, con su encarnación y nacimiento de las purísimas entrañas de la Santísima Virgen María, vivió entre nosotros defendiendo la vida mediante la resurrección de algunos muertos, procurando que los pecadores no fueran ajusticiados, y curando a los enfermos cuya vida peligraba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;· Esta Vigilia  es, también, una ocasión para pensar y trabajar unidos buscando formas para defender la vida, para promover la vida, para cultivar la vida ya nacida, por todos los medios al alcance de cada persona, de cada comunidad y de cada grupo cristiano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para que todo esto quede expresado verídicamente en esta Vigilia y en las acciones que, con la misma intención, puedan celebrarse en otras ocasiones, es necesario que profundicemos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- En la riqueza de la obra de Dios en nosotros, como organismos capaces de ser instrumentos y templos de la vida que se desee iniciar en cumplimiento de la voluntad de Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- En el sentido del cuerpo, de la sexualidad, de la propia oblación al servicio de la voluntad de Dios, y de las prioridades que la vocación paterna y materna establece, y que ha de organizar la propia vida como criterio  indeclinable. Los padres no son simple progenitores, sino  imagen de Dios Padre, educadores  y primeros catequistas de los hijos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- En el verdadero sentido de la paternidad y de la maternidad que, como don de Dios, es incompatible con ese pensamiento ya extendido de que los hijos pueden ser buscados por todos los procedimientos naturales y artificiales, porque son un derecho de los padres estén constituidos o no en matrimonio.  Quienes, por cualquier motivo, no han sido llamados por el Señor a contribuir directamente en la paternidad o en la maternidad, no son fugitivos de esta responsabilidad en favor de la vida, ni fracasados en el intento. Por el contrario, son un canto vivo, una proclamación elocuente de que la paternidad y la maternidad constituyen una auténtica vocación divina; y que, por tanto, no deben ser adquisiciones artificiales procuradas de espaldas a Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta Vigilia debe ser una plegaria al Señor:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;· Para que nos ayude a entender todo esto, y a asumir la vocación concreta de cada uno en orden a la defensa y cultivo de la vida, y a la aceptación gozosa y sacrificada de la paternidad y de la maternidad responsables.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;·         Para que nos ayude a ser educadores cristianos en el seno de la familia, de la escuela, de la catequesis y de la vida de la comunidad eclesial. La educación es necesaria para entender, aceptar, agradecer, cultivar y defender el don de la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;·         Para que el Señor nos ayude a procurar todo lo que esté a nuestro alcance (con el esfuerzo de todos) para ayudar a quienes, llevando la vida en sus entrañas, se encuentran con  la incomprensión, con la adversidad o con la soledad personal, de modo que no desfallezcan sino que se mantengan firmes en su preciosa responsabilidad maternal hasta dar a luz la más digna criatura de Dios que es la persona humana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos hermanos: de todos es conocida la inmensa variedad de opiniones, de leyes y de conductas presentes en la sociedad en torno al don de la vida. Por todo ello, la sociedad y la familia misma ya no son siempre el espacio pacífico y gozoso donde se recibe el inmenso don de la existencia humana y donde esta encuentra el calor necesario para su desarrollo integral. Sin embargo, lejos de todo sectarismo, desprecio y juicio de intenciones en cada caso, los cristianos estamos llamados a ser apóstoles de la vida y defensores de la civilización del amor que no quiere, de ninguna forma, la muerte de nadie; y mucho menos, de los seres inocentes e indefensos. Debemos trabajar con denuedo para que la cuna de la vida no se convierta en su patíbulo y sepultura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta responsabilidad, que nos compete como cristianos, aunque requiere el esfuerzo y la coordinación de todos, desborda nuestras posibilidades. Es necesario que el Espíritu actúe en las inteligencias y en los corazones, para que, mientras nosotros trabajamos en favor  de la vida desde su concepción hasta su muerte natural, el Señor haga fecundas nuestras acciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Concluyamos, pues, nuestra vigilia unidos en la oración, y renovando el propósito de cumplir la voluntad de Dios sobre cada uno en orden proclamar el Evangelio de la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            QUE ASÍ SEA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-1493668873742793868?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/1493668873742793868/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=1493668873742793868&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/1493668873742793868'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/1493668873742793868'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2010/12/homilia-vigilia-por-la-vida-naciente.html' title='HOMILIA VIGILIA POR LA VIDA NACIENTE'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-2705400410618444064</id><published>2010-12-12T05:48:00.000-08:00</published><updated>2010-12-12T05:49:56.818-08:00</updated><title type='text'>HOMILIA PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO</title><content type='html'>Queridos hermanos sacerdotes concelebrantes,&lt;br /&gt;Queridos miembros de la Vida Consagrada,&lt;br /&gt;Hermanas y hermanos todos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.- Comenzamos hoy el tiempo de preparación a la Navidad. La Iglesia lo denomina tiempo de adviento. Es el tiempo del advenimiento de nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre entre nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La santa Madre Iglesia pone hoy ante nuestra consideración ese final glorioso en el que brillarán definitivamente la luz y la vida que Jesús quiere ofrecernos. Para ello se anonadó haciéndose en todo semejante al hombre menos en el pecado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.- La primera lectura nos dice que, al final de los tiempos, todo será de acuerdo con el amor y la voluntad salvífica de Dios. Triunfará el amor sobre todo egoísmo y, por eso, triunfará la misericordia sobre el pecado. Pero nos advierte, al mismo tiempo, que esa transformación del mundo, en la que debemos comprometernos porque para eso nos ha creado el Señor, no es tarea que podamos llevar a cabo por nosotros mismos. La complejidad y las dificultades que entraña acertar en el camino y ser constantes el su seguimiento, requiere la ayuda de Dios. Por eso, el profeta advierte que el Señor nos instruirá en sus caminos y, con ello, marcharemos por sus sendas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta enseñanza nos brinda unas conclusiones que han de regir nuestro comportamiento como cristianos responsables.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En primer lugar, todos deberemos estar atentos a la instrucción del Señor. Eso es&lt;br /&gt;lo que nos corresponde de modo insustituible e indeclinable. Escuchar y meditar la palabra de Dios y procurar una formación cristiana acorde con las exigencias de nuestra vocación cristiana ha de ser nuestra preocupación constante y nuestra dedicación serena y continuada a lo largo de nuestra vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En segundo lugar, es necesario que tomemos conciencia de que la instrucción del&lt;br /&gt;Señor llega a los hombres a través de otros hombres. Es la Iglesia, ante todo la que n os instruye en el temor del Señor y la que n os enseña la senda de la vida y de la salvación. Pero la Iglesia realiza también su cometido a través de las personas que el Señor ha puesto cerca de nosotros para nuestra orientación. Esto nos hace pensar en la atención que prestamos a la Iglesia y a sus pastores y apóstoles; y, al mismo tiempo, deberemos examinarnos acerca del ánimo apostólico de cada uno de nosotros. También el Señor nos ha llamado como mediación para darle a conocer y para advertir acerca de los caminos del bien en la familia, en la escuela, y en los ámbitos sociales en que podamos encontrarnos con el prójimo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La instrucción del Señor ha de llevarnos a sembrar en los hermanos la paz mesiánica que lleva consigo la civilización del amor, el reino de la justicia y el constante ejercicio del perdón y del servicio al prójimo Por tanto deberemos analizar si nuestra predicación y nuestro testimonio llevan a forjar arados de las lanzas, de las espadas podaderas. Tendremos que preguntarnos: ¿somos verdaderamente sembradores de paz?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se puede sembrar la paz sin sembrar la verdad en el amor, o el amor en la verdad. Y corren tiempos en que se desecha la Verdad para dar prioridad a lo que cada uno cree que es su verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3.- A la vista de todo lo dicho, urge caer en la cuenta de que “ya es hora de espabilarse, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer” (Rm 13, 11). Por tanto, está más cerca, también, la responsabilidad que debemos asumir cada uno. No olvidemos que todos hemos sido hechos apóstoles por el Bautismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No podemos seguir en el sueño, esperando que todo nos lo den hecho. La situación social en que pudiéramos pensar así, no solo estaba equivocada, sino que ya pasó. En cualquier caso es actitud del niño que ya nos corresponde como adultos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero para trabajar, al despertar del sueño en que pudimos abandonarnos a responsabilidades ajenas, hay que pertrecharse con las armas de la luz, como nos dice hoy el Apóstol Pablo. Y las armas de la luz son: la Palabra de Dios (formación); los Sacramentos (participación en el misterio); la Oración (espiritualidad – contacto con Dios); y las obras de caridad como disposición para servir al prójimo generosamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4.- Todo esto debemos hacerlo sin nerviosismos, pero sin demora, “porque no sabemos el tiempo que nos dará el Señor”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tenemos derecho a confundir la esperanza con la inactividad y con una demora injustificable en el apostolado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy necesitamos nuevas formas de apostolado porque son tiempos nuevos, mentalidades nuevas, nuevas adversidades y nuevos recursos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esos planteamientos han de hacerse, no solo en la parroquia, sino también en la familia, en la escuela y en la calle.&lt;a name="_GoBack"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pidamos al Señor que viene a nosotros, luz, generosidad, valentía y constancia para seguir su palabra y servirle en la propia conversión y en el apostolado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-2705400410618444064?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/2705400410618444064/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=2705400410618444064&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/2705400410618444064'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/2705400410618444064'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2010/12/homilia-primer-domingo-de-adviento.html' title='HOMILIA PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-3872547383405731286</id><published>2010-07-29T00:20:00.000-07:00</published><updated>2010-07-29T00:22:32.793-07:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN LA FESTIVIDAD DE SANTIAGO APÓSTOL</title><content type='html'>Mis queridos hermanos sacerdotes  concelebrantes,&lt;br /&gt;queridos hermanos y hermanas todos, religiosas y seglares:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dirijo a vosotros, queridos en el Señor, con la alegría que nos embarga al concluir un curso pastoral enriquecido con especiales bendiciones de Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.- Acabamos de celebrar el Año Sacerdotal unidos a toda la Iglesia universal y, de un modo singular, a los Sacerdotes católicos de todo el mundo, junto al Papa Benedicto XVI que, como sucesor de Pedro, nos conduce con sabiduría y virtud probadas. Ha sido un don inmenso del Espíritu Santo, que asiste a su Iglesia, la permanente oración que los fieles cristianos han elevado a Dios Padre, durante el Años sacerdotal, por medio de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote de la Nueva Alianza. La Iglesia entera ha suplicado, con fe y esperanza, la santidad de los Presbíteros y de los Obispos, y ha implorado la gracia de abundantes vocaciones al Sacerdocio ministerial. Demos Gracias a Dios porque Él siempre nos escucha y actúa con magnanimidad con nosotros sus ministros, y con toda su santa Iglesia&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si Dios quiere, celebraremos con toda solemnidad la clausura diocesana del Año Sacerdotal cuando comience el nuevo Curso, uniendo en la misma jornada otros dos grandes acontecimientos eclesiales de singular importancia para la Archidiócesis de Mérida-Badajoz, y de íntima relación con el Sacerdocio ministerial. Me refiero a la ordenación de tres nuevos Diáconos, y a  la clausura del proceso diocesano de Canonización de los sacerdotes  de esta Iglesia particular, martirizados en España en la primera mitad del siglos XX. Ellos, de cuya sangre brotan con toda seguridad nuevas vocaciones sacerdotales, intercederán ante el Señor por nosotros, por los que aspiran a recibir el sacramento del Orden sagrado, y por quienes hayan de servir como la mediación elegida por Dios para discernir y encauzar su vocación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.- Hoy, quiero daros las gracias por acompañarme en el día de mi onomástica durante la celebración eucarística y festiva del Apóstol Santiago, y por elevar oraciones por mi persona y ministerio. Al mismo tiempo os invito a uniros a mi plegaria suplicando al Señor que me ayude a ejercer con acierto y plena entrega el ministerio de la Evangelización entre vosotros, con vosotros y para vosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por mi parte, doy gracias a Dios porque me ha permitido  servir a esta querida Iglesia de Mérida-Badajoz como Pastor durante ya 5 años, que se me han pasado como un agradable suspiro episcopal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quiero que mi gratitud al Señor vaya acompañada por un sincero agradecimiento a los Presbíteros, a los religiosos y religiosas y a los laicos porque, de un modo eficiente habéis  hecho posible, con vuestra generosa colaboración, todo lo que la Archidiócesis ha podido realizar para gloria de Dios, para bien de su Iglesia y para la salvación de los hombres y mujeres, nuestros hermanos en el Señor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No ceséis de orar por  nuestra Iglesia, por los sacerdotes, por quienes consagran su vida plenamente  al  Señor, por quienes han sido llamados al Sacerdocio y a la Vida Consagrada, por las familias, por los jóvenes, por sus educadores, por quienes rigen el destino de los pueblos, y por todos los que, de un modo u otro, trabajan por aliviar en el mundo la pobreza, la marginación, la manipulación de los  más pequeños, y el atentado contra la vida de los más inocentes e indefensos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3.- La palabra de Dios nos habla hoy con especial claridad animando nuestro espíritu para que sigamos viviendo como testigos de la grandeza inigualable de Dios y de su infinita misericordia, que brota de su amor infinito a todo los que ha creado, sin excepción alguna. Para todos se ha ofrecido el Señor en la cruz logrando la redención universal y eterna para quienes le buscan con sincero corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hemos escuchado, del libro de los Hechos de los Apóstoles, que éstos “daban  testimonio con mucho valor y hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo” (Hch. 4, 33). A ello estamos llamados cada uno de los cristianos por los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación, y alentados y fortalecidos por la Eucaristía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dar testimonio de Cristo en nuestros días y en nuestra sociedad requiere mucho valor en abundantes ocasiones. Cada vez parece que  aumentan, y crecen en sonoridad, las voces  y los ecos que pretenden aprovechar cualquier circunstancia para desacreditar a la Iglesia de Cristo, y para promover una sociedad que viva de espaldas al Señor, Dios compasivo y misericordioso. Pero el ejemplo de los Apóstoles, que vivían circunstancias mucho más graves que la nuestras, hasta el punto de que tuvieron que dar su vida recibiendo el martirio por el Nombre de Jesús,  nos invita a revisar, purificar y fortalecer muy seriamente  nuestras actitudes y comportamientos apostólicos y pastorales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estamos llamados no solo a ser fieles al Señor, sino a realizar, en medio del pueblo, signos claros de esa fidelidad, y a manifestar las razones que la motivan y la sostienen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4.- Los signos que nos pide el Señor son, en primer lugar, un fuerte amor a Jesucristo, alimentado y acrecentado en la experiencia personal de Dios que  nos asiste, nos enseña, nos conduce y nos espera con una paciencia tan grande como amorosa. Y, como consecuencia de ello, estamos llamados a dar el signo de una permanente fidelidad a Dios obedeciendo a la palabra y a la  llamada del Señor  antes que a los requerimientos humanos y sociales. Esto, que parece lógico en un cristiano, queda notablemente reducido en muchos casos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las palabras de la Sagrada Escritura que hemos escuchado, pronunciadas por los Apóstoles ante el Consejo del Pueblo y ante el Sumo Sacerdote, son tan claras y valientes como necesarias: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch 5, 29). Era necesario manifestar este principio fundamental, porque, en la práctica, es puesto en cuestión, muchas veces, entre nosotros. Esto, aunque sorprenda, ocurre entre nosotros cuando el seguimiento de la Doctrina de la Iglesia pone en peligro el prestigio propio ante los conocidos. A así ocurre, también, cuando los intereses personales o nuestra cómoda tranquilidad se ven amenazados si tomamos plenamente en serio la enseñanza evangélica.  Otras veces, corremos el peligro de soslayar o post-poner la atención a la voluntad divina cuando, sin especial  interés por  adquirir la debida formación cristiana, o sin contrastar oportunamente los criterios propios, cedemos a  las corrientes de pensamiento más cotizadas en nuestra sociedad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabemos que en nuestros días hay leyes que permiten poner los intereses humanos por delante de la voluntad de Dios, autor de la vida, y que nos manda “no matar”. Llama la atención, en este punto, que los que se escandalizaban porque la Iglesia no condenaba, en su Catecismo, a los estados que permiten la pena de muerte en sus leyes, ahora defiendan el crimen del aborto como un derecho incontestable de la madre. Y se pretende justificar dicha legislación arguyendo que con ello se favorece la vida sana, la libertad de la madre o la solución de un problema de responsabilidad no asumida a causa del ejercicio caprichoso de una libertad sexual  que no es legítima a los ojos de Dios. Ante ello, los cristianos debemos argüir siempre, sin desfallecer, para que, aunque se imponga socialmente la ley, quede permanentemente claro que sólo Dios es el dueño de la vida, y que todos nosotros debemos agradecerla y defenderla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5.- Santiago Apóstol, primer mártir entre los Apóstoles, dio testimonio de fidelidad a Dios, y demostró con valentía hasta entregar su vida, que, a pesar de su debilidad humana, Dios actúa con fuerza  a través nuestro cuando asumimos la responsabilidad de defender la verdad de Dios ante el pueblo. Por eso S. Pablo nos advierte en las lecturas de hoy, que “llevamos el tesoro de la fe en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros” (2Cor 4, 7). Por eso, añade: “Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; estamos apurados; nos derriban, pero no nos rematan” (2Cor 4, 8).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pidamos al Señor, por intercesión del Apóstol Santiago, la gracia de ser auténticos testigos de la Verdad, del amor, de la justicia y de la paz, comprometidos en la llamada del Señor para ser luz del mundo, iluminando cristianamente el orden temporal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que la Santísima Virgen María que, según la piadosa tradición, fortaleció al Apóstol Santiago en España cuando andaba débil de fuerzas para proclamar el Evangelio, nos alcance la gracia de perseverar en la profunda convicción de que es nuestro deber cristiano proclamar la bondad de Dios y su amor infinito, mediante la palabra adecuada y mediante nuestro testimonio de vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-3872547383405731286?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/3872547383405731286/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=3872547383405731286&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/3872547383405731286'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/3872547383405731286'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2010/07/homilia-en-la-festividad-de-santiago.html' title='HOMILÍA EN LA FESTIVIDAD DE SANTIAGO APÓSTOL'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-9127333708282814372</id><published>2010-06-27T14:23:00.000-07:00</published><updated>2010-06-27T14:31:06.809-07:00</updated><title type='text'>H0MILÍA EN LA ORDENACIÓN DE UN PRESBÍTERO</title><content type='html'>27 DE JUNIO DE 2010&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mis queridos hermanos sacerdotes concelebrantes ,&lt;br /&gt;Querido Francisco, todavía Diácono y ya próximo Presbítero,&lt;br /&gt;Queridos hermanos y hermanas todos, familiares de Francisco, religiosas y seglares:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy es un día de gozo para la Iglesia. En tiempos de dificultad y contradicción, el Señor manifiesta en su Iglesia la prevalencia de su santa voluntad y el don de la generosidad que actúa en quienes le escuchan y le obedecen. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Un joven, que podría haber seguido los impulsos de un ambiente adverso, ha mirado al Señor de frente y se ha sentido ganado por el misterioso amor de Dios que le llama a ser ministro suyo; ministro de la trascendencia, de la vida que solo Dios puede regalar; ministro del amor y de la reconciliación; ministro de la salvación que ya comienza en los días de la vida mortal cuando, como regalo del Espíritu Santo, participamos de la luz y de la gracia de Dios. Es el Espíritu del Señor quien nos permite descubrir, en medio de las oscuridades terrenas, el sentido trascendente de la vida; el valor salvífico del sufrimiento unido a la Cruz de Jesucristo; el carácter de signo que tienen los momentos de alegría como adelanto de la felicidad celestial; la fuente de la paz interior que está en la unión con el Señor; y la esperanza que nos ayuda a mantener la ilusión en el bien que anhelamos y que todavía no hemos alcanzado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La llamada al Sacerdocio siempre es una manifestación del amor misterioso de Dios que nos elige sin mérito nuestro , y que nos gana hasta llevarnos a presentar la propia vida como ofrenda consciente y libre a Aquel que nos la dio para gloria suya, para bien de la Iglesia y salvación del mundo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El día en que el Obispo impone las manos sobre la cabeza de un joven y le confiere el carácter sacerdotal, es un día en que sobresale esa incógnita que nunca sabremos develar: por qué a mí, a pesar de mis notables limitaciones, de mis inseguridades, de mis torpezas y de mis infidelidades.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ante el misterio que nos presentan estas consideraciones, no cabe otra postura interior que doblar el alma ante el Señor en humilde actitud de fe, ganado el espíritu por una inmensa gratitud, y exclamar, como la sincera expresión del corazón ganado por el amor de Dios que nos envuelve con su amor infinito e incondicional: “Señor mío y Dios mío”. Y volar en esta expresión de admiración y devota adoración al Señor de cielos y tierra todo el ánimo de fidelidad y de obediente correspondencia de que seamos capaces con la ayuda de su gracia.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El seguimiento del Señor, que ha de ser consecuencia de la sorprendida admiración ante la generosa elección divina y ante el caudal de gracias que su Espíritu derrama sobren nosotros al constituirnos ministros de Cristo en la Iglesia, requiere plena con fianza en que, unidos al Señor, todo lo podemos en Aquel que n os conforta. Sólo con la plena confianza en la protección del Señor que obra en nosotros y a través nuestro, podremos entender el sentido y alcance de nuestro ministerio.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero, junto a todos los regalos del Señor que confluyen en el ministerio sacerdotal, debe estar, también y de modo inexcusable, la nuestra aportación. Tenemos que prometer y esperarnos en cumplir la ofrenda plena de nosotros mismos y de todo lo nuestro. DE ello nos da ejemplo el profeta Eliseo. Nos dice hoy la palabra de Dios que “cogió la yunta de bueyes y los ofreció en sacrificio; hizo fuego con aperos, asó la carne y ofreció de comer a su gente; luego se levantó, marchó tras de Elías y se puso a su servicio” (1 Re. 19, 21).&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hay muchas cosas que los sacerdote debemos ofrecer a Dios poniéndolas a disposición de las personas que el Señor nos ha encomendado y que se cruzan en nuestro camino. La Santa Madre Iglesia nos invita hoy a proclamar una profunda convicción de fe que atañe a todo cristiano, pero especialmente a los sacerdotes. El Salmo interleccional nos brinda las palabras diciendo: “El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte está en tu mano” (Sal. 15). De tal modo esto es verdad en los sacerdotes, que en la medida nos vinculemos a intereses terrenos de cualquier orden, por muy legítimos que puedan ser considerados en algún momento por nosotros y por otros, disminuye la fuerza de nuestro ministerio. Con toda claridad nos lo enseña hoy S. Pablo en la segunda lectura: “Yo os lo digo: andad según el Espíritu y no realicéis los deseos de la carne; pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne. Hay entre ellos un antagonismo tal que n o hacéis lo que quisierais. En cambio, si os guía el Espíritu, no estáis bajo el dominio de la ley” (Gal, 5, 18). De esta enseñanza deriva la fuerza de las promesas sacerdotales por las que cada uno de nosotros asumió el día de su ordenación sagrada, la vida en castidad, pobreza y obediencia. De ello nos da clara enseñanza el Santo Evangelio que acabamos de escuchar.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El Señor nos enseña el desprendimiento propio de la pobreza diciéndonos: “El Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza” (Lc. 9, 58). Jesús os enseña también a no poner los afectos humanos como condición básica para el ejercicio del ministerio sagrado. Actitud esta que los sacerdotes, cuando así lo pide la Iglesia, debemos entender como una llamada a la castidad.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Al escuchar a uno de los discípulos que le dijo con una aparente generosidad ejemplar: “Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia”, respondió: “El que echa la mano en el arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios” (Lc. 9, 62).&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y cuando otro. Llamado a seguirle, dijo: “Déjame primero ir a enterrar a mi padre”, el Señor le respondió con verdadera exigencia: “Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios” (Lc. 9, 60).&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Esta es nuestra aportación, como sacerdotes, en correspondencia a la misteriosa elección con que el Señor nos ha distinguido y enriquecido. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Llevados de la profunda convicción creyente de que Dios puede hacernos capaces de lo que nos pueda parecer imposible, lejano o arriesgado, hagamos nuestras las palabras con que hemos invocado al Señor en la Oración inicial de la Misa: “Concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de la verdad”.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Con esta plegaria, pidamos al Señor la gracia de la fidelidad sacerdotal para este hermano nuestro que hoy recibe el Sacramento del Orden sagrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-9127333708282814372?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/9127333708282814372/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=9127333708282814372&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/9127333708282814372'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/9127333708282814372'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2010/06/h0milia-en-la-ordenacion-de-un.html' title='H0MILÍA EN LA ORDENACIÓN DE UN PRESBÍTERO'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-146964324284960027</id><published>2010-06-24T12:14:00.000-07:00</published><updated>2010-06-24T12:16:55.439-07:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN LA FIESTA DE SAN JUAN  BAUTISTA</title><content type='html'>Queridos hermanos sacerdotes concelebrantes,&lt;br /&gt;Excmo. Sr. Alcalde y Corporación municipal,&lt;br /&gt;Hermanas y hermanos todos, religiosas y seglares:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.- En la oración inicial de la Misa, la Iglesia nos ha presentado a S. Juan Bautista como el enviado para preparar a Cristo un pueblo bien dispuesto. Y esta misma Iglesia, con gesto maternal, nos lo ha concedido como titular de esta Santa Iglesia Catedral Metropolitana, y como Patrono de esta entrañable Ciudad nuestra que la alberga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Teniendo en cuenta este doble patronazgo, verdaderamente providencial, nos corresponde no sólo invocar la protección de S. Juan Bautista para que nos alcance los bienes que deseamos, sino, sobre todo, pedirle que, como el maestro, nos dé a conocer los bienes que debemos desear.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.- Aceptar al santo como patrono supone, en primer lugar, que recurrimos a él para que realice en nosotros, como pueblo, lo mismo que realizó en los tiempos de su predicación en el mundo. Según la oración referida, lo que realizó fue preparar para Cristo un pueblo bien dispuesto. Él había sido elegido y enviado como precursor del Mesías, de Jesucristo nuestro Señor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo primero que plantea la significación del patronazgo de Juan Bautista sobre Badajoz entero, es si acaso no habrá perdido su actualidad y su oportunidad, en medio de una sociedad plural, ajena en muchos casos a la fe cristiana, e integrada por personas de diversas religiones y creencias. A simple vista parece fuera de lugar pedir al cielo que todos estén dispuestos para recibir a Jesucristo, como Juan Bautista hizo en Judea antes de que llegase el Mesías esperado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, esta súplica, bien entendida, no margina a nadie, no puede herir ninguna sensibilidad religiosa, ni ha de causar molestia las personas que viven al margen de la fe. La razón es muy sencilla, al menos si se entiende esta súplica tal como la Iglesia la expone. Veamos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3.- En primer lugar, queda muy claro que pedimos a Dios la buena disposición del pueblo ante la persona de Jesucristo, verdadero Dios, al tiempo que hombre verdadero desde su Encarnación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Disponerse bien ante Dios equivale, entre otras cosas, a lograr una actitud de apertura ante la Verdad; una disposición sincera hacia la justicia; una vivencia profunda del amor; y la voluntad expresa de procurar la paz interior y la paz social en el mundo entero. ¿Hay en ello ingerencia alguna en la libertad personal y social?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La única discrepancia podría surgir en algunos al escuchar que nuestra súplica se refiere, en definitiva, a que nosotros, los cristianos, entendemos que Cristo es la Verdad; que Cristo es la expresión máxima del amor de Dios, universal y desinteresado; que Cristo es la justicia ejercida con misericordia infinita; y que Cristo es la paz que colma todos los deseos, porque está fundamentada en el amor. Pero ¿no es la verdad, la justicia el amor y la paz lo que todos deseamos? Pues nosotros, en el día de hoy, llevados del sentido de fraternidad universal, que se funda en el hecho de que todos hemos sido creados por Dios y llamados a ser hijos suyos, pedimos para todos y, especialmente para los habitantes de nuestra querida ciudad de Badajoz, los dones de la verdad, de la justicia, del amor y de la paz. Ojalá todos recibieran este precioso regalo, aunque desconocieran o rechazaran, de momento, su origen. Y ojalá, disfrutando de esos dones, llegaran un día a descubrir la fuente de donde brotan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4.- Es cierto que no todos creen en la existencia de una verdad objetiva y universal, capar de ser válida referencia para el hombre en todas sus circunstancias y momentos. Pero es muy importante para vivir en la justicia, en la paz, y en la concordia -que nace del amor-, entender que la verdad no es verdad por la cantidad de gentes que se la creen, sino porque es la verdad. La verdad objetiva existe aunque el relativismo y el subjetivismo actuales la nieguen. Jesucristo es la verdad aunque muchos no crean en él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La verdad nos trasciende constantemente en sus manifestaciones concretas y terrenas, sean materiales o espirituales. De hecho, cuanto más estudiamos, más verdad descubrimos. La universal curiosidad que invade el alma humana, y la dedicación constante a la investigación, constituyen una clara muestra de ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además de ello, cuando vivimos desde la fe, alcanzamos a conocer la Verdad que nos trasciende aún si hubiéramos colmado la capacidad humana de descubrimiento y de progreso; porque la Verdad absoluta es Dios: “Yo soy el camino, la Verdad y la Vida”. “Yo soy la luz; quien me sigue no anda en tinieblas”. La verdad plena no es compatible con defecto ni error alguno. Por eso, la Verdad en la que todas las supuestas verdades encuentran su verificación, no pertenece a este mundo. Fue Jesucristo quien nos la dio a conocer al encarnarse y compartir la historia con nosotros presentándose como hijo de Dios, como hizo al decir: “Quien me ve a mí ve al Padre”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Verdad absoluta no es de esta tierra, pero es absolutamente necesaria para regir esta tierra. De hecho, a medida que se prescinde de ella en este veloz proceso de secularización antropocentrista, en esa misma medida va desdibujándose la identidad de la persona humana, la sociedad se va deshumanizando, se contradice toda afirmación sobre la dignidad de la persona, y crece el ataque frontal y desconsiderado a la vida de la persona, especialmente de las más débiles e indefensas, aunque vivan su situación más inocente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ese conocimiento de la Verdad sobrenatural, que es Dios, Jesucristo la dejó velada todavía al hombre a causa de nuestras limitaciones. El Señor la proclamó de modo que todos tuviéramos noticia de ella. Pero no quedará patente a los ojos humanos, hasta que gocemos de la vida eterna, enriquecidos con el don de la visión beatífica. De ahí las dudas, la necesidad de vivir desde la fe, de acercarse a la divina revelación en que se encierra la noticia cerca de Dios, de nuestra vida terrena y de nuestro futuro después de la muerte.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-146964324284960027?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/146964324284960027'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/146964324284960027'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2010/06/homilia-en-la-fiesta-de-san-juan.html' title='HOMILÍA EN LA FIESTA DE SAN JUAN  BAUTISTA'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-9052047889253158591</id><published>2010-06-24T12:07:00.000-07:00</published><updated>2010-06-24T12:14:36.821-07:00</updated><title type='text'>PRIMERAS VÍSPERAS DE CORPUS CHRISTI</title><content type='html'>Domingo, 6 de Junio de 2010&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos preparamos a celebrar con todo esplendor la festividad litúrgica del Cuerpo de Cristo. Fiesta de profundo arraigo popular, de cuya sensibilidad religiosa y profunda fe en el Santísimo Sacramento del Altar, nació y fue instituida por la Iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos los misterios del Señor son igualmente sorprendentes para nosotros. Todos exceden con creces la capacidad humana de comprensión. Todos ellos nos ponen ante la infinita grandeza de Dios, que aceptamos con humilde fe y con profunda gratitud, porque sabemos que son expresiones del inexplicable amor de Dios hacia nosotros, pecadores. Pero la consideración de que Dios mismo se haga presente en la tierra bajo las especies de pan y de vino, para acompañarnos en el peregrinar terreno hacia el encuentro definitivo con&lt;br /&gt;Él en la gloria, parece que concita en nosotros la mayor sorpresa y, al mismo tiempo, nuestra mayor devoción. De hecho, fue la piedad popular la que alcanzó el reconocimiento de esta devoción como certera, hasta establecerla como fiesta litúrgica de toda la Iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la Eucaristía, sacramento del Cuerpo y de la Sangre de Jesucristo, se afianza y crece la comunión entre los miembros del cuerpo místico de Cristo; y, con ello, se fortalece la vida de la Iglesia que es el cuerpo de Cristo presente y operante en la historia para extender la salvación a todas las gentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Según la enseñanza de Cristo, el que come la carne del Hijo del Hombre y bebe su sangre, habita en Él y da lugar, en su propia alma, a la íntima cercanía del Señor; porque llegando a nuestra alma, Cristo la convierte en templo de su grandeza. Grandeza que es, sobre todo, magnanimidad de amor universal. Por tanto, estando unidos a Él, quedamos unidos también a cuantos se unen a Él por la comunión de su Cuerpo sacramentado. Misterio éste que parece increíble desde que Cristo lo proclamase ante quienes le seguían. Pero, cuando el Señor toma posesión de nuestro espíritu al recibirle con fe en la Eucaristía, lo embarga de tal modo que lo configura consigo en adelante. Y, como fruto de esta configuración, ya no nos consideramos individuos aislados. Sino miembros de un mismo cuerpo, y hermanos de quienes comulgan como nosotros el cuerpo de Cristo hecho eucaristía. De hecho, un cristiano auténtico es necesariamente una persona eucarística, o no permanece ni vive como cristiano. Su fe se reduciría, en este caso, a una simple participación de un estilo superficial de vida, no personalizada ni realmente dispuesta a configurarse con Cristo, que es el principio y la razón de ser de la vida cristiana desde el bautismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si comulgamos el Cuerpo y la Sangre de Cristo, es Cristo mismo quien alienta nuestro espíritu hermanándolo con quienes participan del mismo Pan y del mismo Cáliz. Podemos decir, con toda seguridad, que la obra del Espíritu Santo en el Bautismo, por la que, siendo muchos miembros entramos a formar todos un mismo cuerpo, tiene como condición de permanencia, que todos participemos del mismo Pan. Por eso nos dice hoy S. Pablo, interpelando nuestra fe: “El cáliz de bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo?...”El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan” (1 Cor. 10, 16-17).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para que valoremos debidamente la obra de la Eucaristía en nosotros, es necesario que meditemos con frecuencia en este admirable misterio; y que volvamos una y otra vez a la lectura y contemplación de la palabra de Dios, que nos habla de la entrega de Cristo bajo las especies de pan y de vino. En ellas se encierra la maravillosa presencia de Cristo, y actúa la fuerza santificadora del Señor a través de los tiempos. Por eso podemos decir que la Eucaristía hace a la Iglesia, ya que ésta es el Cuerpo de Cristo que permanece íntimamente vinculado a nosotros, y activo salvíficamente a través de la historia. Vinculación íntima y personal con cada uno de nosotros que sólo la Eucaristía hace posible después que hemos sido constituidos miembros vivos de Cristo por el Bautismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta vinculación de Cristo con nosotros, convirtíéndose en pan del caminante como alimento de los hijos de Dios, manifiesta una vez más, y ahora de un modo que conmueve el alma, el amor de Dios a los hombres. Ante ello, el espíritu consciente y meditativo no puede menos que exclamar, con fe y emoción, haciendo propias las palabras que nos brinda hoy la antífona del Magníficat: “¡Qué bueno es, Señor, tu espíritu! Para demostrar a tus hijos tu ternura, les has dado un pan delicioso bajado del cielo, que colma de bienes a los hambrientos, y deja vacíos a los ricos hastiados”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Demos gracias a Dios que nos ha regalado el beneficio de su presencia sacramental entre nosotros; y que, al recibirle consciente y devotamente, reafirma nuestra fe, fortalece nuestra vida interior, alienta nuestra esperanza y anima nuestro esfuerzo, para que logremos crecer en nuestra identidad como hijos de Dios y miembros de la Iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUE ASÍ SEA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-9052047889253158591?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/9052047889253158591/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=9052047889253158591&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/9052047889253158591'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/9052047889253158591'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2010/06/primeras-visperas-de-corpus-christi.html' title='PRIMERAS VÍSPERAS DE CORPUS CHRISTI'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-7789678453488188176</id><published>2010-04-04T14:08:00.000-07:00</published><updated>2010-04-04T14:10:18.688-07:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN EL DOMINGO DE PASCUA 2010</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;Mis queridos hermanos sacerdotes &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_0"&gt;concelebrantes&lt;/span&gt; y diácono asistente,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;Queridos hermanos y hermanas todos, religiosas y seglares:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;¡Feliz Pascua de Resurrección!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;line-height: 150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;1.- ¡Qué gozosa celebración la del triunfo del Señor, que nos abre las puertas de su infinita &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_1"&gt;Misericordia&lt;/span&gt;, y nos invita a vivir en constante conversión. Por el triunfo de Cristo podemos abrir el alma a la esperanza en la felicidad eterna junto a Dios en los cielos! &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;line-height: 150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;El Domingo de Pascua es el primer Día del Señor para los cristianos después de la Institución de la Sagrada Eucaristía. La celebración de la Pascua del Señor nos convoca al gozo de poder beneficiarnos &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_2"&gt;directamente&lt;/span&gt; de los méritos de Jesucristo, en la medida en que nos vinculemos sinceramente a la celebración de la Santa Misa. En esta admirable acción sagrada, se hace presente para nosotros, a través de los tiempos, toda la fuerza salvadora de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo nuestro Señor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;line-height: 150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;Esto puede parecer poco real, a simple vista. La grandeza inimaginable que entraña la celebración litúrgica de los sagrados Misterios desborda nuestra inteligencia, y no siempre encuentra eco en nuestros sentimientos. Fácilmente puede &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_3"&gt;invadirnos&lt;/span&gt; la duda con estos interrogantes: ¿Cómo puede ocurrir que Dios se haga realmente presente entre nosotros, y obre para nosotros la aplicación de la gracia redentora? ¿Cómo puede ser que, lo que ocurrió hace dos mil años, acontezca ahora entre nosotros sin repetirse y sin que lo veamos ni lo podamos comprender con nuestra inteligencia limitada? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;line-height: 150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;2.- Sin embargo, a poco que meditemos o nos paremos a pensar en lo que nos reporta la Redención de Jesucristo, iremos descubriendo el fuerte realismo y la gran repercusión que estos sagrados Misterios tienen en nuestra vida. ¿No lo hemos descubierto, de alguna forma, al experimentar el gozo de ser perdonados plenamente en el Sacramento de la Penitencia? ¿No es suficiente muestra de la acción del Señor, entre nosotros y para nosotros, la paz interior que nos llena el alma cuando recibimos el Cuerpo de Cristo con verdadera unción y &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_4"&gt;recogimiento&lt;/span&gt;? ¿Podemos dudar de que el Señor actúa cerca de nosotros cuando sentimos el profundo consuelo que encontramos en la oración entretenida ante Jesús sacramentado? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;line-height: 150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;Claro está que, para que todo ello sea experiencia nuestra, es necesario vivir &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_5"&gt;coherentemente&lt;/span&gt; con el &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_6"&gt;Evangelio&lt;/span&gt;, y prepararnos debidamente mediante la recepción frecuente del sacramento de la Penitencia. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;line-height: 150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;Es necesario, también, que nos preparemos debidamente para la Sagrada Comunión, y que nos acerquemos a recibir el Pan de vida con la admiración que invade el espíritu cuando nos percatamos de lo &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_7"&gt;verdaderamente&lt;/span&gt; grande, sobrenatural y divino que contienen y realizan los Sacramentos de la Iglesia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;line-height: 150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;Es imprescindible, al mismo tiempo, que nos pongamos en actitud de oración y meditemos sobre el Misterio de Cristo. Esta es una muy buena ayuda para no sucumbir a la rutina o a la incorrecta distracción.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;line-height: 150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;Los misterios de Dios no son verdaderos porque nosotros los &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_8"&gt;comprendamos&lt;/span&gt;, o porque los descubramos con evidencia como fuente de gracia, sino porque Jesucristo los instituyó como acciones en el tiempo por las cuales Él mismo obra, en la Iglesia, para nosotros las salvación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;line-height: 150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;Es necesario ser asiduos en la oración, acudiendo a ella no solo como quien recurre a un medio para alcanzar determinados dones del Señor; sino, sobre todo, como quien se acerca a Dios Padre, que tiene derecho a tenernos cerca porque somos sus hijos, porque desea escucharnos y hablarnos. Él nos quiere &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_9"&gt;infinitamente&lt;/span&gt; y ha dado su vida para tenernos cerca de él y hacernos partícipes de su gloria.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;line-height: 150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;3.- Todo ello requiere fe. Y, para cultivar la fe recibida en el Bautismo, es necesario que entendamos que la misma fe es ya un obsequio que Dios nos infunde como una semilla cuyo desarrollo nos corresponde. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;line-height: 150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;La fe, que nos permite experimentar &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_10"&gt;vivencialmente&lt;/span&gt; cuanto venimos diciendo, es ya un misterio. Consiste en creer lo que no vemos, y en adherirnos de corazón a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, a Quien tampoco vemos, y cuya Trinidad de Personas en indestructible unidad fundamenta nuestra vida cristiana y nuestra capacidad de salvación. Creer en la Santísima Trinidad es condición indispensable para salvarnos como cristianos. De hecho, tanto la sagrada Liturgia como la piedad popular nos invitan a iniciar toda acción importante en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Al mismo tiempo, la Iglesia nos propone constantemente, como alabanza a Dios, decir con devoción: “Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;line-height: 150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;4.- Pues bien: todo esto sería imposible en nosotros, si Cristo no nos hubiera redimido. Su misma redención podría parecernos mera promesa incumplida, si después de la muerte redentora, Cristo no hubiera resucitado. Pero como Jesucristo ha resucitado, lo que parece imposible es plenamente cierto para los que creemos, para los que gozamos del inmenso don de la fe. Por tanto, podemos y debemos buscar, como lo más importante de nuestra existencia, aquello que el Señor nos depara como dones divinos. Sólo aprovechándolos debidamente podremos &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_11"&gt;lograr&lt;/span&gt; el disfrute eterno de su gloria en los cielos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;line-height: 150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;Esto es lo que da sentido a nuestra existencia, a la vida y a la muerte, al dolor y a las alegrías, al trabajo y a la relación con las personas, a la salud y a la enfermedad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;line-height: 150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;Esto es lo que nos permite vivir con entereza los momentos y los trances difíciles; y ofrecer a Dios, unidos a la Cruz de Cristo, todo lo que somos y tenemos, todo lo que hacemos y todo lo que nos acontece.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;line-height: 150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;5.- La resurrección del Señor es un hecho cierto, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_12"&gt;verdaderamente&lt;/span&gt; acontecido en el tiempo. La Secuencia que acabamos de escuchar canta a la resurrección del Señor, diciendo: &lt;i&gt;“Lucharon vida y muerte / en singular batalla, / y, muerto el que es la Vida / triunfante se levanta”. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;line-height: 150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;A nosotros corresponde, movidos por la fe, elevar nuestra súplica al Todopoderoso, con las misma palabras de la Secuencia, que termina diciendo: “Rey vencedor, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_13"&gt;apiádate&lt;/span&gt; / de la miseria humana / y da a tus fieles parte / en tu victoria santa”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;line-height: 150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;QUE ASÍ SEA&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-7789678453488188176?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/7789678453488188176/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=7789678453488188176&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/7789678453488188176'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/7789678453488188176'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2010/04/homilia-en-el-domingo-de-pascua-2010.html' title='HOMILÍA EN EL DOMINGO DE PASCUA 2010'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-6395725804447723087</id><published>2010-04-03T15:59:00.000-07:00</published><updated>2010-04-04T14:08:08.073-07:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN LA CELEBRACIÓN DE LA VIGILIA PASCUAL (2010)</title><content type='html'>&lt;p style="PAGE-BREAK-AFTER: avoid; TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-INDENT: 1cm; MARGIN-BOTTOM: 6pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="line-height: 36px; font-size:-webkit-xxx-large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;div class="post-body entry-content"&gt; &lt;p style="PAGE-BREAK-AFTER: avoid; TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-INDENT: 1cm; MARGIN-BOTTOM: 6pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;Queridos hermanos sacerdotes concelebrantes y diácono asistente,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;Queridos hermanos todos, seminaristas, religiosas y seglares:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;            &lt;/span&gt;1.- El gozo que la Iglesia ha proclamado en el Pregón Pascual, es el gozo interior que invade el alma creyente al contemplar la resurrección de Jesucristo nuestro Señor, vencedor del pecado y de la muerte.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;            &lt;/span&gt;Puede que ese gozo no llegue a conmover nuestros sentimientos. En verdad, el gozo que se percibe por la fe, no es necesariamente emotivo, sino interior, sereno y permanente. Es el gozo que sigue al convencimiento de que hemos sido salvados; y de que, a pesar de nuestros pecados pasados, presentes y posiblemente futuros, el triunfo de Cristo nos asegura la vida eterna siempre que anide en nosotros el propósito firme de una constante conversión. Es más: la Resurrección de Jesucristo potencia en nosotros el ánimo de permanecer en espíritu de conversión.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;            &lt;/span&gt;2.- La Resurrección de Jesucristo es, pues, la razón que da consistencia a nuestra fe, y el hecho que afianza en nosotros la esperanza contra toda esperanza. La resurrección de Jesucristo da sentido a la Iglesia, y la capacita desde ese momento, para transmitir el mensaje evangélico con la certeza de ver cumplida la promesa de Cristo. Con su resurrección, Cristo nuestro salvador garantiza la veracidad de su predicación, y manifiesta el sentido salvífico de su muerte en la Cruz. Por eso, la Santa Madre Iglesia canta: &lt;i&gt;“En verdad es justo y necesario aclamar con nuestras voces y con todo el afecto del corazón a Dios invisible, al Padre todopoderoso, y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo”&lt;/i&gt; (Pregón P.).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;line-height: 150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;Es Jesucristo quien ha logrado, con su entrega obediente e incondicional al Padre que le envió para salvarnos, que la muerte se convierta en fuente de vida; que la pasión sea sacrificio que llegue a la presencia del Padre como ofrenda de suave olor; y que el sinsentido de una vida abocada a la muerte definitiva por el pecado, se convierta en escenario donde cumplamos con fidelidad a Dios, el papel que con su vocación, ha señalado para cada uno.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;            &lt;/span&gt;3.- Ante semejante maravilla, obrada por el amor misericordioso de Dios, no podemos menos que exclamar con himnos de acción de gracias, unidos a toda la Iglesia. En esta noche santa, clara como el día, el Nuevo Pueblo de Dios proclama, con grandísima alegría, que la diestra del Señor es poderosa. La diestra del Señor es excelsa, porque ha convertido en piedra angular a la piedra que desecharon los pretenciosos arquitectos desconocedores de los planes escondidos desde los siglos en Dios. La piedra angular, que es Jesucristo resucitado y glorioso, sostiene la vida entera de los que creen en Él; y la orienta hacia la eternidad feliz junto a la Santísima Trinidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;line-height: 150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;La Luz de Cristo, significada en el Cirio Pascual, presidirá las acciones litúrgicas a lo largo del tiempo Pascual, y acompañará durante el Bautismo a quienes acceden a recibir las aguas de la purificación y de la incorporación a la Iglesia como hijos adoptivos de Dios. San Pablo nos enseña que &lt;i&gt;“Por el Bautismo fuimos incorporados con Cristo en la muerte, `para que así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria de su Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva”&lt;/i&gt; (Rom, 6, 3-4). Por eso tiene tanta importancia el rito bautismal en esta solemne vigilia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;            &lt;/span&gt;4.- Este es el día en que los catecúmenos accedían al sacramento del Bautismo. Este es el día en que todos renovamos, haciéndolas nuestras, las promesas que, responsabilizándose de nuestra educación cristiana, hicieron por nosotros quienes pidieron para nosotros el Bautismo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;            &lt;/span&gt;Al acercarnos a la Sagrada Eucaristía, fuente y cumbre de la vida cristiana y de la fuerza salvadora de todos los sacramentos, pidamos al Señor permanecer fieles a las promesas bautismales que hemos renovado. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;line-height: 150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;Supliquemos al Padre de las Misericordias que mantenga vivo en nosotros el ánimo de conversión para ser capaces de morir con Cristo cada día y abrirnos a la vida nueva que él inauguró con su muerte y resurrección. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;            &lt;/span&gt;Demos gracias al Señor porque en la reiteración de los tiempos litúrgicos nos permite meditar los Misterios del Señor, celebrar su muerte y resurrección, y gozar de la alegría de la Pascua que nos anuncia que también nosotros resucitaremos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;            &lt;/span&gt;Y, al acercarnos a recibir en la sagrada Comunión el Cuerpo glorioso de Cristo, muerto y resucitado, invoquemos de su infinita bondad la gracia de vivir con Él en la tierra, para gozar de su eterna compañía en los cielos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:2"&gt;                        &lt;/span&gt;QUE ASÍ SEA&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt; &lt;div style="CLEAR: both"&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3071227600196885736-6395725804447723087?l=amb-arzobispo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/feeds/6395725804447723087/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3071227600196885736&amp;postID=6395725804447723087&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/6395725804447723087'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3071227600196885736/posts/default/6395725804447723087'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://amb-arzobispo.blogspot.com/2010/04/homilia-en-la-celebracion-de-la-vigilia.html' title='HOMILÍA EN LA CELEBRACIÓN DE LA VIGILIA PASCUAL (2010)'/><author><name>+ Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3071227600196885736.post-7780560857233944458</id><published>2010-04-03T15:57:00.000-07:00</published><updated>2010-04-03T15:58:30.633-07:00</updated><title type='text'>HOMILÍA EN EL VIERNES SANTO</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;"&gt;Queridos hermanos sacerdotes y diácono asistente, &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;"&gt;Queridos &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_0"&gt;seminaristas&lt;/span&gt;, religiosas y seglares:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;            &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;line-height: 150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;"&gt;La liturgia del Viernes santo nos pone crudamente ante el misterio de nuestra redención. La celebración de ese Misterio de salvación sorprende nuestra inteligencia, porque nos presenta la muerte del justo como la fuente de vida para los pecadores.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;line-height: 150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;"&gt;En verdad, Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, muere en la cruz entregándose como ofrenda plena al Padre. Con ello expresa hasta qué punto debe ser obedecido y honrado el Señor de cielos y tierra, principio y fin de toda existencia, y fuente de vida eterna. Obedeciendo y honrando a Dios, fuente de vida porque es la
